Un hombre llamado Ove
Andrés Quintero7
LO MEJOR
  • La muy convincente sobriedad/frialdad de su tono
  • El uso del flash back para construir y explicar el personaje central
  • Rolf Lassgard y Bahar Pars
LO MALO
  • Algunas flaquezas en su faceta comedia
7Buena

TÍTULO ORIGINAL: En man som heter Ove

AÑO: 2015

DURACIÓN: 1h 56 min

GÉNERO: Drama, Comedia

PAÍS: Suecia

DIRECTOR: Hannes Holm

ESTRELLAS: Rolf Lassgård, Bahar Pars, Filip Berg, Ida Engvoll, Tobias Almborg, Klas Wiljergård

Ove (Rolf Lassgard) ha renunciado a vivir pero la vida no ha renunciado a que él la viva. Mañoso, solitario y gruñón ya no le encuentra sentido a seguir en este mundo y su tan reiterado como fracasado empeño es reunirse, en la otra vida,  con Sonja (Bahar Pars) quien fuera su mujer durante esta vida. Y aunque el  suicidio pareciera ser la ruta indicada para el anhelado reencuentro, Ove se da cuenta que eso de quitarse la vida es más complicado que el mero deseo de quererlo. Son sus inoportunos vecinos los que siempre se atraviesan en su propósito suicida y son también ellos y en especial una recién llegada familia, extraña por extranjera, la que logrará darle un vuelco a una vida decidida a vaciarse de propósito y sentido.

El tema del hombre al que la vida de pronto le recuerda que más allá de sus neuras, fobias y nostalgias hay todavía un mundo en el que puede ser útil y apreciado, no es nuevo en el cine. Se me vienen a la cabeza, disímiles entre sí pero ambas buenos ejemplos, Gran Torino (2008) y Up (2009).  Historias de hombres mayores cuyo anhelo de refugio en sus mundos de evasión y negación se ve truncado por ese otro que está al lado, que vive al frente, que golpea su puerta pidiendo algo y que termina, sin quererlo, demostrándole que aún en las últimas esquinas de la vida hay alguna tarea por cumplir, una redención anónima esperando quien la propicie.  Historias todas con un mensaje, más o menos encubierto, de esperanza y cambio.

Desde el comienzo pareciera fácil predecir la inscripción de Un hombre llamado Ove  en esta categoría temática del viejo al que el vecino, ese otro al que se creía poder renunciar del todo,  le hará ver posibilidades insospechadas de acicates y estímulos para seguir dando la batalla del cada día.  Y es tan apresurada predicción la que inicialmente pone en zozobra su estabilidad y su capacidad de enganche.  Todo lleva a temer un apacible hundimiento en las aguas pandas de la consabida historia del viejo cascarrabias que cuando ya nadie lo creía posible, especialmente él mismo, vuelve a la escena a demostrar su valía.  Afortunadamente su director Hannes Holm advierte el riesgo y evita el  hundimiento mediante un correcto y mesurado uso de un flash back que nos muestra esos momentos que explican el temperamento agrio de este viejo que es, por encima de todo, un incorregible romántico.

Por esta ruta Holm, fiel a la novela de Fredrik Backman, no recuesta la película en el repentino y poco creíble cambio del insoportable viejo  convertido en  hombre exultante y vital  y opta por darle realce a un entorno multicultural en el que confluyen como bastiones del cambio y tan incomprendidos como el propio viejo, quienes vienen de lejos (sus vecinos iraníes) o quien ha sido marginado por sus preferencias sexuales (el vecino homosexual a quien hospeda en su casa). Son sus pares – también apartados y discriminados –  los que terminarán dándole sentido a una vida a la que Ove solo ve como estación de tránsito en la ruta mortal hacia su amada .   A medida que la proyección avanza la película gana solidez y aunque no deja de echar mano de uno que otro lugar común, termina convenciendo y conjurando el peligro de caer en formatos repetitivos y huecos. Lo logra, creo yo,  por la forma como se construye su personaje central. Detrás del malhumor y de la desazón existencial de Ove hay un pasado en el que convergen, como en toda vida,  felicidades y pérdidas, regalos y arrebatos.   Holm  pudo conformarse con la metamorfosis  simpática y mágica del viejo huraño pero prefirió, escalando sensiblemente la calidad de su trabajo,  esculcar en los porqués, en esos hechos lacerantes  que van menguando la esperanza y empobreciendo la sonrisa. Desde esa óptica retrospectiva no es tanto que Ove en el nadir de su vida decida cambiar abruptamente y volverse, para felicidad de todos,  un hombre bueno. Lo que experimenta Ove no es un cambio extremo; es, por el contrario y con la ayuda de esos otros que son  el reflejo imperfecto de su yo pretérito,  un acto humilde de reconciliación y aceptación.  A este acierto en la dirección lo secundan, con notas más que sobresalientes, las actuaciones de  Rolf Lassgard como Ove y  de la carismática  Bahar Pars en su rol de Parvanel, la entrometida y redentora vecina.

Otra de las razones por la cual Un hombre llamado Ove no se hunde en los charcos del sentimentalismo frágil y pasajero es su tono hierático tan propio y característico del cine nórdico, sueco en este caso.  Esa contención en la expresión, esa austeridad en el sentimiento y esa fina negrura en el humor se confabulan para esquivar el cliché y marcar la diferencia.  Balance perfecto entre la espesura del drama y la levedad de la comedia. Al viejo Ove había que sacarlo de su ostracismo pero no en hombros victoriosos ni con lágrimas en los ojos; había que sacarlo a su manera, con amargura e ironía porque de ambas tiene mucho, en su ocaso, esta vida.

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