Amantes
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
7.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
6.7

TÍTULO ORIGINAL: Two Lovers

OTROS TÍTULOS: Mis dos amores / Los Amantes

Uno no entiende bien porque Leonard, un hombre desequilibrado y con tendencias suicidas que apenas sobrevive bajo el techo paterno,  le resulta atractivo a dos mujeres tan opuestas y a la vez tan atractivas como  Michelle (Gwyneth Paltrow) y Sandra (Vinesa Shaw). Mientas que Michelle rebosa sensualidad, desequilibrio y belleza, Sandra irradia comprensión, estabilidad y mesura. Leonard se debate entre ambas pero es claro que mientras que su zigzagueante cabeza corteja torpemente a Sandra, es su cuerpo todo el que se cimbrea ante el juego lascivo y peligroso que se insinúa en cada gesto de la esplendorosa Michelle.

Hasta aquí  Two Lovers podía ser una película más sobre el contraste entre el amor pasional que siempre se presenta como desenfrenado y dañino y el amor sosegado sobre el cual, indudablemente, debiéramos construir cualquier proyecto de vida. En la gran mayoría de películas que han abordado este tema, el desenlace es siempre el mismo: después de la fascinante tormenta no queda más que la desolación y la devastación; el hombre o la mujer que se dejan llevar por el extremo pasional tarde que temprano entenderán que todos esos juegos fatuos, fascinantes cuando explotan pero amargos después de la explosión,  poco o nada valen si se les compara con la tibieza del hogar seguro. La moraleja se lee desde las primeras líneas: no te dejes llevar por la pasión que, irracional y ciega como es, no te conducirá más que a callejones sin salida.

Se podría pensar al ver a Leonard abrazar a Sandra en la noche  de año nuevo que él también entendió, con dolor,  que Michelle no fue más que un ventarrón perturbador y que después de su paso arrasador resurge, de entre los escombros, el  sencillo y verdadero amor. Pero no es así. Lo incómodo, lo atractivo  y también lo perturbador de Two Lovers es que el desenlace ni es edificante ni es, tampoco, la reivindicación del amor estable, sosegado y socialmente correcto. Leonard no opta por Sandra, la abraza y abrazándola llora por el amor que no fue y que para él siempre será el que tendría que haber sido. Al verlo uno siente el desasosiego propio de estar ante una abdicación. En la boca y quizás más que en ella el alma, queda ese sinsabor de que el amor fulgurante es y será por siempre apenas una estación de paso confundida por un inolvidable momento con nuestra terminal de destino.

James Gray logra en Two Lovers un tono  más cercano al drama que al romance. Ni Leonard  es propiamente un galán de ensueño, ni sus amores entrecruzados,  Michelle y Sandra, son las princesas deseadas. Es por esto que Two Lovers  más que la historia de un romance  es la historia universal de su imposibilidad plena. Creo que es en este anti mensaje  donde reside la perturbadora atracción  que nos genera  esta película. Confesémoslo; algo de nosotros quería que Leonard viajara a San Francisco con Michelle; algo de nosotros, intenso y primario, lo hubiera secundado en ese arrojo al abismo pero también algo de nosotros sabía que el lugar era ese otro al lado de Sandra,  sin tanta conmoción  pero quizás con contenidas pinceladas de emoción. Y uno se queda con la pregunta de si aquellos abrazos tendrán siempre la inevitable condena de lo ido, de lo prohibido, de lo que nunca pudo haber sido.

Joaquin Phoenix y Gwyneth Paltrow logran dos impecable actuaciones. Quizás nadie mejor que Phoenix para representar a un hombre sin eje en este mundo y, sin embargo,  un hombre que es todos los hombres del mundo; quizás nadie mejor que la Paltrow para representar a una mujer sin eje en este mundo y, sin embargo, una mujer que también es todas las mujeres de este mundo.

Two Lovers  sobresale porque además de ser una historia cinematográficamente bien narrada, es una historia que insinúa un paso más allá de la trama romántica e, incluso, de la trama dramática con base romántica. En Two Lovers ni hay final feliz como en el romance tradicional, ni hay final triste como en el drama desolado; en Two Lovers no hay, con sus connotaciones morales de cierre, un final. Ese abrazo de Leonard a Sandra es la prueba de esa imposibilidad connatural al amor humano.

Un aplauso también para  Vinessa Shaw porque las actuaciones discretas son muchas veces las más complejas y porque, más allá de los estremecimientos, Sandra encarna, en un inexplicable y fascinante contrapunteo, la posibilidad connatural al amor humano.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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