Toni Erdmann
Humberto Santana9
LO MEJOR
  • Las actuaciones, la dirección, lo absurda, dulce y sorprendente que resulta ser
LO MALO
  • Aunque resulta infundado, el temor que producen sus dos horas cuarenta y dos minutos de duración
9Notable

AÑO: 2016

DURACIÓN: 2h 42min

GÉNERO: Comedia, Drama

PAÍS: Alemania

DIRECTORA:  Maren Ade

ESTRELLAS: Sandra Hüller, Peter Simonischek, Michael Wittenborn

 

Toni Erdmann es una de esas películas de las que no es fácil hablar. Como un buen chocolate, combina perfectamente amargo y dulzura, de tal forma que la sensación final es maravillosa. Bizarra, sorprendente y refrescante, esta comedia dramática, muy europea, es una clase maestra sobre cómo hacer una película de más de dos horas y media sin que decaiga en ningún momento,  haciendo que el tiempo pase literalmente volando. La forma en que se narra la historia hace que se entienda cómodamente en todo momento en dónde se está, pero nunca se sepa qué rumbo va a tomar.

Padre e hija alejados, él (Peter Simonischek) decide hacer algo al respecto y visita desde Alemania a su hija (Sandra Hüller), una ocupada ejecutiva de una empresa transnacional en Rumania. La trama es sencilla, pero la guionista y directora Maren Ade hace de esta película una experiencia atrapante, demostrando que la comedia puede también -aún sin ningún tipo de ínfulas- tener mucho fondo. Toni Erdmann, además de ser muy divertida, es sobre el sentido de la vida, sobre lo verdaderamente importante, sobre la incomunicación familiar y sobre el humor como llave liberadora.

Las actuaciones de Peter Simonischek y Sandra Hüller son excepcionales. Con personajes reales, palpables, que exudan honestidad y que resultan personificándose con gran coraje, Simonischek y Hüller asumen despreocupadamente el peso de la película sobre sus hombros, haciendo que lo difícil parezca fácil. Toni Erdmann está cargada de excentricidad, y sin duda uno de los contrapesos fundamentales para desvelar sutilmente y poco a poco el mensaje que yace debajo de las demás capas, son las actuaciones. Lo absurdo se percibe como posible, lo disparatado termina siendo no solamente creíble, sino incluso mundano y familiar. Todo lo logran los personajes de Ines y Winfried/Toni, bajo la gran dirección de Maren Ade. Un excelente ejemplo de esto es la inolvidable escena en la que interpretan The Greatest Love of All de Whitney Houston.

Otro punto de contraste y que llama la atención es esa especie de “anti estética” por la que opta la cámara, móvil en muchos momentos, casi a la manera de documental. A pesar de parecer un error de estética, termina siendo fundamental también en ese convertir lo absurdo en creíble, lo excéntrico en cercano.

En una sociedad donde el ridículo, la sensación de vergüenza y bochorno son algo que se evita a toda costa, Toni Erdmann hace del auto avergonzamiento su bandera, la forma de decir que nada importa tanto; que solo importa… lo que importa. Divertida, amarga, dulce y profunda, Toni Erdmann es una de esas películas que se salen del molde y quedan en la memoria.

 

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