Slalom
Andres Quintero6.5
LO MEJOR
  • La actuación de Noée Abita
  • La efectividad en el manejo de lo emocional y de lo sensorial
LO MALO
  • Proponiéndose lo contrario, el maniqueísmo de su planteamiento
  • Un guion que no se desliza tan bien como sí lo hace su protagonista cuando esquía en la nieve
6.5Aceptable

TÍTULO ORIGINAL: Slalom

OTROS TÍUTLOS: Al límite 

AÑO: 2020

DURACIÓN: 1 hora 32 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Francia

DIRECTORA:   Charlene Favier

ESTRELLAS: Noée Abita, Jérémie Rénier, Catherine Marchal

 Incómoda es el adjetivo que primero se me viene a la cabeza para referirme a Slalom, la película de la directora y guionista francesa Charlene Favier. Lyz López (Noée Abita) es una adolescente con un enorme talento para el esquí competitivo en la nieve.  A sus escasos quince años, el sueño de un podio olímpico se instala en su cuerpo y empieza, junto con lo connatural de esa edad,  a convulsionarlo todo. Contribuye de manera significativa a esa suerte de eclosión, la entrada en escena de Fred (Jérémie Remier), su entrenador.  Así como la joven se empecina con sus triunfos tempranos, así también, y más, se obsesiona Fred con su pupila.

Lo que pudo ser – y afortunadamente no se limitó a ser –  una historia plana y predecible de esfuerzo y triunfo a lo Hollywood, se fue por el camino espinoso de revelar, sin juzgar afirma su directora, las emociones y sensaciones de dos seres, en momentos muy distintos, que el destino reúne.

Sin el soporte de una familia que la siga y acompañe,  Lyz se ve de pronto aventada a un mundo competitivo donde arrasas o te arrasan. Su único referente es su entrenador, pero lejos de la claridad que de él hubiera podido esperarse, lo que esparce sobre el mundo titubeante de Lyz es ambigüedad y confusión. Sentimientos cruzados que se agolpan y que, en semejantes circunstancias, al final no pueden hacer otra que golpear a quienes los albergan.

Slalom incomoda a cualquiera –  de seguro es ese su objetivo deliberado – porque la relación asimétrica entre una niña talentosa pero frágil y su entrenador agresivo y déspota, automáticamente pone al espectador a favor de la primera y en contra del segundo. Por más que el guion de Favier se empeñe en mostrar sin juzgar y en declararse no maniqueísta, resulta imposible no condenar la actitud y las conductas de quien tiene, en esta amorfa relación,  una clara posición de dominio.

Decir que una película es incómoda o incomoda, no es lo mismo que decir que sea mala.  Puede ser que la incomodidad la provoque la reacción que genera su tema o la condición a la que sus protagonistas se vean expuestos. Si lo uno y/o lo otro se muestran de manera adecuada y creíble, la incomodidad termina siendo parte de todo un engranaje narrativo que se sirve de esa sensación para asegurar la efectividad de su mensaje.

Dicho lo anterior, sí debo decir que, a mi juicio,  la incomodidad de Slalom no va atada a su calidad. De entrada su planteamiento y, en particular, el de la relación alumna/entrenador, me parece forzado, quiero decir,  artificialmente dispuesto para ir elaborando sobre él una atmósfera tóxica que sirva de altoparlante para las execrables conductas de abuso que suelen darse, entre otros muchos ámbitos, en los círculos deportivos. Si el propósito de la Favier era denunciar, debió hacerlo de una manera más directa y no con un relato eufemístico trajeado de ambigüedades y culpas difusas en la que el involucramiento de estos dos personajes se me antoja, por artificioso, un tanto provocador y exhibicionista.

Sirviéndose con cierto efectismo de los blanquísimos paisajes invernales y apoyada en unas actuaciones convincentes y sólidas , en especial la de Noée Abita,  Slalom termina no siendo ni la historia, esforzada y emotiva, de una joven deportista ni, tampoco,  un relato estructurado y sólido de una relación asimétrica en la que se entrecruzan sentimientos, anhelos y culpas.  Es esa quedada a mitad de camino la que provoca la incomodidad a la que me refiero, más parecida quizás a un sabor amargo que no encuentra en los restantes elementos de la película, material suficiente para contrarrestarlo  y dejar al final, permítaseme la metáfora  gastronómica, un buen final en boca.

 

 

Sobre El Autor

Dirección Distinta Mirada

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