Amor Sin Escalas
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
8Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Votes)
5.8

TÍTULO ORIGINAL: Up in the Air

La idea recurrente en las charlas que dicta el ejecutivo Ryan Bingham (George Clooney) es que en la medida en que en algo vaciemos los morrales que todos llevamos a cuestas, más libres seremos. Vaciarlos, dice él, de aquellas personas y cosas que alguna vez nos echamos a cuestas sin saber muy bien ni el porqué ni el para qué. Si logramos restarle peso a esos equipajes cotidianos menos nos tallarán en los hombros sus correas y más plácido será el viaje que con ellos emprendamos. Lo dice él, para quien no existe el concepto de hogar; para él sólo hay lugares, pasajeros todos ellos, donde pernoctar y de los cuales migrar pronto porque siempre hay un vuelo próximo a decolar. Su ingrato oficio, además del dictar estas esporádicas charlas, es el despido de personal. Se le contrata para que le cuente a la gente la decisión adoptada y para que minimice, para la empresa, los efectos negativos de esa medida.

Up in the air nos muestra inicialmente a un Ryan seguro y práctico que domina no sólo el oficio del despido sino la compleja faena que implica el constante viajar. Empaca y desempaca en segundos sin las nefastas arrugas que quedan en la ropa del viajero inexperto; solventa las colas con destreza y siempre encuentra el reconocimiento y el saludo por nombre de las personas que trabajan en los aeropuertos y en los aviones. Su sueño como viajero frecuente es acumular un insólito número de millas para, simple y llanamente, escalar aún más en las gradas de los viajeros exclusivos.

Un estilo de vida como este rima mal con cualquier compromiso y riñe también con todo lo que tenga el más mínimo componente de apego.  La cosa parece atractiva, más que por sus reales connotaciones y repercusiones, por lo atractivo que es el propio Clooney. Ryan luce impecable,  apuesto y seductor al punto de parecer ser que, todas tres, son consecuencia de este ir por el mundo sin atavíos y especialmente de vivir la vida sin ese alguien que rutinariamente nos espere al final del día.

Un encuentro casual en el bar de un hotel (donde más hubiera podido ser) parece desestabilizar ese reino de levedad y control. Ryan conoce a otra ejecutiva (Vera Farmiga) que al igual que él también tiene su billetera repleta de plásticos multicolores. Con la sofisticación que sólo dan los años bien administrados la mujer le insinúa a Ryan el juego de vernos quizás mañana donde los itinerarios viajeros nos crucen en el fugaz y placentero encuentro de una habitación de hotel. Pero el juego no fue exactamente así porque la satisfacción momentánea siempre provoca el deseo de su alargue y el alargue invade, inevitablemente, los espacios labrados por la soledad y el egoísmo.

De este estilo de vidas trata Up in the air sin caer ni en melodrama ni, tampoco, en la comedia ordinaria. El drama se plantea sin apelar al facilismo de la conmoción y para ello la narración echa mano, en una muy  bien dosificada medida, del humor. Es precisamente esta ponderación equilibrada de elementos la que hace de Up in the air una película muy grata de ver y que supera, con creces,  el placer de la mera entretención. Se piensa durante y se piensa después. Pero no es el pensamiento oscuro y denso del drama; es, bien por el contrario, ese pensamiento que pese a su levedad perdura.

No sé – e importa poco o nada tanto el saberlo como el no saberlo –  si  esta virtud narrativa de Up in the air daba para candidatizarla al Oscar para mejor película. Lo cierto es que tiene un mérito poco frecuente: se trata de una película que pudo ser una comedia más o un drama más y que sin embargo alcanzó un nivel muy superior. Al verla queda en la retina esa desconcertante y a la vez fascinante impresión de habernos topado con una película que aunque trajeada de éxito comercial pronto trasluce, sin aspavientos ni pretensiones,  la fineza de su elaboración y la sutileza de su mensaje.

Sobresalen, al lado de Clooney, sus dos compañeras de formula: Anna Kendiick y Vera Farmiga. La primera en el muy bien logrado papel de una jovencita impetuosa e inexperta y la segunda con esa sobria imponencia que a ratos me hizo recordar a la inglesa Kristin Scott Thomas.

Vayan también unas líneas para el gran Clooney. En todas las premiaciones de comienzos de año las cámaras no dejaron de perseguirlo y él de perseguirlas a ellas. Pero si los lentes le fueron generosos, esquivos le fueron los premios. Y no es justo porque Clooney ha entendido bien que no es su Omega Look  lo que lo hace un buen actor. El tiene madera y así lo ha demostrado, además de Up in the air, en películas como Quemar después de leer de los hermanos Cohen y Confesiones de una mente peligrosa donde además de actuar dirige. Pero pasa que su pelo grisáceo y su mirada de galán inevitable vienen desde siempre desplazando su talento actoral. Llegará la hora, de ello estoy seguro,  en que el ocaso de la belleza permita ver otras cosas. De seguro que el propio Clooney el que también a veces se pregunta si no es un poco de peso en la mochila el que nos ayuda a caminar mejor y más rectos.

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