Nunca, rara vez, a veces, siempre
Andrés Quintero7.5
LO MEJOR
  • Su rotunda naturalidad
  • Las actuaciones de Flanigan y Ryder
  • El binomio cercanía/lejanía de su cámara
LO MALO
  • En algún punto, el decaimiento de su ritmo
  • Para algunos, el maniqueísmo al abordar el tema de género
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL: Never, rarely, sometimes, always

AÑO: 2020

DURACIÓN: 1 hora 41 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Eliza Hittman

ESTRELLAS: Sidney Flanigan, Talia Ryder, Théodore Pellerin, Ryan Eggold, Sharon Van Etten, Drew Seltzer

Si las películas fueran, y solo fueran, las historias que en ellas se cuentan, Nunca, rara vez, a veces, siempre no sería más que el viaje que dos primas hacen de Pennsylvania a Nueva York para que una de ellas pueda abortar.

En la película de la directora Eliza Hittman el controversial tema del aborto no es usado para ni para apologías, ni para diatribas, ni para himnos feministas o moralistas, ni, tampoco, para exploraciones sicológicas en esa convulsión que provoca el saber, queriéndola o no, que una vida, o un germen de ella, se aloja en la barriga.

Hittman se desentiende de todas esas posibilidades narrativas y se limita, deshaciéndose a la vez de todos los límites que el tratamiento del tema suele imponer,  a mirar de muy cerca a Autumn (Sidney Flanigan), una joven hermética e introvertida de la que solo se sabe, fría y escuetamente, que ha tomado la decisión de abortar.

El poder de Nunca, rara vez, a veces, siempreestá en su contención, en su manifiesta renuncia a distorsionar una situación con visiones y valoraciones  subjetivas. Lo que se propuso y efectivamente logró Hittman, fue un acercamiento –  nunca una intromisión, nunca un juzgamiento –  a un momento de vida; un acercamiento  que no indaga por nada, que se limita a  sentarse en el asiento trasero de ese bus en el que viajan las primas y  por cuyas ventanas aparecen, de pronto, los rascacielos de Manhattan.

Pero tan seca y distante postura no es indiferencia, es, por el contrario, comprensión y solidaridad. El que a la historia de Nunca, rara vez, a veces, siempre no se la aderece con detalles circunstanciales, con juicios o con desenlaces emocionales, no quiere decir que sea un relato soso y plano o un encadenamiento hueco de sucesos.

Sidney Flanigan stars as 17-year-old Autumn in Never Rarely Sometimes Always.

Todo lo contrario. Frente a la pantalla el espectador siente, incluso resiente, la dureza la situación. Es como si lo poco o nada que le dicen, lo mínimo que llega a saber, abriera un espacio gigante de comprensión e, incluso, de compenetración con esta mujer cuyo cataclismo interior apenas si asoma en ese par de lágrimas que, en una circunstancia extrema,  Autunm ya no pudo contener.

Con una fotografía que acompaña muy bien la corta pero a la vez honda travesía de estas viajeras, con una manejo de cámara que se acerca obsesivamente a sus rostros inexpresivos y, resaltándolas, con unas actuaciones tan buenas que no parecen tales,  Nunca, rara vez, a veces, siempre , en su casi mudez, un lenguaje honesto y directo.

Algunos le han criticado a Nunca, rara vez, a veces, siempre  maniqueísmo de su planteamiento. Dicen, quienes con este argumento  la descalifican, que en su manera de presentar la historia, los hombres son siempre unos seres burdos y primarios, obsesionados con el sexo e incapaces de cualquier tipo de sensibilidad o trascendencia. Las mujeres, por el contrario y como consecuencia de lo anterior, representan la bondad, la solidaridad y el dolor derivado de un tratamiento injusto  y discriminatorio.  Tan equivocada y reduccionista presentación, concluyen estos críticos, le quita valor a la película y la relegan al estante del discurso, uno más,  anti machista.

Injusta e infundada crítica porque Hittman ni victimiza a la mujer, ni señala como victimario al hombre.  Lo que hace la película no es más que a acompañar a este par de mujeres en un viaje que entremezcla vacío, dolor y sinsentido. No hay, como  es usual o al menos frecuente en las películas de carretera,  un recorrido lleno de contenido y vivencias. El de Nunca, rara vez, a veces, siempre es un viaje indeseado y corto en el que una mujer no sabe bien a qué se enfrenta y qué la espera.

La cámara de Hittman solo acompaña la perplejidad de una mujer que no sabe bien lo que le acontece o,  mejor, el porqué eso le acontece. Es como si Autunm presenciara desde fuera una condición que no es la suya y como si ese distanciamiento casi le permitiera,  en un viaje relámpago, borrar por siempre un episodio ingrato. Queda sin embargo la sensación de que un tal olvido es y será por siempre imposible.

Autunm y Sid (Talia Ryder) no son ningunas princesas; lo suyo no es encarnar esa malentendida feminidad de sedas y rosas. Son seres humanos y como tales, complejos e indescifrables.  Lo que muestra Nunca, rara vez, a veces, siempre es la constatación, cruel e indiscutible, de que en el reparto de roles y condiciones entre géneros, las mujeres cargan con fardos más pesados que los hombres.  Ha de ser, quisiera uno creer, que el inequitativo reparto se debe al coraje y valentía de las mujeres pero es al contrario: se han vuelto fuertes y resistentes, no sin uno que otro reproche y  no sin una que otra  y justa rabia, por haberles tocado, sin duda,  la parte difícil de la tarea.

En una escena Sid le pregunta a Autunm  si a veces no ha deseado ser hombre y ella, abatida, le contesta: más de una vez.