Un Hombre Solo
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
7.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
8.0

TÍTULO ORIGINAL: A Single Man

OTROS TÍTULOS: Un hombre soltero, Sólo un hombre

 

George Falconer (Colin Firth) es un profesor universitario que a comienzos de los años sesenta busca superar el vacío que dejó en su vida la muerte de su pareja.  George Falconer (Colin Firth) es un profesor universitario, gay,  que a comienzos de los años sesenta busca superar el vacío que dejó en su vida la muerte de Jim (Mathew Goods), su pareja. La segunda frase precisa la condición sexual del sujeto y sólo con eso le imprime a la situación un tono totalmente distinto a aquella otra que esta misma tendría si George hubiera sido, en aquel convulso 1962, un heterosexual afligido por la muerte de su pareja.

Un hombre solo es una sucesión de cuadros delineados con la delicadeza de un pincel que retrata la obsesión de un hombre que se ha quedado solo y que decide exponerse al daño premeditado que siempre provoca el  endiosamiento del ser amado que ya no está a nuestro lado. La película tiene la finura estética que suele rodear el mundo gay pero es precisamente este esteticismo refinado el que termina opacando una historia que se prestaba para mucho más que para el lucimiento de una cámara extasiada en esa atmósfera sin par que fue el ambiente irreverente y vanguardista de los años sesenta.

La estética del cine es distinta a la estética de la pintura o a la de la escultura. Cuando una película se rinde al culto de la imagen bella, es la imagen bella la que termina sacrificando la película. En el cine el  preciosismo es un peligroso espejismo porque cuando el trabajo narrativo se abandona para  emprender la ruta de la imagen perfecta, estamos volviendo al cine el mal amago de una pintura o el pastiche de una  escultura. En el cine la estética está más ligada a la historia contada  que a la belleza misma de los elementos de los que se vale el cine para contarla. Hay películas, no pocas, que se extasían en la imagen y creen que por ello habrán de merecer el título de bellas. Bella quizás podrá llegar a ser la imagen pero la belleza de la película proviene, no del refinamiento estético de sus cuadros,  sino  de la historia subyacente que bien puede  ser horripilante, desesperanzada o simplemente fea.

Un hombre solo deslumbra por la belleza de sus spots, por su más que esmerado manejo de los colores y especialmente por su impecable reproducción del ambiente de los años sesenta.  Cada detalle transporta y con sus cuadros podría hacerse  una sofisticada galería de la época. Sin embargo esto no la hace ni una bella, ni una buena película. La hace, con los méritos y las limitaciones que ello implica, una película de imágenes bellas, una película de una sobresaliente fotografía y, por supuesto, una película que agrada por el solaz que siempre provoca en los ojos y en el alma toda  expresión bien lograda de lo bello.

Lo anterior no impide que en una película a  la sucesión hilvanada de bellas imágenes la soporte una buena historia  y que la belleza de aquellas quede al servicio de la historia de forma tal que sea la contundencia de esta última la que justifique la belleza de aquéllas y no a la inversa. Cuando sea este el orden de la  simbiosis estética estaremos ante una buena película, cuando sea el contrario estaremos ante un collage de bellas imágenes pero no necesariamente ante una buena película.

Un hombre solo es un desfile muy bien logrado de imágenes bonitas. Pienso, por ejemplo, en la escena en la que George conversa con un joven español. Ambos se recuestan contra el carro y mientras fuman los inunda la luz de un sol vespertino que  termina estrellándose contra un muro  que les sirve  de telón. Así como esta son todas las imágenes de la película y sin embargo es la historia misma, es la película misma, la que no logra alcanzar su propia belleza.

La actuación de Colin Firth es sobresaliente pero el personaje, como la película toda, adolece de cierta afectación que le resta fuerza y credibilidad. Firth demuestra sin embargo que las limitaciones del personaje no son las del actor y que su postulación al Oscar fue el justo reconocimiento a una actuación que soporta sobre sí todo el peso de una película que se dedicó más la orfebrería preciosista  de la imagen que a la construcción menos vistosa de una historia que cuando es buena deviene, en un plano superior de la estética, una bella historia.

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