Taxi Teherán
Diego Solorzano9
LO MEJOR
  • El amor por el cine, está llena de amor hacia el arte y su forma de narrar acontecimientos importantes
  • El corazon con el que expresa su tragedia, el humor que disfraza la critica, la esperanza del mensaje
  • Su direccion, inteligente y espontanea, logra engañarte continuamente, encandila su experimento cinematografico
LO MALO
  • Es una pelicula divisiva y que por su contexto, probablemente no logrará conectar con gran parte del publico (Aunque esto no es culpa de la pelicula)
9Notable

Taxi_Teher_n-777627015-largeTÍTULO ORIGINAL: Taxí Teherán

AÑO: 2015

DURACIÓN: 82 min

GÉNERO: Falso Documental, Comedia

PAÍS: Irán

DIRECTOR: Jafar Panahi

ESTRELLAS: Jafar Panahi

 

 

“Se debe estar dispuesto a arriesgar todo para expresarlo todo”

John Cassavetes

 

¿Hasta qué punto tienen verdadera injerencia la política y la reivindicación de autores en los festivales de cine? ¿Incluso en nuestra percepción de sus películas? Mucha tinta se ha vertido sobre Taxi Teherán y su justificación para llevarse el prestigioso Oso de oro en Berlín hace un año. No en balde las circunstancias que rodean a la película la hacen blanco fácil de detractores del festival, o simplemente críticos menos entusiastas con la nueva obra del reconocido director iraní Jafar Panahi, realizador polifacético que se encuentra inhabilitado por su propio gobierno para salir del país tras una extensa temporada en encierro (por motivos políticos y cinematográficos), hasta el punto de prohibirle dirigir películas, maniobras grotescas de represión a la libertad de expresión y sin duda razón por la cual nace el particular falso documental que esta vez, con muy pocos recursos y demasiado amor, Panahi brinda al cine no solo como obra personal sino como un llamado de atención.

Me desprenderé de la decisión en la Berlinale y las dudas que pueda arrojar la película de Panahi para hacer una reflexión sobre el cine, pues Taxi Teherán imbuye al espectador con ella, le hace preguntarse hasta qué punto es real lo que está viendo o si un guion mueve los hilos detrás de la tragedia que expone su director. Explica aquel viejo adagio que describe perfectamente el arte del cine como una mentira que sirve para contar la verdad; nadie como el iraní en su precaria situación puede dar prueba de ello. Panahi empapa la película no solo de crítica social sino de buen cine, un cine que está en franca extinción a nivel comercial (solo hay que ver la dificultad de distribución que tiene esta película tanto dentro como fuera de su país) y que sirve para alarmar sobre los acontecimientos en lejanas (pero no menos importantes) tierras extranjeras. No hay más que seguir los rumores de Cannes donde se llegó a afirmar que la película llegó en una pen drive escondida dentro de una torta falsa.

Para llamar nuestra atención el iraní aprovecha los pocos medios con los que cuenta y se lanza en una atípica y hermosa road movie con su cámara y un taxi. Fingiendo conducir por las calles de Teherán, el reconocido (y marginal) director entrevista de manera espontánea a sus pasajeros sobre su vida, su sentir en Teherán, sus pensamientos e ideales, su espiritualidad en un sistema religioso más denso de lo que conocemos en occidente, y en lugar con una estructura política mucho más cerrada y opresiva que la información que desgrana internet. Las calles se convierten en un ser viviente y en el único modo que tiene el cineasta para contar su historia, una trama divertida y esperanzadora. Es increíble que un hombre que ha llegado a grabar incluso cuando estaba encerrado en su hogar, mantiene una óptica tan llena de luz y esperanza por su país a través de una obsesiva y necesaria visión cinematográfica. Pocos directores adoran tanto el cine como el iraní, pocos harían tanto por seguir narrando verdades tras mentiras bien disimuladas.

Imagen-Taxi-Teherán

Pues en Taxi Teherán todo se siente auténtico, la improvisada cámara en el habitáculo de su auto rompe las barreras entre el cine convencional y el documental, es fascinante y personal, íntima y desgarradora ante la necesidad que tiene su director de narrar las peripecias de una sociedad que pese a todo quiere salir adelante. Adora sus costumbres la mayoría del tiempo y espera que todo salga bien, las palabras de sus clientes son una extensión de su pensamiento. Panahi no se corta ni un momento en su grabación y la película se siente viva, como poesía de protesta en su más básica expresión, cine de autor y cine de supervivencia, cine de amor hacia el cine y cine de protesta ante todo. Taxi Teherán es la última tesis sobre el cine y una película que no solo es excelente por su visión crítica y demostrativa, sino por su importancia en el aprovechamiento de recursos. El Gran Cassavetes estaría orgulloso y dolido por nosotros ante tal despliegue de recursos, en medio del riesgo y el peligro de volver al encierro.

Entiendo perfectamente las críticas al jurando en Berlín, Taxi Teherán no es una película para todos y su discurso puede ser visto con alevosía y más importancia ideológica que cinematográfica. Aunque no esté de acuerdo es normal que una película con un contexto social y político tan marcado sea vista con recelo e intolerancia. Sin embargo personalmente nunca encontré reproche del director a su situación, nunca encontré sobreexposición o dramatismo exacerbado, pese a tener un fuerte y poderoso mensaje político. La capacidad de Panahi para esconder crítica bajo una coraza de inteligencia y humor (hay un par de escenas que arrancaron carcajadas a gran parte del público) se ha refinado con el paso de los años, y por la súbita y difícil represión en aumento. En Taxi Teherán la formula se compenetra a la perfección, y a diferencia de filmografías de otros directores, el discurso no se come a la buena narrativa.

El final me parece maravilloso, el in crescendo narrativo nunca desentona y la crítica, pese a hacerse más fuerte y desgarbada, no damnifica la calidad de la cinta. Hacia el final se ve aún más claro el amor de su director hacia el cine, imprime su corazón en la película, y nunca podría haber sido posible sin esa necesidad personal de hacer cine, de contar historias. Nos regala momentos finales que caminan entre las lágrimas de risa y de tristeza. No es necesario abordar la naturaleza de los actores (¿O no actores?) que conforman la cinta, cada uno de ellos está conformado por verdaderas opiniones y reacciones hacia el régimen iraní, hacia su religión y estilo de vida. El costumbrismo está tan arraigado a su director que logra engañarnos, es un artificio de la realidad francamente hermoso.

Finalmente no puedo encontrar más palabras que alabanzas a una película con tanta alma y emoción. No es menester decidir por el jurado de Berlín, pero sí elogio de manera incontestable la visibilidad que han dado a una cinta tan crucial en los tiempos que vivimos y que narra un modo de vivir que no podemos borrar de nuestra memoria. Sin duda alguna de no haber sido por el Oso de oro que recogió entre lágrimas la pequeña sobrina de Panahi (que no puede salir del país, es un prisionero político) esta película no habría llegado a nuestro país. Es una pena (pero lo entiendo) que no atraiga al público en general, pero si logra llegar al corazón de una persona tanto como ha llegado al mío, es un triunfo que su director -estoy completamente seguro- se alegra de alcanzar.

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Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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