El misterio de Soho
Humberto Santana5
LO MEJOR
  • Su música
  • La ambientación del Soho londinense de los años sesentas
LO MALO
  • Lo vago e insípido de su argumento
5Regular

TÍTULO ORIGINAL: Last Night in Soho

AÑO: 2021

DURACIÓN: 1 hora 56 minutos

GÉNERO: Misterio, Drama, Horror

PAÍS: Reino Unido

DIRECTOR:  Edgar Wright

ESTRELLAS: Thomasin McKenzie, Anya Taylor-Joy, Diana Rigg, Matt Smith

 

Last Night in Soho es una de las películas más esperadas para el año. Su director Edgar Wright ha sido catalogado como uno de los más prometedores del momento, uno con el potencial de entrar a la lista de los grandes, aquellos con un sello característico, único y reconocible. Pero si bien esto de lo «característico» tiene elementos claros, también hay quienes dicen que para fundamentarlo todo hace falta un aporte de calidad artística más determinante. Tal vez su lugar como gran director de películas de culto sea más seguro. Es probablemente una de esas cosas que el tiempo dirá. Por ahora, lo cierto es que sus películas generan amores y desamores, y a partir de ellos cierta polémica, lo cual -por si sólo- ya es ganancia para el cine. El misterio de Soho no es la excepción.

 

 

Eloise (Thomasin McKenzie), huérfana que ha vivido siempre con su abuela en la campiña británica, gana una beca para estudiar en Londres su gran pasión, el diseño de modas. Ridiculizada por sus compañeras, abandona los dormitorios universitarios y se muda a un pequeño artamento en Soho, tal como ella lo hubiere imaginado, perfectamente acorde con su obsesión por los años sesentas; como si no lo hubiesen tocado en todos estos años. La estricta pero maternal Ms. Collins (Diana Rigg *), dueña del apartamento y quien vive en el primer piso, parece también encapsulada por el tiempo en aquella construcción del centro de Londres.

 

 

Eloise empieza a soñar en sus noches allí con una serie de personajes que se repiten, en especial con Sandie (Anya Taylor-Joy), una actriz y cantante con la ambición de triunfar precisamente en los años sesentas. Los permanentes sueños empiezan a desvelar el misterio de su aparente muerte, con diferentes personajes masculinos rodeándola. Los sueños empiezan a convertirse en visiones, y éstas empiezan a suceder permanentemente, fusionando realidad y ficción, al punto que Eloise empieza a tomar elementos del aspecto y personalidad de Sandie. La historia de Eloise pasa a un plano irrelevante y la película se vuelca sobre el misterio que rodea a Sandie.

 

 

Uno de los aspectos más placenteros de la película es su recreación de la Londres de los sesentas. El color, la atmósfera que logra es visualmente muy atractiva, pero por encima de esto tiene la capacidad de transportar, aprovechando plenamente este super poder del cine. De la mano va una banda sonora omnipresente, compuesta por consagradas producciones de la época, incluyendo a Petula Clark, Dusty Springfield y The Kinks, entre otros. Al igual que en Baby Driver, Wright imprime especial relevancia a su selección musical.

 

 

Pero toda esta amalgama sensorial tan atrayente conlleva también una percepción permanente de vacío, de ligereza, de falta de propósito (o peor aún, de que su propósito es más bien superfluo). El argumento en general es demasiado vago como para generar un interés profundo; es difícil discernir si es intencionalmente ingenuo, o si simplemente se queda corto. Cierta repetitividad deja la sensación de que la cinta tiene al menos treinta minutos de más.

Lo que es innegable, es que allí están presentes y son reconocibles aquellos elementos que caracterizan las películas Wright, aquellos que sus admiradores aplauden, sea en Shaun of the Dead o en Baby Driver. Quizás la idea sea abordarla como una de esas obras de arte en las que hay que abandonar demasiada racionalidad para dejarse llevar y disfrutar. El director, un confeso amante de las B-movies, (hace pensar en Tarantino… o algo así como en los chefs que genuina y justificadamente aman cierta comida chatarra), claramente quiere aplanar elementos para resaltar otros. La pregunta es si el resultado es positivo o no. La respuesta probablemente será menos universal que otras veces, absolutamente personal y subjetiva.

 

 

(*)

Diana Rigg es, dentro de sus muchos papeles, Olenna Tyrell en Game of Thrones y la inolvidable Señora Peel de Los vengadores. Last Night in Soho terminó siendo su última película, aportando carácter y, desde el punto de vista de un fan nostálgico, sobresaliendo dentro de un elenco femenino de por sí talentoso.

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Dirección Distinta Mirada

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