Tonya
Andrés Quintero 8
LO MEJOR
  • Las actuaciones de Margot Robbie y Allison Janney. Un Oscar tiene que quedar entre ellas
  • Su tono sarcástico e irreverente
  • La cámara y la música
LO MALO
  • El algún momento el decaimiento de su ritmo
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: I, Tonya

AÑO: 2017

DURACIÓN: 121 min

GÉNERO: Drama, Comedia Negra

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Craig Gillespie

ESTRELLAS: Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janney, Bobby Cannavale, Caitlin Carver, Julianne Nicholson

dropcap size=small]E[/dropcap]l debate sobre si el deportista debe demostrar, además de sus destrezas y habilidades en la competencia, una conducta moralmente ejemplar o cuando menos no censurable, sigue abierto. Para algunos, la exposición pública del deportista lo obliga a mantener, más allá del campo de exhibición o juego, una imagen integral de corrección y compostura por tener la capacidad de convertirse en un referente modélico para sus seguidores. Para otros, su valoración debe circunscribirse al resultado efectivo de lo que hace cuando tiene el uniforme;   tan pronto se lo quite, lo que haga debe estar protegido, en lo que tiene que ver con el juicio deportivo, por la barrera de la privacidad.

Con una estructura narrativa que entremezcla la recreación de los hechos que marcaron la carrera deportiva de la patinadora Tonya Harding con los testimonios supuestamente rendidos por sus protagonistas reales, I, Tonya moldea un biopic que ni se queda en el artificio reconstructivo de las entrevistas , ni tampoco se conforma con el inevitable y contradictorio fantaseo de contar una historia basada en hechos reales. Para no sucumbir ante estas tentaciones, su director Craig Gillespie prefirió armar una historia cuya credibilidad se desprende, no tanto del apego a una verdad siempre inexistente, sino del poderío temperamental de sus protagonistas.

Tonya Harding, magistralmente interpretada por Margot Robbie, es una virtuosa del patinaje pero no es, como tantos quisieran, la princesa encantadora y fragil – entiéndase la perfecta feminidad – del patinaje. Su áspera condición, resultante de un entorno de pobreza y de unas relaciones tóxicas con todos quienes la rodean, la enfrentan a un público que reconoce sus habilidades pero reprocha su falta de glamour, su inaceptable vulgaridad. Solo lograr en competencia un salto triple axel – mortal diríamos los legos en material de patinaje – pudo encumbrarla fugazmente al escaño de la admiración y los aplausos. Pero a la medianoche la carroza se convierte de nuevo en calabaza y la princesa vuelve, como la cenicienta que es, a fregar los pisos de la casa.

I, Tonya tiene, sin duda, el propulsor de un par de actuaciones soberbias. Merecidísimas las nominaciones al Oscar de la Robbie y de Allison Janney en el papel de su madre, un ser amargo y detestable al que un angel endemoniado impide odiar del todo. Pero pese a la opinión de un buen sector de la crítica, la película no es solo ellas. La relación de este par de portentos actorales con la película, o de la película con ellas, es claramente simbiótica. Se sirven mutuamente porque el guión les da madera para tallar y la talla que logran le pone un alma, tan ponderosa como turbada, a la historia contada. Así como una buena actuación es capaz de potenciar las virtudes de un guión promedio, así también un buen guión y una buena dirección son la plataforma ideal para el lucimiento actoral. En I, Tonya pasa esto ultimo.

Además de sus virtudes actorales I, Tonya es un relato anti heróico contado con un hábil montaje de falsas entrevistas que burla constantemente el binomio realidad-ficción, siriviéndose de una cámara intrusiva que imita muy bien la tormenta anímica de Tonya. Todo además con el perfecto acompañamiento de las canciones que marcaron la época . Vistos así, con la distorsión propia de toda retrospectiva, los ochenta en sus finales, los noventas en sus albores, acuden a la memoria como años de transición en los que la victoria del neoliberalismo sobre la confrontación de ideologías aplanó la imaginación y reemplazó la ambición igualitaria por el confort materialista.

Con su humor cáustico y con una irreverencia inteligente que se burla de una institucionalidad más hipócrita que democrática, I , Tonya aprovecha una historia taquillera y llamativa para mostrar a través de ella qué se esconde y quiénes se esconden detrás – y dentro también – de esos ídolos pasajeros que recogen nuestro insaciable deseo de adorar a alguien, bello para los cánones imperantes en el momento, que cante, baile, pregone, patee un balón de cuero sintético, arengue multitudes o de tres volantines en el aire antes de caer, con las cortantes cuchillas de sus botas, sobre la pista de hielo.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.