El Limpiaparabrisas
Andrés Quintero8
LO MEJOR
  • La unidad que logra entre elementos aparentemente imposibles de unir
  • Su estética, transgresora y poética a la vez
  • La ausencia de príncipes y princesas
8Buena

TÍTULO ORIGINAL: The Windshield Wisper

AÑO: 2021

DURACIÓN: 15 minutos

GÉNERO:  Animación

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Alberto Mielgo

En sus ya varios años de vida nunca las páginas de Distinta Mirada se han abierto para darle cabida a una nota de un cortometraje. Razones de esta exclusión hay varias pero hoy me parece una marginación injustificada y lamentable. Pero bueno, nunca es tarde – o casi nunca lo es – para enmendar fallas y rectificar caminos y que mejor oportunidad para darle la bienvenida a este género, que escribir sobre el reciente ganador del Oscar a mejor cortometraje de ficción animado.  Estoy hablándoles de The Windshield Wiper, traducido al español como El limpiaparabrisas.

Con guion, dirección y música del español Alberto Mielgo, El limpiaparabrisas es un corto que se desmarca de principio a fin de esa idea según la cual todo lo que sea animado debe ir asociado a estéticas y narrativas seudoinfantiles cargadas de edificantes moralejas. Felizmente y hace ya un buen tiempo, la animación se salió de ese estrecho cajón e incursionó por otros caminos, a veces oscuros, a veces estrechos y, como la vida misma, no pocas veces acongojados.

El limpiaparabrisas es un collage de recortes o viñetas que intentan, conscientes de la imposibilidad de tal logro, dar respuesta al clásico interrogante de qué es el amor.  Un hombre cualquiera, en un café cualquiera, va dando cuenta, a punto de parsimoniosas caladas, de su cajetilla de cigarrillos. Capta, a fragmentos, las conversaciones de quienes le rodean percatándose como en todas ellas, por su revés o su envés, siempre sale a flote la eterna pregunta.

Durante los quince minutos de su duración desfilan por la pantalla seres dibujados cuya evidente ficción los aproxima paradójicamente a la realidad. Las circunstancias que los rodean, las ciudades/soledades que los encierran, los mares inmensos que anhelan, los maniquies de las  vitrinas lujosas que les coquetean y la lluvia que se apodera de los pétalos del ramo de flores que no llega a entregar el enamorado, todos ellos apuntan hacia ese blanco descentrado llamado, mejor término no se ha inventado, amor.

Amores imperfectos que dejan en la vera del camino el romanticismo y se adentran sin tapujos y sin tabúes en el mundo diverso y convulso del relacionamiento con el otro. Sea en la selva de edificios, en el refrigerador del supermercado, en el caleidoscopio de los avisos luminosos o en el ascensor que va cerrándose,  un opresivo y bello sentimiento de soledad lo atraviesa todo.

El acierto narrativo de Mielgo consiste en no contar historias, en dejar que el espectador las construya a partir de unas imágenes que se limitan a sugerir, a simplemente insinuar .  Para el espectador,  el efecto, visualmente cautivador, se parece a estar viendo una desconocida colección de cuadros de Hopper.

El trabajo de Alberto Mielgo es fascinante pero lo es, no con el artilugio cautivador de la animación tradicional, sino con una visión muy personal expresada con una estética excepcional y mediante la aproximación, inacabada y desoladora, a un ser humano que intenta buscarse en la pantalla cambiante de su móvil, en las conversaciones fracturadas que le llegan de otras mesas o en la contemplación inútil  e indefectiblemente solitaria de un atardecer cualquiera.

 

 

Alentadora y reconfortante fue la lista de nominados al Oscar 2021 en la categoría de mejor cortometraje de animación. Al lado de El limpiaparabrisas estuvieron Asuntos del arte de Joanna Quinn,  Bestia del chileno  Hugo Covarrubias,  Boxballet del ruso Anton Dyavok y Robin Robin. Digo alentadora y reconfortante porque, excepción hecha de Robin Robin que tenía a su servicio todo el aparataje de Netflix, todas las demás nominadas son piezas de autor, trajes muy personales hechos a la medida de sus directores y que expresan la forma como estos ven, sienten y resienten el mundo que les circunda. Que la animación, otrora dulzona, simpática y empática, sirva ahora para expresar angustias, zozobras, cuestionamientos, frustraciones, anhelos y uno que otro sueño, es un logro para la narrativa cinéfila, para la estética y, en su concepto más universal e incluyente, para la belleza.

En este mundo de redes y plataformas es relativamente fácil encontrar los cortometrajes animados nominados al Oscar y, por supuesto, el de El limpiaparabrisas cuyo link en Youtube es  https://youtu.be/ZcjyrXayFZ0 ,  También, haciendo click en el video que aparece en la foto principal de esta nota, econtrarán el cortometraje completo.

 

Vale la pena, de cuando en vez, darse una pasada por la galería de esta categoría y dejarse sorprender con sus maravillas de todo tipo. El periplo puede hacerse con una de las tantas guías de los expertos o, como suelo hacerlo yo, dejándose llevar por el azar.

Por cierto y antes de terminar aún me pregunto el porqué de su título. En ninguna parte aparecen esas plumillas que rítmicamente se empeñan en borrar del vidrio del carro el dibujo irregular que  deja la lluvia.  Lo más probable es que a manera de una alegoría, el nombre se refiera a esa mera tentativa de dar respuesta al interrogante de qué es el amor, ese amor anárquico y multidimensional que jalona nuestras vidas y que tantas veces, empapado por toda suerte de lluvias, reclama, para vérselo mejor, de un imaginario limpiaparabrisas.