Amores asesinos
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7.6

TÍTULO ORIGINAL: Kill Your Darlings

AÑO: 2013

DURACIÓN: 104 min.

GÉNERO: Drama, Biografía, Romance

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: John Krokidas

ESTRELLAS: Daniel Radcliffe, Dane DeHaan, Michael C. Hall, Jennifer Jason Leigh

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura” 

Principios de los años 40, en el entorno represivo que se vivía en la segunda guerra mundial, las nuevas generaciones intentan entrar en grandes universidades de renombre. Sin llamar mucho la atención y siguiendo las estrictas normas de conducta que les han sido impuestas, luchan por ser los mejores de su clase y pertenecer a los clubs más selectos, ya que todo está institucionalizado y si no eres parte de la solución, entonces eres parte del problema. Sin embargo, un grupo de jóvenes mira con indiferencia los cuadros que cuelgan de las paredes del campus, en los que aparecen los sonrientes rostros de los héroes universitarios, el orgullo de la nación, mientras prometen que nunca pertenecerán a uno de esos organismos capitalistas. Jóvenes que ya son miembros de su propio club donde la entrada es mucho más restringida que la de cualquier otro, un círculo de erudición admirable y dispuesto a cambiar el mundo o, al menos, la concepción que se tiene de él, un círculo que abre paso a la llamada “Beat Generation”.

Lucien Carr, un líder nato, fue el encargado de reunir a las mentes liberales más brillantes para escribir la idea que corría, sin forma, por su imaginación. Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William Burroughs llevaron su inconformismo al papel en forma de poemas y manifiestos que instaban a un levantamiento contra la opresión. La inhibición sexual, el alcohol y, sobre todo, las drogas como herramienta para la exploración de aquellas partes del cerebro a las que, por lo general, tenemos el acceso restringido, dieron como resultado algunas de las obras de la literatura más grandes de la contracultura americana, como el poema Howl (Aullido), del propio Ginsberg, con cuyo verso inicial comenzábamos el presente artículo y que fue concebido bajo los efectos del peyote.

Kill Your Darlings (Poster) Distinta MiradaEl desenlace, las obras, los futuros movimientos que surgieron a partir de esta revolución son de sobra conocidos, sin embargo el inicio, los adolescentes que había detrás de esos futuros genios, es lo que le ha interesado al joven director John Krokidas para llevar a cabo este proyecto en el que, con la ayuda de la directora de fotografía Reed Morano, consigue plasmar perfectamente la brillantez de aquellas mentes adelantadas a su tiempo. Intelectuales que no sólo se enfrentaron a la ineptitud del sistema contra el que luchaban, sino también a su propio autocontrol, dando como resultado un tremendo caos mental que se reflejó en lo desquiciado de su comportamiento y originó  algunos de los casos más escabrosos y sonados de la historia de la literatura norteamericana, como por ejemplo, el asesinato cometido por Burroughs de su propia esposa mientras jugaban con una manzana a lo Guillermo Tell, que apareció narrado de forma autobiográfica en su aclamada novela El almuerzo desnudo, llevada posteriormente a la gran pantalla en la genial y psicodélica adaptación homónima de David Cronenberg; o, como ocurre con en la cinta que nos ocupa, el asesinato pasional de David Kammerer a manos de Lucien Carr, con el que comienza la película.

La historia, que se centra en los hechos que precedieron a dicho crimen, arranca con un jovencísimo Allen Ginsberg en el momento en el que abandona la casa en la que vive con su inestable familia, para comenzar su nueva vida en la universidad de Columbia. Ahí es donde conocerá a Lucien y éste le presentará al resto de la banda, dando lugar al comienzo de las relaciones entre los escritores, siempre unidos por el mismo nexo: el apuesto y encantador Carr, una de las mentes más creativas del movimiento pero que, a diferencia de sus compañeros, no destacaba por su excelencia en el campo de las letras. La alianza formada desembocó en un acto de desobediencia que desafió al obsoleto sistema educativo ultraconservador establecido.

El problema es que cuando se habla de algo de proporciones tan grandes, es muy fácil que el medio por el que nos llega esa genial historia no dé la talla y, en efecto, algo le falta a esta película. Una de las mayores trabas que encontramos es la cantidad de rostros conocidos que aparecen, por ejemplo, Daniel Radcliffe, que lidera el reparto con una actuación bastante aceptable, ya no sabe que más hacer para quitarse de encima la sombra de Harry Potter, algo que compromete demasiado la valoración de su actuación y el visionado de la cinta en general. Casos similares son el de Michael C. Hall, al que tenemos encasillado en el papel de Dexter o David Fisher en A dos metros bajo tierra, o Jack Huston como Richard Harrow en Boardwalk Empire. Sin embargo rostros menos conocidos como el de Dane DeHaan o Ben Foster, que acostumbran a no llamar tanto la atención con ninguno de sus papeles, consiguen lo mejor del apartado interpretativo con una actuación digna de reconocimiento, lo que nos hace pensar que el resultado hubiera sido más satisfactorio con intérpretes desconocidos. El guion, escrito por el propio Krokidas, deja ciertos detalles de calidad, sobre todo cuando mezcla algunas de las citas más importantes de los protagonistas con las de los escritores que les influyeron, como Walt Whitman o W.B. Yeats, pero pierde fuerza en momentos en los que el ritmo narrativo exige un diálogo más fluido.

Un filme que, sólo por el hecho de recordar la historia que cuenta, hace que valga la pena pagar el precio de la entrada. Literatos incomprendidos, experimentación con drogas, opresión social ante lo diferente, estos precursores de la Generación Beat no lo tuvieron nada fácil desde el comienzo. Sus acaloradas críticas antisistema y su explícito vocabulario les cerraron muchas puertas, puertas que ellos mismos fueron derribando a patadas.

Krokidas nos sitúa ante un fenómeno social, cultural y literario de magnitudes descomunales, nos sumerge en aquella explosión de elocuencia de la mano de artistas que llevaron a otro nivel el término vanguardista, que supieron tocar las teclas necesarias para que posteriores generaciones siguieran con los principios que ellos habían escrito con el sudor de su frente, la tinta de sus plumas o, en su defecto, la sangre de sus manos.

 

Sobre El Autor

Alberto Sáez V.
Colaborador (Irlanda)

Colaborador para Distinta Mirada desde Dublín, Irlanda

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