Another Round
Andrés Quintero7.5
LO MEJOR
  • Mads Mikkelsen y también sus tres coequiperos
  • Su inteligente neutralidad
  • La credibilidad que logra su austeridad
LO MALO
  • Quizás algún desliz hacia el enganche emocional
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL: Druk

OTROS TÍTULOS: Una ronda más / Otra ronda / Drunk

AÑO: 2020

DURACIÓN: 1 hora 57 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Dinamarca

DIRECTOR:  Thomas Vinterberg

ESTRELLAS: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang, Lars Ranthe

Antes de los estragos del exceso, el alcohol suele generar un impreciso y cambiante efecto que entremezcla serenidad, sensibilidad, locuacidad y seguridad.  Siendo así, se preguntan unos amigos acosados por los demonios otoñales, por qué no experimentar una permanente y controlada beodez que saque de ellos su mejor faceta y los convierta en esos, aparentemente, mejores seres humanos ante su entorno social y familiar y, de paso, ante sí mismos?

De tan humano como insensato experimento trata Otra ronda, la película del directo danés Thomas Vinterberg. En este caso los necesitados del cimbronazo existencial son cuatro amigos, profesores todos ellos, que empiezan a enfrentarse, sin avizorar respuesta alguna, a esas preguntas amargas sobre sus logros y fracasos, sobre el sentido de sus vidas. Quizás con ese alegre desdén que nos regala un poco de alcohol en la sangre, esas preguntas terminen disolviéndose en el aire o, al menos, postergándose por unos días.

Así descrita, la historia que le sirve de eje narrativo  a Otra ronda, tenía toda la madera para tallar con ella una rescatable comedia con apuntes sarcásticos e inteligentes o para armar un insoportable drama  plagado de lecciones, condenas y moralejas.  Pero Vinterberg, afortunadamente, no se prestó ni para lo uno, ni para lo otro.  Optó en cambio, apartándose de su tradicional y más denso tono, por un relato que rebota entre escenas  risibles y sensibles y otras, a veces amargas, a veces esperanzadas.

Al igual que muchas otras películas de europa del norte, Otra ronda se asoma a ese hastío que va instalándose en comunidades que sin mayores lujos acceden a unas condiciones básicas de confort y asistencia. Sistemas tan justos y equitativos como acartonados y fríos que le han ido quitando a la gente, desde muy temprano, ingenio y creatividad. Con lo necesario asegurado, el ser humano busca escapes, fuentes de vitalidad y es entonces cuando el alcohol, con sus espejismos, entra en escena.

Podrá decirse, no sin razón, que la película de Vinterberg tiene algo de complacencia y que apeló al enganche fácil de la emoción en lugar de ahondar en el drama de lo que es, sin eufemismos, una enfermedad devastadora. Pero también puede decirse, a mi juicio con más razón, que Otra ronda tiene la profundidad necesaria para no generar sensaciones de hundimiento y la superficialidad inteligente para que su humor no se pierda en banalidades efímeras. Al final el balance es, más que satisfactorio, demostrativo de una historia muy bien llevada que en la mesa de apuestas le mete todas las fichas a contar, no a cuestionar ni, muchos menos, a enseñar.

Mención aparte merece su cuarteto protagónico. Todos, en lo suyo, transmiten una sinceridad que emana de lo cotidiano de sus personajes. Ni héroes, ni villanos.  Personas del común que pasan sus vidas, ya no tras ideales de felicidad pero sí, al menos, en procura de un doméstico bienestar. En este aspecto, la estética – y también la ética –   del cine nórdico es, por sobria y seca, contundente. No se trata, como estamos mal acostumbrados, de caracterizaciones extremas que bordean la exageración, cuando no la caricatura. En Otra ronda, por diversas y ajenas que parezcan las circunstancias de esto cuatro amigotes, hay una sensación de proximidad y empatía que el espectador siente con sus protagonistas. Demás no está decir, como ya tantas veces se ha dicho, que la actuación de Mikkelsen es sencillamente magistral.  Grande entre los grandes.

Cuando uno apaga el computador – antes escribíamos, cuando la luz se enciende –   pareciera quedar  rondando en el aire la pregunta de si Otra ronda termina, cualquiera sea su tono,  condenando el trago,  elogiándolo o, quizás, llamando a su moderado consumo.  Y si fuera verdad que tal pregunta queda, la respuesta no puede ser otra que todas las anteriores y, a la vez, ninguna de ellas.