Stefan Zweig: Adiós a Europa
César Padilla Herrera9
LO MEJOR
  • Es una película documentada. Precisamente, en cada viaje hubo fotografías, desde estas se hizo la película. Por eso da la sensación de pasar hojas de un álbum.
  • Los gestos impecables en el rostro de Josef Hader
  • María Schrader, una revelación.
LO MALO
  • Una neutralidad excesiva.
9Muy Buena
Puntuación de los lectores: (10 Votes)
9.1

TÍTULO ORIGINAL: Stefan Zweig: Farewell to Europe

AÑO: 2016

DURACIÓN: 106 min.

GÉNERO: Drama

PAÍS: Austria

DIRECTORA: Maria Schrader

REPARTO:  Josef Hader, Aenne Schwarz, Tómas Lemarquis, Barbara Sukowa.

Esos hombres ya murieron” es una oración oscura. El contexto esta oculto, la red en que está inscripta para conocer su propósito también lo está. Así es la trama de esta película, pues como en la frase, no hay contexto. En vez de contar toda la vida de un hombre, la directora muestra solo sus últimos días, el ocaso azaroso de Stefan Zweig, y aún así es suficiente. El ritmo de ese ocaso, marcado por un largo itinerario de viajes, sin los días calmos o el andar pausado de la buena senectud, acaba con dos cartas y un suicidio. Está película rememora el peregrinar sin patria de Zweig antes de su final definitivo aunque lo hace sin mirar hacia atrás, allá donde se quedó el escritor, la obra y la vida. Por eso mientras comento este buen film haré apuntes cortos para darle forma al contexto.

Antes de suicidarse, Zweig escribió dos cartas de despedida, no olvidemos que era un tipo de corte pseudo-aristocrático de diplomacias y deferencias, a veces, me parece a mi, demasiado consciente de su Europeidad. Pues bien, la primera de esas cartas, la dirige a sus conocidos, muchos de los cuales lo ayudaron en el exilio; la leen, en una magistral escena, al final de la película. La segunda carta, mucho más robusta, cuyos destinatarios son sus lectores, es El Mundo de Ayer (2015). Dicho libro es tanto un sumario de su vida en el mundo previo a las dos guerras, como un manifiesto de lo que le faltó a ese mundo en el pasado y que lo llevó a marcharse anticipadamente eso sí explicando su adiós.

 

 

El Mundo de Ayer ofrece varias de las anécdotas con las cuales podemos llenar los espacios vacíos de la biografía del austríaco. Esos que quizá intencionalmente Maria Schrader dejó en la película porque sabía que el libro decía lo suficiente sobre la vida del austríaco. Precisamente, para saber más sobre el protagonista del film, volver a algunas anécdotas resultará interesante. Así pues contrasto algunas anécdotas del libro con la propuesta de la película. De este surge mi juicio sobre lo que hizo Schrader: una película sobria, muy cercana a la segunda carta, en tal orden parece mostrar lucidamente a Zweig sin necesidad de recabar demasiado en su obra, dice sin decir, y así está bien. Es por todo eso, un film lento y triste que nos recuerda a un buen tipo, el que siempre estuvo detrás del gran escritor.

1. Ni soldado, ni militante, escritor

En la película muestran algo curioso de Zweig, el tipo antes que hombre era un intelectual, uno judío. Lógicamente, se espera de los intelectuales las ideas poco comunes, para eso se dedican a pensar pausadamente ¿no? no como los hombres puros, ellos son pura voluntad poco pensamiento. Ahora, cuando un régimen como el nazi obliga a cualquiera a exiliarse, digamos en suramérica, pues hasta el intelectual se gana el derecho a ser más voluntad, menos razón; a ser hombre puro. Y no, Zweig jamás sintió que exiliado como estaba tenía derecho a la revancha ni siquiera a la denuncia. El tipo era la conjunción de sensibilidad y confianza absoluta en el sentido producido por el pensamiento pausado; es más a lo largo del film solo tiene un sobresalto. En esto, acierta la película.

 

 

Entonces,  en la película Zweig ante el régimen nazi propuso más eventos de literatura. Espacios donde los talentos judíos pudieran tener una plataforma de difusión del arte elevado, que según el austríaco, elaboraban. Así, a la barbarie hay que ponerle de frente la civilización; al crimen nazi, la cultura judía; a la acción vulgar, el pensamiento denso. Claramente, a sus amigos no les gustó la propuesta, para ellos eso no significaría actuar en contra de los nazis, para Zweig significaba un acto de enormes proporciones cuyo mensaje oculto era: el mundo nos necesita, no será igual sin nosotros, es más no podrá aspirar a ser mejor si nos extermina y la deuda será impagable. Algunos de los asistentes a el evento literario donde Zweig sugiere lo anterior se molestan, le exigían una posición clara, contundente y rabiosa. ¡Caramba! como juzgarlos, digamos una tontera: Zweig no había escrito el Mundo de Ayer, por tanto aquellos asistentes nada sabían sobre esa prudencia a la que jamás renunció el austríaco.

En algunas anécdotas, que resumo a partir del libro, hay varios signos de la prudencia del austríaco, de su manera de entender la vida. Así en Universitas Vitae (Pág. 160 y 161)  Zweig describe el malestar que le produjo su experiencia en la universidad. En dicha institución observó: distinciones irrisorias, cicatrices de esgrima, ostracismos, servilismos, y lo peor, agresividad. Para él, el máximo valor era la libertad individual, para la universidad no, esta sometía esa libertad del talentoso tan esencial para cultivar las mejores obras. En Eros Matutinus, objeta la represión de los sentidos, cuestiona que el amor solo pudiera darse a escondidas, presenta cómo poco usual en el mundo del ayer hablar franca y abiertamente de la sexualidad, se aterra a las oposiciones de las obras de Isadora Ducan, se siente libertario y feminista. Finalmente, en la Escuela del Siglo Pasado, Zweig relata lo estática y fatigante que resultaban, nuevamente, la institución educativa. Era el talento lo que se perdía en esa institución educativa del siglo pasado del imperio astrohúngaro. Todos los compañeros de Zweig, veían como el tiempo lento pasaba en el espacio del hastío; ahora, estos adoradores de la libertad individual eran cofrades. Para resistirse a la lógica escolar, se reunían a discutir textos “muy adelantados” para su edad; escribían poesía; comentaban sus impresiones sobre el teatro; o mejor dicho, “compartían el entusiasmo”. Este era Zweig, el defensor de la libertad, su ansiedad mayor era cultivar el talento, su malestar mayor era la opresión y la violencia, en la película esto sale muy bien retratado.

2. Hugo von Hofmannsthal  y  Rainer Maria Rilke 

 

En libro hay una especie de comparación entre dos poetas: Hofmannsthal y Rilke; uno de los cuales nos dice mucho sobre Zweig. El primero, Hofmannsthal, es lo que podríamos llamar un genio. Antes de cumplir sus veinte escribió los versos más sublimes que Zweig y sus cofrades habían leído. Todos lo envidiaban, era demasiado joven y su obra se les presentaba profunda, llena de experiencia sensible ¿Cómo fue posible?. En cualquier caso, muchos estudiantes vieneses pretendieron imitarlo pero sabían que su talento era congénito, imposible de imitar; Hofmannsthal era una inspiración compleja. Del otro lado estaba Rilke, un poeta que se cultivaba. Zweig escribe bellísimas consideraciones sobre Rilke pues compartió con él, lo admiró siempre. Una par de consideraciones con las que podemos entender lo que parecía irradiar Rilke: “La sordina era para él una necesidad y, por ello, nada le molestaba tanto como el ruido y, en la esfera de los sentimientos, la vehemencia” y “Ese carácter a la vez mortecino y retraído cautivaba a todos los que lo conocían íntimamente. Tan imposible era imaginarse a Rilke arrebatado como que otra persona, en su presencia, no perdiera su tono chillón y arrogante a causa de las vibraciones que emanaban del silencio del poeta” El praguense era hombre poético y poeta, este es el punto al que quería llegar, Zweig también lo era y así lo representa la película, otro logro.

Si aún no es claro porque alguien así poético y poeta se quita la vida, me atreveré a sugerir la causa clave. A Stefan Zweig no lo mató la fatiga del itinerario de viajes Bahía-Brasil (1941), Buenos Aires-Argentina (1936), New York-EEUU (1941), Petropólis-Brasil (1941); ni tener que escribir tantas cartas a algún “influyente” para ayudar a sus conocidos; ni lo mató el calor de Brasil, país sobre el que Zweig tenía una idea muy ingenua; se suicidó porque ya no podía escribir, digo yo. Además Europa se había acabado, él tan europeo solo le restaba despedirse. Ahora, ¿Cómo hizo la película para representar el deceso? pues con mucha altura estética. Siendo una “biopic” tan bien cuidada la directora no podía mostrar simplemente el suicidio, entonces opta por el reflejo. Véanla para que entiendan esto último.

 

Sobre El Autor

Colaborador (Colombia)

(Quibdó, 1989)

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