El jinete
Humberto Santana10
LO MEJOR
  • La dirección, la cámara y cómo en conjunto revelan los personajes y su historia
LO MALO
  • Nada
10Excelente

TÍTULO ORIGINAL: The Rider

AÑO: 2017

DURACIÓN: 1h 44min

GÉNERO: Drama, Western

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTORA:  Chloé Zhao

ESTRELLAS: Brady Jandreau, Tim Jandreau, Lilly Jandreau, Terri Dawn Pourier, Cat Clifford, Lane Scott, Tanner Langdeau

 

La película de Chloé Zhao es única. Diferente a todo lo usual en la forma como fue concebida, pero más allá de eso, única en su resultado. Es un cine que si bien termina siendo absolutamente estructurado, tanto como una película perfectamente planeada con anterioridad, se construye sobe la marcha, casi como un cuadro de Jackson Pollock: si bien es verdad que cualquiera de sus obras tuvo siempre una idea clara, tanto o más hay de instinto, de incorporar lo imprevisto, de configurar su arte sin planearlo previamente, paso a paso hasta llegar a la obra maestra.

Zhao toma un grupo de personas de Pine Ridge, Dakota del Sur, y a partir de propias vidas, armando este elenco de actores-no-actores, escribe un guion (en parte real y en parte ficticio) que retrata con una sensibilidad abrumadora toda una forma de vida. La historia central es la de Brady Blackburn (Brady Jandreau), un jinete de rodeo que a partir de una caída que lo deja con una serie de problemas físicos en cabeza y mano, debe buscar la manera de volver a hacer lo único que conoce, lo único que quiere, que es cabalgar. La caída ocurrió después de que la directora y guionista ya estuviera pensando en hacer la película con Jandreau como eje de la historia.

 

 

Las caracterizaciones, desde la principal hasta las menos protagonistas, son asombrosas. Logran unos niveles de empatía, intimidad, profundidad y emoción que pocas veces se ven. Lo hacen además con aplomo y balance, con una elegancia cinematográfica atribuible sin duda alguna a la mano de su directora. Porque si bien estas personas de la vida real lo que hacen en gran medida es ser ellos mismos, es un logro de su directora conseguir transmitir esa emotividad que quiere registrar para su narración, crear esa atmósfera natural y palpable que les permite seguir una idea como si la estuvieran viviendo en el momento, casi como si la cámara fuese invisible, inexistente.

 

 

Pero sí que existe la cámara, el otro elemento fundamental para que The Rider sea lo que es. Con un manejo en la misma línea filosófica de Zhao, Joshua James Richards improvisa gran parte del tiempo capturando con una maestría inobjetable la historia misma, al punto que hay momentos en los que se siente que los diálogos podrían omitirse. Si bien contiene encuadres inspiradores y visualmente bellos, más allá de esto quiere sumergirnos en un mundo aparte y, con el grado de detalle preciso, quiere relatar visualmente las emociones, los pensamientos, la sicología de unos personajes abrumados y silenciosos.

 

 

Intelectuales han sostenido que al hombre lo define lo que piensa. Otros dicen que lo define lo que hace. Brady, este personaje sencillo y complejo a la vez, propone que al hombre lo que lo define es más bien su propia búsqueda, la búsqueda por encontrar su razón de ser.

The Rider expone un drama de vida crudo, uno de adversidades y nubes grises, pero también de coraje y bondad, humanizadas (y no disminuidas) por sus propios defectos. Y si bien esta película de la prometedora Chloé Zhao contiene en su esencia elementos universalmente difíciles, su resultado -para terminar como se comenzó- es cálidamente único: pocas veces en la historia de la cinematografía se ha logrado capturar en film, de una forma tan auténtica y real, la redención.

 

(The Rider puede verse en algunas regiones en HBO aquí)

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