Te amaré eternamente
Andrés Quintero 5
LO MEJOR
  • Una idea llena de posibilidades
  • El manejo del paisaje al que nos tiene acostumbrado Tornatore
  • El tono nostálgico al que también nos tiene acostumbrados Tornatore
LO MALO
  • Por vacío, un preciosismo que no transmite mayor cosa
  • Unas actuaciones sin pena ni gloria
5Pasable

LA CORRESPONDENCIA AFICHETÍTULO ORIGINAL: La corrispondenza

OTROS TÍTULOS: La correspondencia / Correspondence

AÑO: 2016

DURACIÓN: 116 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Italia

DIRECTOR: Guiseppe Tornatore

ESTRELLAS: Jeremy Irons, Olga Kurylenko, Shauna Macdonald, Darren Whitfield, Simon Meacock

 

En el cine como en las demás artes un éxito inesperado y tempranero puede catapultar o sepultar a su dueño. Puede ser la puerta de entrada a un camino de crecimiento o puede ser también uno de esos inopinados ascensos a los que solo les siguen fallidos remedos de la cima alcanzada. Cinema Paradiso la segunda película del famoso director italiano Guiseppe Tornatore fue su gran fogonazo. En 1989, con poco más de treinta años, Tornatore y su Cinema Paradiso se alzan, entre otros, con un Oscar a mejor película de habla no inglesa y con un Globo de Oro. El mundo entero se enamoró de ese bello y vibrante tributo al cine personificado por Alfredo, operador de la sala de proyecciones en un cine de pueblo y por el pequeño Salvatore, su compinche y discípulo. En la memoria cinéfila colectiva quedó por siempre grabada la escena en la que Salvatore ya mayor regresa a su pueblo y se sienta a ver, los ojos anegados en llanto y la música de Ennio Morricone inundándolo todo, ese estremecedor collage de besos y abrazos mutilados de las cintas que en su momento proyectó Alfredo y que terminó armando, sin quererlo, la campanilla censora del cura del pueblo.

CINEMA PARADISO

Apenas en el arranque de su carrera como director, Cinema Paradiso se le convirtió a Tornatore en el sueño realizado y, también, en el preámbulo de una trayectoria cinematográfica llena, a mi juicio, de logros discretos, desaciertos y bandazos. “Del mismo director de Cinema Paradiso” fue y sigue siendo el sello con el que siempre se presentan sus trabajos. Un anzuelo ingenuo y perverso en el que desde hace ya muchos años los espectadores dejaron, dejamos, de caer. Lejos de ayudar en la promoción de sus siguientes trabajos, la referencia a su obra cumbre solo ayudó a deslucir sus nuevas películas. Siempre se esperaba – incluso más allá de la propia calidad cinematográfica – ese reencuentro con la sensibilidad que en su momento produjo la oda al cine que fue y será por siempre Cinema Paradiso. Se la esperaba y no se la encontraba porque en sus siguientes trabajos Tornatore se volcó, con pinceladas de drama y misterio, sobre un preciosismo formal y nada convincente. Intentó de mil maneras recomponer la fórmula emotiva de Cinema pero siempre, sutil o estrepitosamente, se distanció de su objetivo. En el fallido intento por despegarse de su sombra, fue su premiada obra la que terminó ensombreciendo el resto de su trabajo cinematográfico. Como suele pasar con ciertas creaciones y en una imperfecta reformulación del mito de Prometeo, fue Cinema Paradiso la que terminó adueñándose de Tornatore. No al revés.

Por el respeto hacia una trayectoria seria y hacia un hombre que, más allá de toda discusión, se convirtió en un referente obligado del cine italiano,  la obra de Tornatore se ganó un justo lugar en la historia del cine y es imposible no volver la mirada hacia el trabajo que venga con su nombre.  Su última película, La correspondencia ( Te amaré eternamente en nuestra cartelera), es la historia de Amy (Olga Kurylenko)  una joven enamorada de Ed Phoerum (Jeremy Irons) su profesor de astrofísica.  Para darle  contexto al asunto hay que precisar que él la dobla en edad y que ella, cuando Cupido la flecha, anda arriesgando sus treinta y tantos años en su oficio actoral de doble de acción para escenas de alto peligro.  Lo curioso y llamativo del asunto es que imbuido en tesis sobre la perdurabilidad galáctica de las estrellas cuando mueren y otras rarezas cósmicas por el estilo, Ed, emulando a las estrellas,  planea y monta, con la precisión de un viejo relojero suizo,  un sistema de cartas, regalos, mensajes, llamadas  y mensajes que le aseguren a su amada su presencia cuando él, terrestre finito,  ya  no sea otra cosa que pura ausencia. De allí el almibarado y desafortunado nombre de Te amaré eternamente.

LA CORRESPONDENCIA SEC

Pese a lo llamativo de la idea que quiso desarrollar, la historia sucumbe desde un principio y La Correspondencia  no es ni una reivindicación del género epistolar  que en lugar de morir como creen algunos cada día se  reinventa astutamente en  mensajes fugaces y en correos electrónicos con fotos y videos, ni es, tampoco,  una exploración  seria sobre la perdurabilidad del amor después de la muerte.   Y no es que Tornatore haya vuelto a fracasar con su estilo evocador y preciosista. No es eso, es más simple que eso: es que así es Tornatore. Para alguien o quizás para muchos, su estilo será cautivante y su trabajo cinematográfico una muestra de fidelidad al mismo. Para otros, entre los que me cuento, el estilo ha ido menoscabando la calidad de su filmografía porque se ha quedado en una periferia sentimental sin sustancia ni fondo. Tornatore es un siciliano puro que creció mirando al Mediterráneo y que lleva grabada en la sangre esa manera afectada y a la vez cálida de mirar el mundo.  El que se conecte con ella seguramente disfrutará enormemente su cine; el que no, lo sentirá un tanto postizo y artificialmente emotivo.  Fue esto precisamente lo me sucedió en La Correspondencia.  El romance entre Ed y Amy nunca termina de cuajar y el mensaje de la perdurabilidad asegurada por la autenticidad del amor resulta incluso cargante.  La película es la crónica de esta mujer que deambula como  alma en pena recibiendo y recogiendo mensajes, correos y regalos de un amado  que habiéndose ido, se resiste a partir escudado en unas teorías pseudo siderales o galácticas que nadie está interesado en entender.

¿Qué fue entonces lo que pasó hace ya más de un cuarto de siglo con Cinema Paradiso? Porque no nos pareció cargada, preciosista o fingida y en cambio sí vibrante, emocionante y complaciente? Una buena respuesta llevaría muchas líneas pero me atrevo a decir que en ese momento el estilo naciente de Tornatore encontró el terreno propicio para expresarse. Sus personajes, la historia simple, el delicioso encanto de la nostalgia y, especialmente, el embrujo que siempre provoca la reminiscencia blanquinegra del cine, fueron los elementos para el temprano y justo lucimiento de este, entonces, joven director italiano.  Cinema estuvo para ser contada por Tornatore y lo  hizo, a su estilo, de manera extraordinaria. A juicio de quien esto escribe lo que pasó después y lo que alcanza una de sus notas más discordantes en La correspondencia, es que el director italiano pensó que esa misma manera de contar se acoplaría a otras historias con el mismo efecto estremecedor que logró en el 88. Y no fue así.

Puede pasar  con los directores de cine lo que a veces pasa con los jugadores de fútbol. De pronto destellan siendo muy jóvenes y cuando apenas  comienzan su carrera. El mundo entero los ovaciona y, en la tribuna o en la sala, los espectadores ansiosos esperan su próximo juego, su próxima película.  Después de estos lo que a veces pasa es que al delirio riesgosamente amplificado del inicio le sigue el desencanto. O se le creía mejor o, cuando menos, se tenía la expectativa de que mantuviese la calidad de su rutilante despego. Tornatore se jugó un partidazo al comienzo. Debió dejarlo atrás e intentar otras estrategias pero eso hubiera ido en contra de su propia concepción del juego.  Esa es y será ya por siempre su manera de ver el mundo y de hacer cine: mediterránea, barroca, profusa, marina; en otras palabras, profundamente siciliana.  Hay que decirlo de nuevo:  fue tan profunda la huella que Cinema Paradiso le marcó a Tornatore que luego nunca pudo reconocerse ni ser reconocido sin ella

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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