Un camino a casa
Andrés Quintero7
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • La fotografía
  • Las actuaciones de Pawar y Patel
  • Con no más de tres o cuatro hechos determinantes sostener dos horas de metraje
LO MALO
  • La imagen un tanto estereotipada de esa India que combina pobreza material con riqueza espiritual
  • Del drama al melodrama hayaapenas unas pocas letras
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL: Lion

AÑO: 2016

DURACIÓN: 2h 

GÉNERO: Drama

PAÍS: Australia

DIRECTOR: Garth Davis

ESTRELLAS:  Dev Patel,  Sunny Pawar, Nicole Kidman, Rooney Mara, Davi Wenham

 

Como tantas veces sucede las opiniones se dividen. Las hay que consideran que Un camino a casa es un muy bien logrado retrato, basado en una historia real, de las dulzuras y amarguras de una adopción  con el marco remoto y abominable del tráfico de niños en la India. Los voceros de esta opinión positiva y emocionada le suman a la virtud temática de la película del director Garg Devis, el encomiable trabajo fotográfico de Greig Fraser y las destacadas actuaciones de su terna protagónica : el sorprendente y carismático Sunny Pawar, un Dev Patel asentado y convicente y la siempre hierática, enigmática y fría Nicole Kidman. Para esta visión, Un camino a casa es una buena película porque su historia conmueve, porque sus códigos de transmisión logran, sin falsas conmiseraciones, generar en el espectador una compenetración compasiva con un doble drama : el de una India , tan mágica como sombría, en la que la miseria convierte a los niños desamparados en una apetecible mercancía y el de Saroo Brieley un adoptado que no obstante el confort – material y afectivo – de su vida en Australia, se mantiene acosado por el deseo de reencontrarse con su familia de sangre de la que se separó años atrás cuando siendo apenas un crío se extravió entre trenes y solariegas estaciones.

Otra corriente de opinión, menos caudalosa que la anterior, considera que Un camino a casa es una película que en su primera hora de proyección logra capturar, a través del rostro aterrado del pequeño Saroo , la desgarradora realidad de una India pero que en su segundo tramo sucumbe al facilismo sensiblero de un melodrama que deja inacabado su planteamiento inicial. Ese Saroo de la primera hora de proyección,   perdido en los desvencijados callejones de su infancia, es ahora, en la segunda hora, un desarraigado extranjero que para acallar los llamados de su pasado, decide a toda costa y con la infalible ayuda del dios Google, reencontrarse, Oceáno Indico de por medio, con sus cosanguíneos. Segunda mitad preparada con los ingredientes que tanto le gustan a ese público ávido de emociones y, porque no, de un par de lagrimones. Segunda mitad , para esta visión más ácida y analítica, que malogra el propósito inaugural y que hunde la película en los pozos de la mediocridad emocional. Producto perfecto para llamar la atención de la Academia y laboratorio infalible para lograr no solo nominación a mejor película sino, forzadas ciertamente, nominaciones a mejores actores de reparto para Patel y Kidman.

Decir cual de estas dos opiniones es la acertada, la verdadera, sencillamente no se puede. Hay muchos criterios para medir la calidad de una película pero su empleo, por más sistemático y científico que parezca, no asegura un resultado universal, inapelable y de incontrovertible evidencia. Si la verdad no se halla en ninguna de las opiniones enfrentadas, tampoco tiene mayor sentido ubicarla en medio de estas. No es esta ni una cuestión de aproximaciones, ni un asunto de infalibles fórmulas de laboratorio o de ecuaciones cuyas variables hay que despejar.

Dicho lo anterior y como aquí se trata de plasmar impresiones personales y no de esculpir en piedra verdades eternas, entro a confesar que sin matricularme en ninguna de las dos visiones anteriores estoy más cerca de la segunda. No porque crea que la película tiene una primera parte acertada y una segunda fallida, sino porque me parece que sirviéndose del indudable gancho que es el basarse en una historia real, la película echa mano  de esa trajinada y estereotipada imagen de una India tan miserable como maravillosa donde sus habitantes alternan el hambre con los baños sagrados y la vida entre escombros con el arcoiris de sus vestimentas y la profundidad de sus penetrantes miradas. Aunque es muy probable que el pueblo donde nació el pequeño Saroo tenga algo de esa imagen tradicional , sin la menor duda también debe algo más y si de tributos a la verdad se trata mejor hubiera sido una mirada más sincera y abarcadora. En cuanto al acercamiento al drama del adoptado que quiere reencontrarse con sus raíces me parece que Un camino a casa toma efectivamente la ruta fácil de la emoción cutánea. Noten que digo fácil y no errada porque nada garantiza que otra visión del tema, menos dulce y predecible, hubiera traído mejores resultados. Lo demás ya está dicho : la fotografía saca buena nota y tanto la adaptación del guión como su banda sonora son sobresalientes. En el plano actoral Patel lo hace bien pero de ahí a nominaciones y premiaciones por mejor actuación de reparto hay un trecho bien grande. Lo de la Kidman es otra cosa. Coincido con quienes dicen que este papel era para alguien con menos pergaminos; lo habría hecho más próximo y creíble.

En el fondo todo se reduce a un sistema de conectores emotivos. Hay quienes prefieren la historia bella, grandilocuente y heroíca. Es más, no son pocos los que asocian la experiencia cinemetográfica con esa suerte de enajenación de ensueño y poco o nada les preocupa reencontrarse una y otra vez con esos placenteros códigos de fácil asimilación. Que haya quienes así se gocen el cine, está bien; que haya quienes viendo Un camino a casa sollocen y sientan a su manera una experiencia de conmoción y belleza, está aún mejor. Pero también está bien, sin jerarquizaciones ni categorizaciones excluyentes, que haya otros que degusten otros aspectos del cine: el elogio de la simpleza, la fluidez creciente de un relato, la revelación inesperada de algún costado del caleidoscopio humano o las tantas maneras de acercarse, aproximándola o distanciandola, a la realidad que nos rodea. Estos últimos habrán sentido que Un camino a casa es una historia bonita y bien contada pero nunca uno de esos desafíos para desenmascarar, desde el intenso drama hasta la estruendosa carcajada, la condición humana.

 

 

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