They Live
Sebastián Hinestrosa9.5
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OTROS TÍTULOS: Están vivos / Sobreviven / John Carpenter’s They Live

AÑO: 1988

DURACIÓN: 94 min

GÉNERO: Suspenso, Ciencia ficción

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: John Carpenter

ESTRELLAS: Roddy Piper, Keith David, Meg Foster

 

¿Se puede diferenciar realmente entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación de adoctrinamiento?” (Marcuse, 1993, p.38-39, el subrayado es mío)

 

 

I.

 

A continuación explicaré a mis lectores más ignorantes qué es un palíndromo.

 

Definición: Palíndromo es una palabra o una frase que se lee igual al derecho y al revés.

 

Ej.

  1. Oso
  2. Ama
  3. Reconocer

 

Ahora instruiré con frases:

 

Ej.

  1. Anita lava la tina
  2. Edipo lo pide
  3. No mara, sometamos o matemos a Ramón

 

Incluso, a modo de dato curioso, existen textos completos o poemas palindrómicos que gente con una habilidad natural para reconocer estructuras morfológicas y sintácticas, como la tuve yo por dos días, construye de manera audaz. De esta manera, un palíndromo puede ser diseñado como un mensaje subliminal.

 

Definición: Un mensaje subliminal es una forma de comunicación preestablecida para pasar bajo los límites de la percepción consciente.

 

Creo que no queda clara mi referencia, pero por el momento no importa.

 

II.

 

¿Cómo They Live (1988) siendo una película con unas mediocres actuaciones, con unos diálogos ridículos, con unas escenas de acción pésimamente ejecutadas, con una anodina música ochentera, con un ritmo de dirección no muy claro, con un diseño de vestuario y de maquillaje típico de una mala confección de terror físico de David Cronemberg y con un bajo presupuesto –à la serie B- puede ser una de las mejores películas de la historia?

 

A pesar de todos los elementos aciagos que mencioné, They Live (1988) es el alfa y el omega del cine subversivo (un saludo especial a Blade Runner (1982), Metropolis (1927), Tiempos Modernos (1936) El Club de la Pelea (1999) y Koyaanisqatsi (1982)). Que la película tenga “defectos” -no sé hasta qué punto intencionales y con un propósito definido- no es significativo para despreciarla. Roger Limerance afirma, desde su insolencia, que uno se tiene que fijar en las virtudes, tanto cuando examina las cosas en la vida como cuando se evalúa a una persona; son las virtudes lo importante–y toca admirarlas- y, por supuesto, no quedarse o limitarse en observar solo los errores. El punto neurálgico es que la película, desde su estética, es coherente con la crítica y con el mensaje que quiere transmitir, y, además que el mensaje es conspicuo, poderoso y relevante para nuestro momento histórico. Las analogías utilizadas por el director funcionan a la perfección, diría yo el subtexto más poderoso en la historia del cine: eso convierte a They Live en una joya. John Carpenter aborrecía el consumismo y la superficialidad de la sociedad norteamericana. Era un renegado, un crítico de la sociedad en la que vivía. Por supuesto, él vivía –y todavía lo hace- en Los Angeles: ¿Qué mejor locación para la película y para hacer una crítica a la sociedad contemporánea que Los Angeles (probablemente la ciudad más superficial del mundo)? La película plantea el tema de la dominación en la sociedad industrial avanzada, la época y el lugar en el que vivimos. Y Carpenter, como director y escritor de la cinta vivía en el epicentro de esa dominación. Otro dato curioso: Carpenter usa en los créditos el pseudónimo de Frank Armitage, personaje de la película, como escritor del guión.

 

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III.

 

Durante distintas épocas han existido lógicas de dominación determinadas: por ejemplo, en la Grecia del siglo IV antes de Cristo existía el esclavismo y era visto con buenos ojos incluso por parte de grandes pensadores. Un ligero tiempo después, en la revolución industrial, y específicamente, en Inglaterra, existió explotación de la burguesía hacia el proletariado a través de métodos crueles. Ahora, ¿Existe dominación masificada en nuestra época? ¿No estamos en los tiempos de la libertad de discurso y de locomoción, de la autonomía, de la democratización en la que la gran mayoría de la población puede acceder a bienes y a servicios de relativa calidad? ¿No somos ahora más libres que nunca?

 

Herbert Marcuse, pensador alemán del siglo XX, y de los pocos filósofos políticos que vale la pena respetar, criticó de manera excelsa la sociedad industrial avanzada y la lógica de la dominación implícita en esta. Su libro: El Hombre Unidimensional (1964) es probablemente uno de los más influyentes en la filosofía política contemporánea.

 

Marcuse, forjando una clarificación conceptual, hace una distinción entre necesidades verdaderas y necesidades falsas. Las necesidades verdaderas son, por ejemplo, las que biológicamente como humanos tenemos: ahí están: comer, respirar, defecar, entre otras. Por otro lado, las necesidades falsas, que a mí me gusta llamar necesidades creadas, son impuestas por intereses sociales para la represión del individuo. Esas necesidades creadas son las que ejercen la dominación. Dice Marcuse: “La mayor parte de las necesidades predominantes de descansar, divertirse, comportarse y consumir de acuerdo a los anuncios, de amar y odiar lo que los otros odian y aman, pertenece a esta categoría de falsas necesidades” (Marcuse, 1993, p.35) ¿Por qué esto es así? La mass-media y la cultura ligada a esta imponen una uniformidad de pensamiento. La exposición a los medios y la cultura que se desprende de esta a manera de presión social, a manera de costumbre o a manera de mimesis, entre otras, van calando en la persona hasta que transforma su manera de pensar: necesidades de vestirse de tal forma, de ir a bares y restaurantes de moda, de tener el automóvil con el mejor performance, de tener una carrera exitosa, de comportarse de una determinada manera, de buscar la belleza para impresionar a los demás, de tener una reputada posición social, de tener la casa más grande y más linda. Todas estas son necesidades impuestas. Al perseguirlas la gente entra en la lógica de dominación, como dominados. “El individuo, en cualquier parte o momento de su existencia, se ha transformado en presa de la opinión pública controlada, de la propaganda y de la administración” (Marcuse, 1969, p.54)

 

Resulta entonces que ahora tenemos necesidades creadas y somos dominados por voluntad propia, es decir, estas necesidades las buscamos nosotros mismos dado que nos generan placer y comodidad, son nuestro ideal prefabricado de vida. Y así, perdemos autonomía con ideales que consideramos auténticos y genuinos nuestros, pero, si uno examina los procesos de decisión para optar por estos ideales, son en realidad impuestos. Es así como nos convertimos en hombres con prejuicios, con opiniones uniformes y preconcebidas: en hombres unidimensionales. La búsqueda de las necesidades creadas es ahora lo que nos domina: “La gente se reconoce en sus mercancías; encuentra su alma en su automóvil, en su aparato de alta fidelidad, su casa, su equipo de cocina. El mecanismo que une el individuo a su sociedad ha cambiado, y el control social se ha incrustado en las nuevas necesidades que ha producido” (Marcuse, 1993, p.39)

 

Moraleja: tal como Ícaro que por querer volar demasiado alto perdió sus alas en su vuelo desde Creta –por su desmedida ambición y confianza-, las personas deben renunciar a ese juego social de necesidades creadas y olvidar volar demasiado alto según una preconcebida necesidad social: cuando se dan cuenta de lo que siguieron toda la vida es demasiado tarde. Entenderán en el momento que no era que su vida propia, era una impuesta, desdichada y fracasada; aparentando y consumiendo. Caerán estrepitosamente como lo hizo Ícaro. Y, colateralmente, lograron perpetuar una lógica de dominación.

 

 

IIII. (como en un Cartier)

 

Después de haber visto They Live por más de 22 ocasiones, considero prodigioso el hecho de que todavía me sorprenda. La sinopsis de la película es muy sencilla y la haré a continuación ya con este previo marco teórico:

 

John Nada (Roddy Piper), subtexto interesante en el nombre del personaje, empieza a trabajar como obrero en Los Angeles y se hace allegado de Frank Armitage (Keith David). Luego de su trabajo, Nada está presente mientras surgen acontecimientos extraños en una pequeña iglesia y luego se da cuenta de la rareza del lugar. Luego, en la noche, la policía destruye el lugar. Nada vuelve al otro día a inspeccionar el destruido templo y encuentra cosas extrañas; también varias gafas de sol, unas que lleva consigo.

Nada sale a la calle y utiliza esas gafas, no sin antes presenciar que la realidad ha cambiado. Ahora, con las gafas puestas, todo lo ve en blanco y negro y todos los textos en la calle tienen mensajes subliminales que él empieza a notar; Nada ahora está viendo la realidad como es y a la que nunca había tenido acceso: por ejemplo, un cartel que dice: “Ven al Caribe” con las gafas puestas dice: “Cásate y reprodúcete”. En anuncios de publicitarios de computadores con las gafas dice: “Obedece”, en el letrero de una tienda de ropa dice, con gafas: “No hay pensamiento independiente”. Ya vemos, entonces, el sentido de los mensajes subliminales en contexto con la crítica a la sociedad industrial avanzada y la lógica de la dominación.

 

Para Nada es imperativo que Armitage presencie la realidad tal como es, con las gafas, y ese deseo desata la mejor pelea de la historia del cine (con la venia a Jackie Chan y solo a sus películas que rodó en Hong Kong). Un subtexto sublime que muestra cómo la gente se niega a ver la realidad y prefiere vivir a ciegas. Además, para redondear la grandeza, hay que sumarle al filme una trama con alienígenas ¿Tendrá que ver con la etimología de alienación y será una referencia directa?

Muchas críticas recibió y recibirá la película: la historia artificial, lo ridículo de las situaciones, el tipo de humor, la dirección, que Piper no era actor sino luchador de lucha libre. Seguramente en el Olimpo de los dioses de la actuación Kinsky, Brando y Bogart se deben estar revolcando al ver el trabajo de Piper. No importa, repito, ese no es el punto de la película. They Live es la síntesis audiovisual de la teoría crítica de la sociedad de Marcuse, según mi opinión. Digo yo entonces, como diría un amigo vaquero: en el mundo existen dos tipos de personas: unas con gafas y otras sin gafas.

 

*Dedicado a Laura Martínez, serendipia y razón de este texto.

La Ruta nos aportó otro paso natural.

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BIBLIOGRAFÍA:

 

Marcuse, Herbert (1993). El Hombre Unidimensional. México D.F: Planeta.

Marcuse, Herbert (1969). La Sociedad Industrial y el Marxismo. Buenos Aires: Quintaria.

 

 

 

 

Sobre El Autor

Sebastián Hinestrosa
Colaborador en Los Angeles, California

Colaborador en Los Angeles, California

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