Timbuktú
Andrés Quintero M7
Humberto Santana S8.5
7.8Muy buena
Puntuación de los lectores: (2 Votes)
8.0

TÍTULO ORIGINAL: Les chagrin des oiseaux

TOTROS TÍTULOS: Timbuktu

AÑO: 2014

DURACIÓN: 100 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Mauritania

DIRECTOR: Abderrahmane Sissako

ESTRELLAS: Abel Jafri, Hichem Yacoubi, Kettly Noël, Pino Desperado, Toulou Kiki, Ibrahim Ahmed

 

Así como para significar algo que está muy lejos se dice entre nosotros que está en la Patagonia, cuando se trata de rotular algo con el sello de lo exótico, ignoto y misterioso lo asociamos, por su mágica sonoridad, a Timbuctú. Esta ciudad de Mali, país ubicado al noroeste del continente africano, es el escenario y el nombre de la última película del aclamado director mauritano Abderrahmane Sissako.

timbuktu aficheNo obstante el drama que la encubre, la trama de Timbuktu es sencilla: Kidane, un hombre apacible y modesto dedicado al cuidado de su exiguo ganado, vive con Satima su mujer y con su venerada hija Toya. Timbuctú o Tombuctú su ciudad ha sido tomada por yihadistas extremos que han impuesto, con la amenaza de una fuerza más implícita que real, unas reglas, a los ojos de la ideología liberal occidental, pueriles y absurdas: las mujeres deben llevar guantes y medias; salvo la sacra, la música está proscrita, fumar no está permitido y, la más aberrante para un mundo que le rinde masiva pleitesía, está prohibido jugar al fútbol. Como fatal desenlace de un incidente que no debió pasar a mayores, Kidane mata accidentalmente a un vecino que, enojado por el destrozo de sus redes de pesca, había a su vez matado a GPS, una de las reses de Kidane. El ahora desesperado hombre de familia se ve enfrentado a un juicio, liderado por los invasores radicales, cuyas reglas y procedimientos no entiende y cuyo inesperado final será más desgarrador e inhumano que la más abyecta e injusta de las sentencias condenatorias.

Es difícil, por no decir imposible, no estremecerse ante las conductas discriminatorias, inhumanas e irracionales de cualquier culto, político o religioso, que enceguecido por su radicalismo se pretenda portador de una única verdad hallada o revelada. Pero una cosa es este enérgico rechazo ideológico y ético y otra, la forma, el lenguaje, que emplee un creador artístico para exponer una situación de este tipo. A Timbuktu no la hace una buena o mala película la realidad inaceptable y desgarradora que retrata, sino la forma misma en que haya sido elaborado el retrato o la interpretación de esa realidad. Desde esta visión los aciertos narrativos y estéticos de Timbuktu son muchos: su cámara es pausada y eso transmite, en los rostros y en los paisajes, esa sensación desértica de un tiempo polvoriento y ardiente que siempre pareciera transcurrir más lentamente; lo propio pasa con ese conflicto inmanente entre invadido e invasores que no logra estallar del todo pero que en su contención no para de lastimar. Es tal vez en este punto en el que Sissako hace su mayor aporte porque no se queda en el maniqueísmo tradicional que termina deformando y caricaturizando los bandos enfrentados, sino que, bajo la premisa del absurdo esencial de toda confrontación en nombre de dios, explora las facetas más elementales e íntimas que por encima de todo siguen hermanando a quienes, por órdenes superiores muchas veces incomprendidas o maquinalmente obedecidas, se comportan como enemigos. Más allá de los credos hay un plano de atracciones, fútiles como un celular o trascendentes como la unión familiar, que siempre nos recuerdan, entre tantísima diversidad, que somos iguales.

El escaso privilegio de poder ver en nuestra cartelera una película africana de la calidad de Timbuktu no impide criticarle las que en mi concepto son sus aristas más débiles. De una parte está su, a mi juicio, preciosismo algo impostado. Una suerte de tono macondiano que al menos en estas latitudes ya está algo desgastado. Dunas y carpas, paisajes de postal y coloridos vestuarios, personajes estrambóticos y miradas aceitunas y prolongadamente nostálgicas, se usan en demasía transmitiendo una imagen falseada de una ciudad y de su gente que de haberse presentado de una forma más realista, hubiera transmitido con mejor impacto su mensaje. El otro defecto que termina conjugándose con el anterior, es su falta de ritmo. Hay tanta pausa en su línea narrativa, tanto detenimiento en la bella aridez el entorno, que la historia subyacente de confrontación, injusticia y discriminación pierde contundencia.

Las averiguaciones etimológicas enseñan que uno de los posibles significados de Timbuktu es el lugar (Tim) de Buktu, una anciana honorable y cuidadosa a quienes los viajeros confiaban sus pertenencias para emprender, más ligeros de equipaje, su viaje al norte. Cuando se les preguntaba por sus cosas contestaban que las habían dejado en casa de Buktu, en Tim Buktu. Hoy las reseñas virtuales nos hablan de una ciudad agrietada por problemas sociales, económicos y políticos. En este contexto imaginario y desinformado no deja de ser valioso y reconfortante que desde Mauritania, país colindante con el Mali de Timbuktu, un director tan emblemático como Sissako nos ofrezca una visión distinta de una ciudad que es más que su halo de exotismo y misterio y más también, mucho más, que una postal de amarillentas y arenosas construcciones.

timbuktu ciudad 3

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