Una Eva y dos Adanes
Autor9
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
8.5Muy buena
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
7.0

TÍTULO ORIGINAL: Some like it hot

OTROS TÍTULOS:  Con faldas y a lo loco

AÑO: 1959

DURACIÓN: 120 min

GÉNERO: Comedia

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Billy Wilder

ESTRELLAS: Marilyn Monroe, Tony Curtis, Jack Lemmon, George Raft, Pat O’Brien, Joe E. Brown

 

Dios mío, pienso que ha habido más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la Segunda Guerra Mundial y hay una gran similitud  entre ambas.

                                                                                                        Billy Wilder

A las buenas comedias como Some like it Hot (Una Eva y dos Adanes/Con faldas y a lo loco) no solo se las puede ver una y otra vez sino que cada vez que se las ve se tienden con ellas y hacia ellas puentes y más puentes de admiración y afecto. Se necesitó una buena dosis de genialidad para haber hecho de esta historia, pueril y básica, una de las comedias más emblemáticas y mejor logradas, sino la más, de todos los tiempos. Y dosis de genialidad, ingentes, era lo que tenía su director, el muy admirado y controversial Billy Wilder. Para 1959 cuando hizo Some like it hot, el director austriaco, nacionalizado norteamericano, ya tenía en su haber joyas como Perdición (1944), Días sin huella (1945), El crepúsculo de los dioses (1950) y Testigo de cargo (1957). Para aquel entonces ya también había incursionado en el género de la comedia con películas como Sabrina (1954) y La tentación vive arriba (1959), pero fue en Some like it hot donde Wilder combinó, con ese brillo y esa fortuna que muy pocas veces confluyen en la vida, humor, inteligencia, gracia,  encanto y  ese     elemento – escaso, esquivo y determinante – llamado perdurabilidad, o, incluso, inmortalidad.

SOME LIKE AFICHEEn el cine la idea de un hombre que debe pasar por mujer o la de una mujer que debe pasar por hombre, tiene páginas brillantes, mediocres o, simplemente, olvidables. En Some like it hot no es uno sino dos los hombres que deben rasurarse al tope, abultar sus pechos, estrechar sus cinturas, curvear sus pestañas , enflautar sus voces y, en fin, pasar al otro lado para ser ese par de chicas que en otras circunstancias ellos mismos habrían cortejado. En el convulso Chicago de los años treintas y por su indeseada condición de testigos de un ajuste de cuentas entre bandas de gánsters , Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon), dos músicos de pacotilla, deben convertirse ahora, huyendo de sus perseguidores, en Josephine y Dauphne dos rubias que se unirán con su contrabajo y su saxo a un orquesta de mujeres que sale de gira por el sur del país. Es en el tren que los, las, llevará a su destino que conocen a la despampanante, curvilínea, tontona y adorable Sugar (Marilyn Monroe), otra chica (aquí el término viene bien) de la orquesta que rebosa sensualidad e ingenuidad y cuyo sueño, como el de tantas, es casarse con un excéntrico millonario que la lleve a recorrer el mundo en su yate privado. Es a partir de esta impostura que habrán de crearse toda suerte de enredos y confusiones. Ellas, Josephine y Daupnhe, no son quienes parecen ser pero aquellos que realmente son sueñan con ser otros. La paradoja humana de reconocernos no tanto por quienes somos sino por quienes desearíamos ser.

Porqué Some like it hot no se quedó en la galería menor de las comedias del montón? Porqué su indiscutible figuración como una de las mejores comedias de todos los tiempos? Acaso por la agudeza de su historia, por sus escenas delirantes, por la empatía descomunal entre Curtis y Lemmon o por el charme de la Monroe? Quizás por ninguna de las anteriores o quizás por una mezcla de todas ellas. Más allá de todos sus méritos lo que la hace única es haber estado, como supo estarlo, en el momento apropiado. Si se lo piensa bien los clásicos son lo que son – y lo serán por siempre – porque en su momento y sin siquiera premeditarlo, irrumpieron para llenar un lugar hasta entonces vacío y así quedarse, ya por siempre, en la memoria de su público. Es por esto que los remakes nunca podrán superar a sus modelos; podrán, con mayor o menor éxito, emularlos y podrán, incluso, ser mejores pero nunca podrán, por cuestión de momentos, llegar a donde aquellos llegaron.

La prueba contundente de la calidad inalterable de Some like it hot es que cincuenta y cinco años después, todos sus recursos cómicos conservan, intacta, su eficacia. La mordacidad y el doble sentido de sus diálogos no cae, con el paso del tiempo, ni en el ridículo, ni en la torpe ingenuidad. Siguen siendo, por geniales, totalmente convincentes. Otro tanto pasa con sus actuaciones, con su trama misma y con sus más insignes escenas. Tiene por supuesto la exageración y la desmesura propias de toda comedia pero el tono de estas es a tal punto balanceado que en ningún momento bordea la chabacanería o la superficialidad de la risa pasajera y fácil. A todo lo anterior se suma el hecho de que, como pasa con todo clásico, el tiempo corre a su favor. El vestuario, las ambientaciones y el siempre expresivo blanco y negro de la película no hacen otra cosa que aquilatarla.

No es fácil, no al menos acá en Colombia, que se programe la proyección de un hito de la comedia como Some like it hot. Por eso la noticia de que Cinemark la tiene prevista en su ciclo de clásicos no puede dejar pasarse por alto. El 21, 22 y 25 de febrero  los bogotanos podremos verla, como corresponde, en la pantalla grande, en esa pantalla donde el humor de Curtis y Lemmon se engrandece y donde el magnetismo de la Monroe mejor se siente. Allá nos vemos.

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