X Quinientos
Adriana Bernal Mor7
LO MEJOR
  • El trabajo consciente del director y la apuesta cinematográfica de su película.
LO MALO
  • Está enmarcada dentro un tema que ya ha sido tratado con recurrencia. Sin embargo es interesante descubrir otra mirada sobre esta realidad.
7BUENA

OTROS TÍTULOS: X500

AÑO: 2016

DURACIÓN: 108 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Colombia

DIRECTOR: Juan Andrés Arango

ESTRELLAS: Jembie Almazan, Jonathan Diaz Angulo, Bernardo Garnica Cruz

 

La película X 500 llegó a mi vida hace algún tiempo, cuando el año pasado escuché hablar de ella y a principios de este año vi con gran emoción que se estrenaría en uno de los festivales de cine más importantes del mundo. Para mí esto es un termómetro que me obliga a esperar con ansias la oportunidad de verla, pues es notorio que el cine colombiano abre sus caminos paso a paso en el mundo, haciéndonos ver a los nativos que hay talento y hay buenas producciones moviéndose durante el año.

En esta ocasión quiero hablar de este proceso en especial, porque particularmente tuve varias etapas apreciativas que al día de hoy han formado una opinión bastante nutrida sobre esta película, que por cierto ha impactado en diferentes públicos con gran éxito. Y me refiero a nutrida en el sentido de que me he dado la oportunidad de escuchar y ver todo lo que se dice sobre ella, para evitar caer simplemente en apreciaciones primerizas, que inevitablemente pueden ir variando a medida que se conoce un poco más el contexto de la producción.

Cuando finalmente tuve la oportunidad de verla, debo admitir que sentí que había algo que me hacía falta, algo que no llenó del todo las expectativas que tenía. Que a pesar de desarrollar tres historias distintas, no había muchas cosas nuevas por descubrir. Por un instante sentí que me estaría enfrentando a una historia que muchas veces se repite en nuestras salas de cine. Pero, luego pensé que a lo mejor fue esa variedad de historias la que me hizo flaquear, porque no podía sentir que había profundizado satisfactoriamente en una. Finalmente reflexioné que a pesar de ser una película visualmente encantadora, con personajes estéticamente muy atractivos y espacios absolutamente maravillosos y auténticos, no cumplía con lo que había esperado de ella y eso en gran medida podría ser porque tenía muchos imaginarios ya formulados en mi cabeza.

Sin embargo, afortunadamente hace una semana por intermedio de una amiga que también escribe para un medio sobre cine recibí un artículo en el que ella entrevistaba al director Juan Andrés Arango, haciéndole una serie de preguntas que me atraparon por completo. A medida que avanzaba en el texto, empecé a relacionar ese relato con apartados de lo que había visto previamente en cine y comencé a entender de una manera diferente el por qué de las cosas y las decisiones que el director tomó al hacer la película. Entendí más a fondo la riqueza de sus personajes, los contrastes de lo visual y las apuestas audiovisuales que le potencian la producción.

Lo más valioso fue comprender o mejor recordar que detrás de todas las producciones siempre hay algo y alguien que a partir de vivencias y expectativas crea una obra cinematográfica, y que muchas veces sólo al entender estas peculiaridades apreciamos de manera distinta, con distinta mirada, lo que está frente a nosotros.

La situación de inmigración del director permeó por completo su planteamiento y bajo esta perspectiva creó 3 personajes que, obligados a salir de sus tierras, o a mantenerse pero en condiciones riesgosas, tienen que acomodarse a nuevos espacios en los que metafóricamente se los van comiendo vivos. Luchan contra la muerte y contra muertes cercanas pasadas que los han movilizado de sus lugares de origen; en definitiva luchan contra el peligro de ser  devorados por la sociedad a la que les ha tocado pertenecer. Sea cual sea la circunstancia es muy interesante ver que las complejidades culturales definen caminos muchas veces alejados de lo que se podría considerar como bueno y positivo. Siento que hubo un intento por no juzgar bajo ninguna circunstancia a los personajes, sino que más bien lo que se quiso fue retratar a través de la ficción las vivencias extremas que llevan a las personas a tomar medidas también extremas ante la desesperación del destierro.

El trabajo que realizó Arango es arriesgado y valiente, pues embarcarse en una producción grabada en tres países diferentes, con actores naturales, con locaciones y espacios complejos, no es tarea fácil.  Sin embargo, el empeño y el deseo de hacer visible la realidad migratoria y de reapropiación del espacio convierten a esta película en un producto interesante, que ha penetrado públicos internacionales muy importantes y que ha seguido un camino de muestra internacional que muy seguramente abrirá puertas importantes en términos de producción audiovisual.

Me interesa recomendar siempre este tipo de películas, porque ante la crítica siempre nos encontramos en el camino con muchos que tildan el cine nacional de mediocre y poco atractivo, y para mí lo que a veces nos falta es ahondar un poco más en entender de dónde vienen las historias, para qué son contadas y desde qué perspectivas son construidas, pues sólo así se llega a entender la magia que tiene el cine y la capacidad al mismo tiempo de recrear de múltiples maneras una realidad que parece enmarcada bajo el límite de pocos matices.  Debo admitir que después de conocer lo que se escondía detrás de la cabeza creativa de la película pude entender con más gusto y satisfacción la razón, la estética, la apuesta cinematográfica y el planteamiento de las historias de X500.  ¡Me gustó más!

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