Tan Cerca Tan Fuerte
Autor6
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)7
6.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
8.5
TÍTULO ORIGINAL: Extremely Loud & Incredibly CloseOTROS TÍTULOS: Tan fuerte y tan cerca

Si nos tocara reducir a adjetivos la obra reciente del director Stephen Daldry diríamos: Billy Elliot, emotiva; Las Horas, conmovedora; La Lectora, irregular y Tan cerca tan fuerte, manipuladora. En efecto, en su último trabajo, la injustamente nominada al Oscar Tan cerca tan fuerte, Daldry echa mano de los recursos más baratos para conmover, sólo periféricamente, al espectador. Ya de por sí la historia tiene su gran potencial lacrimógeno. Oskar (Thomas Horn) es un niño precoz que luego de perder a su padre (Tom Hanks) en la tragedia del 11/9, se dedica a descifrar el secreto que este le dejó: la cerradura que ha de abrir una misteriosa llave abandonada en un jarrón azul.  Mientras que el muchacho merodea fantasiosamente por todos los rincones de Nueva York, su madre (Sandra Bullock) lo sigue de cerca procurando recuperar el espacio amoroso que por años colmó su amado esposo.  El solo resumen de la historia ya pone en evidencia una trama que se tejió con la clara intención de usar todas y cada una de sus puntadas para atacar la piel, que no el alma, de los espectadores.
Han dicho algunos que lo único rescatable de esta prescindible película es la actuación de Horn. Tengo mis dudas. Una cosa es la destreza que aflora del talento y otra que esa misma destreza se encauce a través de un personaje creíble, por fantasioso que este sea. Oskar es, por caricaturesco, un tanto empalagoso. Que ese defecto no le sea atribuible al actor sino al creador del personaje es parcialmente cierto porque al personaje siempre lo moldea, en definitiva, la caracterización que le imprima su portador.

De las otras actuaciones, especialmente la de la Bullock, sólo decir que como ya es habitual en sus roles sus personajes son demasiado ella y no aquellos otros que debieran ser ; la Bullock es una mujer bella que nunca logra despojarse de la estela de su estrellato opacando así, paradójicamente,  todos sus personajes. Quizás excepcione la regla, confirmándola, su discreto y muy bien logrado papel en Crash (Paul Haggis, 2004). Hasta al propio Max Von Sydow, el abuelo de Oskar y candidatizado también a un Oscar como actor de reparto, le endosan un papel cuyo atractivo aparente pronto se disuelve en una impostura pasada de raya. Y del gran Hanks sólo decir que hay quienes nos quedamos, o nos estancamos,  con su personaje en Filadelfia (Jonathan Demme 1993), un hombre al que su agonía no le impide estremecerse ante la soberbia interpretación de la Mamma morta de Giordano en la voz de la Calla. Después ha hecho cosas importantes pero como pasa con  su compañera de reparto, sus personajes siempre adolecen de un aire constante de apenas buen fingimiento

Para que sea valioso y perdurable, el efecto emotivo en el cine no debe ser el resultado facilista de acudir a esas herramientas sensibleras del montón cuya eficacia de pacotilla ya está más que comprobada. Este es, sin más, el gran defecto de Tan cerca tan fuerte. Daldry, que no es ningún novato en el asunto, se dejó tentar por esas fichas conocidas que si bien parecieran conmover, en el fondo no causan conmoción alguna y dejan en el espectador un cierto sinsabor de embauco, una incómoda sensación de una bienintencionada pero burda manipulación. 
Cuando en el cine se alcanza bien el efecto emotivo antes que el llanto lo que se logra en el espectador es esa anegación en los ojos que vuelve por un instante acuosa la imagen que estos ven; la emoción lograda es aquella que alcanza un ritmo sostenido durante la trama y no, como tantas veces sucede cuando se la manipula, esa emoción instantánea provocada por una imagen prefabricada o por unos personajes trillados a los que se les explota, abusivamente,  su arista conmovedora. Me refiero, por ejemplo, a la mentirosa ternura del viejo o al sacrificio que tanto se presta – y entonces apesta – para exagerar el rol de la madre abnegada. Personajes que están hechos a puntos de falsetes y que apuntan hacia el blanco fácil de la emoción cutánea y no, que es lo difícil y a la vez lo valioso,  hacia ese estremecimiento contenido que suele quedarse adherido en algún recoveco interno y que nada tiene que ver ni con la lágrima fácil, ni con el aplauso emocionado.
Los logros emotivos de Tan cerca tan fuerte son bagatelas pasajeras. Lo cuestionable  no es que lo sean, lo cuestionable es que se los haya revestido de trascendencia para colarlos, incluso en los corredores chismosos de la Academia,  con la impronta postiza de una buena película. 
La emoción, la perdurable, no es un chispeo instantáneo del sentimiento es , más bien, una sacudida del alma.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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