Un pasado imborrable
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Puntuación de los lectores: (1 Voto)
3.4

TÍTULO ORIGINAL: The railway man

OTROS TÍTULOS: Un largo viaje

AÑO: 2013

DURACIÓN: 116 min.

GÉNERO: Drama, Biografía

PAÍS: Australia

DIRECTOR: Jonathan Teplitzky

ESTRELLAS: Colin Firth, Nicole Kidman, Jeremy Irvine, Stellan Skarsgård

 

Hace ya cerca de tres años escribí  sobre un Breve encuentro   – 1945 –, la película del director inglés David Lean (El puente sobre el río Kwai – 1957 –  y Doctor Zhivago – 1965 – ).  Dije entonces en  aquella nota que esta joya protagonizada por Celia Johnson y Trevor Howard tiene esa virtud de lo atemporal que hace que la ocurrencia de su trama esté ligada, antes que a un momento determinado o a una encrucijada histórica, a la textura misma del alma humana.

Porqué para comentar Un pasado imborrable, la última película del director Jonathan Teplitzky, esta referencia al gran clásico inglés de Lean? Al menos por tres razones: la primera porque son sus propios protagonistas Eric Lomax (Colin Firth) y  Patti (Nicole Kidman) quienes la evocan cuando, en un claro preludio amoroso,  se conocen en el compartimento de un tren; la segunda porque en ambas películas los trenes son indiscutibles protagonistas y la tercera porque una y otra desembocan en una decisión fundamental que confrontará deseos y razones, impulsos y reflexiones.

UN PASADO IMBORRABLE AFICHEEn Un pasado imborrable Lomax  es un oficial británico apasionado por los trenes y acosado en su sombrío retiro por unos lacerantes recuerdos que lo devuelven a las torturas que vivió en la segunda guerra mundial a manos de su captor, un inclemente general del  ejército japonés. Es en medio de esta vida atormentada y desolada que Lomax, cuando menos lo esperaba,  conoce y se enamora de Patti.  Será este encuentro, no tan breve como el del maestro Lean, el que le devolverá el sentido a su vida y el que terminará llevándolo, por las conexiones impredecibles del azar,  al reencuentro con quien fuera su infame torturador.  De cómo reaccionará  Eric ante esta situación, de si cobrará venganza  por él y los suyos o de si devolverá con perdón tan infame agresión, es a donde conducen los hilos narrativos de Un pasado imborrable.

 

En un Breve encuentro sus protagonistas se ven envueltos en una atracción extramatrimonial  que los arrastra y supera. Tendrán que decidir, mientras los trenes parten y llegan, si la fascinación que sienten les pertenece o si es ella quien se ha apoderado de ellos.

 

La gran diferencia entre una y otra película  es que mientras que la de Loan logra mucho a partir de un planteamiento básico (el encuentro de dos desconocidos en una estación de tren), la de Teplitzky logra poco a partir de un planteamiento mucho más denso y complejo (el oficial retirado, cercado por los recuerdos de una guerra y enfrentado a la disyuntiva  de vengar o perdonar). Sacar mucho de lo poco o poco de lo mucho. Allí la clave diferenciadora.

Un recuerdo imborrable no pasa de ser una historia plana que desaprovecha la potencialidad de su trama y las apasionantes connotaciones que encierran esos colosos que se deslizan sobre los rieles de hierro.  Pese a su planteamiento atractivo y al enganche que logra con el espectador, la película nunca termina de convencer porque su guión se va por la ruta maniquea de una guerra que enfrentó a buenos y malos para luego, a manera de epílogo y en medio de un romance un tanto forzado,  lanzar el consabido  mensaje moralista y edificante.

Las guerras no enfrentan a malos y buenos; las guerras enfrentan a seres diversos convencidos de la legitimidad de sus ideas y de la coherencia de sus acciones.  En Un pasado imborrable el conflicto se reduce a unos escenarios grandilocuentes pero nada convincentes y a unas violencias que aunque incomodan no  provocan reflexión alguna sobre la sensatez – o la insensatez –  del sacrificio humano por cuenta de un credo o de una ideología. Y así como la historia no llega a levantar vuelo, lo propio pasa con la pareja de Eric y Pattie. Firth hace lo que le toca con ese don innato que tiene de transmitir mucho sin apenas inmutarse; la cámara lo conoce y él, como pocos, la domina.  La Kidman por su lado deambula por ahí sin terminar de conectarse; parece una porcelana blanca a punto de quebrarse y  su trabajada lozanía transmite tan poco  como su idilio con el atormentado Lomax.  Firth le aporta altura  a una película  que apela más al mensaje que transmite que a la forma en que se lo transmite.

Volviendo a la comparación cinematográfica del inicio y trocando nombres,  recuerdo imborrable es el que deja Un breve encuentro;  de Un recuerdo imborrable queda en cambio esa sensación pasajera que suelen dejar los encuentros breves.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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