Van Gogh en la puerta de la eternidad
Humberto Santana8.5
LO MEJOR
  • Dafoe y la sensación de vivir tan de cerca a Van Gogh
LO MALO
  • Lo incomprendida que podrá ser la película por su formato arriesgado y poco convencional
8.5Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: At Eternity’s Gate

OTROS TÍTULOS: Van Gogh, a las puertas de la eternidad

AÑO: 2018

DURACIÓN: 1h 51min

GÉNERO: Drama, Biografía

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Julian Schnabel

ESTRELLAS: Willem Dafoe, Rupert Friend, Oscar Isaac, Mads Mikkelsen, Mathieu Amalric

 

De todos es conocido que Van Gogh, incuestionablemente uno de los grandes genios creativos de la historia de la humanidad, fue un alma atormentada e incomprendida, subvalorado en su momento y que por esto tuvo que vivir sin un centavo. Desde ese conocimiento, y ante la grandeza de su obra, su historia inevitablemente conmueve. Pero algo diferente es ir más allá e imaginar de primera mano cómo sería percibir el mundo a través sus ojos, cómo sería vivir en su piel, estar por momentos en su cabeza, y de esta forma transformar nuestra propia imagen de Vincent Van Gogh en un sentimiento intenso y cercano. Esto es precisamente lo que logra Julian Schnabel.

El director se vale de una escenificación impecable, llena de elementos visuales que transportan y generan una sensación de familiaridad, de diálogos inteligentes que explota brillantemente Willem Dafoe en una interpretación memorable y -como principal elemento para crear esa sensación tan impactante desde los zapatos del artista de inestabilidad, de intranquilidad, pero también de admiración contemplativa- se apoya en un gran manejo de cámara que combina encuadres estéticamente impecables con el movimiento angustioso de cámaras portátiles que terminan generando el efecto deseado. Y si bien por momentos esto puede tener un efecto extenuante que no es fácil de asimilar por todos los gustos, al final es enormemente gratificante lograr imaginar tan de cerca las sensaciones del artista.

 

 

Si bien los personajes secundarios (como los interpretados por Mads Mikkelsen, Mathieu Amalric y Oscar Isaac) son fundamentales, Willem Dafoe no solamente le da vida a un Van Gogh que parece revelarse por primera vez en sus verdaderos matices ante nosotros, sino que su actuación inunda la película inyectándole una vividez fundamental que no solamente no opaca el trabajo global (no se puede decir que la película de Schnabel se reduce a la actuación de Dafoe) sino que lo eleva.

 

 

Otro elemento fundamental de esa sensación de intimidad con el artista es que el director (también un pintor además de sus actividades cinematográficas) considera fundamental revelar el proceso creativo de Van Gogh, presentándolo como vivencial, espontáneo, orgánico, casi impulsivo e indetenible, apoyándose también por contraste en el enfoque cerebral y controlado de Gauguin, valiéndose de las conversaciones entre los dos artistas sobre naturaleza y propósito del arte que, lejos de desviar o hacer decaer el ritmo, le agregan profundidad a las múltiples escenas del pintor en su labor física con pinceles, óleos y lienzos, para lo cual Dafoe tuvo que prepararse ampliamente.

 

 

El título escogido de En la puerta de la eternidad termina siendo poético. Schnabel hace honor al trabajo de Van Gogh siendo atrevido, diferente y alienante. Los múltiple espacios de silencio en los que solo se percibe la respiración agitada del pintor, el sonido de los pinceles sobre el lienzo o el viento mientras camina agitadamente, parecen invitar a compenetrarse más con el personaje en un proceso de interiorización casi meditativo. Definitivamente no es un biopic corriente. Y aunque es un trabajo que (guardando las proporciones) toma el riesgo de ser tan incomprendido como la obra del artista en su momento, ofrecerá grandes recompensas a quien se compenetre con su propuesta.

 

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