Tanta agua
Andres Quintero7
LO MEJOR
  • Logra atraer sin echar mano de los enganches emotivos tradicionales
  • La discreta reivindicación de lo ordinario
  • Que mucho termine pasando sin haber pasado nada
LO PEOR
  • La ausencia del motor dramático al que tan enseñados estamos
  • Un ritmo que bordea peligrosamente el hastío.
7Buena

Tanta agua aficheTÍTULO ORIGINAL: Tanta agua

AÑO: 2013

DURACIÓN: 102 min

GÉNERO: Drama, Comedia

PAÍS: Uruguay

DIRECTOR: Leticia Jorge, Ana Guevara

ESTRELLAS:  Malú Chouza, Néstor Guzzini, Joaquín Castiglioni

Lo primero que me gustó de la película fue la sonoridad de su nombre: Tanta agua. La cortedad de sus palabras y la abundancia de la letra “a” causan una sensación  burbujeante,  una impresión de derrame o, incluso, una imagen de inminente ahogo. No pasa lo mismo con sus traducciones. Ni la inglesa So much water, ni la  francesa Beaucoup d´eau  producen ese mismo cosquilleo húmedo que provoca el título en español. Quizás el título en francés se acerca más a este efecto por la presencia de la palabra eau (agua) en la palabra beaucoup (mucho/a). En todo caso me quedo pensando como pudo haber sido el hallazgo de este nombre e imagino los muchos que sobre los papeles o las pantallas escribieron y tacharon y guardaron Leticia Jorge y Ana Guevara las directoras y guionistas uruguayas que se estrenaron en el oficio con esta película que  a medida que más se la piensa e interioriza, más nos va calando y gustando. Por algún estereotipo uruguayo que tengo en la cabeza, las imagino con las bombillas de sus mates en la boca proponiendo este y descartando aquel otro nombre hasta llegar,  por fin de acuerdo y  felices, al de Tanta agua.

Lo segundo que me gustó de la película fue el abandono premeditado pero sutil de todos los ganchos de atracción que suele emplear el cine. En Tanta agua no se ve la irrealidad de esos personajes artificialmente bellos o feos o heroicos o fingidamente fracasados o marginales. Se ven en cambio seres cotidianos, poco atractivos, casi que, incómodamente, ordinarios. Algo parecido sucede con la ambientación.  La cámara no se extasía, captándolos desde ángulos vedados al ojo humano,  en llanuras inmensas o en mares crepusculares o en salones rutilantes. Modesta, Tanta agua se conforma con los rápidos vistazos que le da a un hotel cualquiera, a uno de esos de “ambiente familiar” que pululan en el planeta y a los espacios que le rodean: el supermercado, el bar, el pueblo cercano. Pero sobre todo Tanta agua ni siquiera se sirve de una trama que vaya cautivando al espectador. Para decirlo de una más simple manera, en Tanta agua no pasa nada o, mejor, la única que pasa es la tanta agua que cae del cielo, repica en la solitaria piscina, dibuja infinidad de gotas en los vidrios de los coches y lo anega todo en una suerte de lentísima y húmeda parsimonia. Y sin embargo no estamos ante un vacío tedioso, ni estamos tampoco ante una de esas pretenciosas películas  que quieren hacernos creer que en la nada que mostraron está  lo mucho que debemos ver. Tanta agua es la recuperación, en tono menor, del sentido mismo de esa ordinariez de la que ninguno de nosotros puede – y tampoco  quiere – escapar. Hacer con un material tan básico una buena película fue el desafío al que se enfrentaron estas directoras uruguayas con un resultado que logra sorprender a partir de la renuncia a todo elemento cautivante o sorpresivo.

Tanta agua secundaria

Tanta agua son los días de vacaciones que pasan papá separado e hijos –  ella adolescente y él bordeando los diez años –   en un  modesto hotel. Durante el paseo no hace otra cosa que llover y la entretención se limita a comer, ver tele y dormitar. Cómo hacer una buena película  con ingredientes tan insulsos? Pues es allí donde, casi sin quererlo, Tanta agua alcanza su objetivo. Sin apelar a acontecimientos extremos y sin pintar de drama las relaciones entre padre e hija, la película de las uruguayas logra transmitir esa sensación de estar presente pero sin estarlo, tan propia del adolescente. Lucía,  desconectada y ausente, miente pero no es una mentirosa; Lucía disiente pero no es una rebelde; Lucia se acerca a los chicos pero luego los rehuye; Lucía se fue de casa con su padre y su hermano pero nunca salió de ella; a Lucía solo le apetece perderse o, habiendo tanta agua,  sumergirse en ella.  Para captar ese no hallarse, esa desazón que no es tristeza pero duele y ese hueco incomprensible pero confortable en el que se esconde el adolescente, Tanta agua utiliza el mismo lenguaje de esta edad convulsa y transicional, un lenguaje nada evidente, nada explícito que en la película parece confundirse con aquel otro,  indescifrable y melancólico, de la lluvia que no cesa de caer.

Lo tercero que me gustó de la película fue saberla dirigida y escrita por dos mujeres y que es, de ambas, su opera prima. Lo de que sea dirigida por mujeres pareciera, aún por positivo, discriminatorio.  Nada debiera  deberse al género de quien escribe o dirige o, dicho de otro, todo debiera valorarse por el resultado y no por el género de quien lo produce. Sin embargo no puedo dejar de realzar la manera única como la mujer capta y transmite algunas realidades. El suyo es  siempre un lenguaje que tiene algo de subcutáneo, de halo, de fuerza contenida. Cuando esta sensibilidad se lleva a la pantalla los códigos cambian y los implícitos se vuelven importantes, es entonces cuando los silencios mejor hablan y cuando el que nada pase se convierte en un acontecimiento de especial significado.  Que Tanta agua sea la opera prima de  Ana Guevara y Leticia Jorge es el anuncio de cosas buenas pero es sobre todo la prueba de cómo hacer un cine discreto pero valioso,  casi callado pero enormemente diciente.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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