Sombras
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TÍTULO ORIGINAL: Shadows

AÑO: 1959

DURACIÓN: 87 min.

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: John Cassavetes

ESTRELLAS: Ben Carruthers, Lelia Goldoni, Hugh Hurd

 

El anglicismo “Jam Session” es un término acuñado en los años treinta para definir esos conciertos desenfadados que, sin otro fin que pasarlo en grande interpretando temas propios o versionando sobre las grandes leyendas, reunían en clubes, casas o en medio de la calle a músicos de jazz que improvisaban con sus instrumentos, para deleite de los afortunados que estuvieran presentes o pasaran casualmente por allí.

Este era el objetivo de un joven actor y su grupo de amigos, cuando en 1959 se plantó en las calles de Nueva York con una cámara de 16 mm, unos pocos ahorros que había conseguido recaudar representando pequeños papeles para la televisión, un mensaje que transmitir y muchas ideas en la cabeza. Allí mismo se escribió el guión, sobre la marcha, línea por línea los actores comenzaron a interpretar, o a improvisar, lo que acordaban minutos antes de una escena que siempre quedaba abierta a la modificación “in situ” del diálogo en beneficio de los propios protagonistas. Con aquella obra nacía el cine independiente estadounidense.

Lo que en principio iba a formar parte de un ejercicio para el taller de interpretación de John Cassavetes, hecho que explica porqué los actores conservan sus nombres reales durante el filme, terminó siendo una de las obras más influyentes de la historia de la cultura underground americana. Premiada en el festival de Venecia, galardón que le sirvió para conseguir una distribuidora interesada en su comercialización, representa el movimiento iconoclasta vivido en la escena neoyorquina de los años cuarenta.

Shadows (Poster)“Colored Only”, rezan los carteles que en parques, cines, bares y demás sitios públicos de la ciudad, señalan los lugares que permiten la entrada de  afroamericanos. Con el racismo como telón de fondo, el filme avanza a ritmo de jazz por los lugares más característicos de la gran manzana mediante una banda sonora compuesta por Charles Mingus, contrabajista y compositor también conocido por su faceta de activista en contra del racismo, e interpretada por el saxofonista Shafi Hadi.

Ben, es un espíritu libre, un joven inquieto y fiel representante de la contracorriente Hipster, entre cuyas señas de identidad se encontraba, no sólo la pasión por el jazz, sino también, el uso de un argot propio, la diversidad racial y la exploración sexual. Junto a su pandilla, Ben se pasa las tardes deambulando sin ningún tipo de meta, a excepción de la de encontrar una nueva chica con la que pasar la noche. Leila, su hermana, es una joven de apariencia muy dulce pero de armas tomar que un día conoce a Tony, y los dos quedan totalmente enamorados. Cuando Tony conoce al  hermano mayor de Leila, Hugh, un aspirante a cantante, no puede evitar que surjan en él prejuicios raciales que crearán una situación de conflicto, avivada por la tensa situación que se vivía en una época de tremenda discriminación étnica. Rupert es el carismático representante de Hugh, los dos se ganan la vida con pequeñas actuaciones, viajando de un lado para otro y volviendo siempre a casa con las manos y los bolsillos vacíos.

Ópera prima de Cassavetes que narra tres diferentes historias paralelas de gente muy real en el transcurso de un episodio cualquiera de sus vidas. Un director que cambió el concepto del cine, y lo que resulta aún más admirable, al que el cine no pudo cambiar sus principios.

Tras el inesperado éxito de su primera película, fue contratado por la productora Paramount para rodar Too Late Blues, 1962 y Ángeles sin paraíso, 1963. Nada particularmente bueno salió de aquel periplo por Hollywood, por lo que el realizador decidió volver a sus raíces para brillar con Faces, 1968, con la que retomaría su faceta más indie, y comenzaría una sucesión de obras maestras del género, entre las que destacan, El asesinato de un corredor de apuestas chino, 1976, y Una mujer bajo la influencia 1974, con la que consiguió dos nominaciones a los Oscar, entre ellas, mejor director, compitiendo con autores de la talla de François Truffaut, que presentaba entonces La noche americana, Roman Polanski, con Chinatown, y un tal Francis Ford Coppola que estrenó El Padrino II. 

Un director que siempre se mantuvo muy fiel a su estilo, y aunque nunca repitió el experimento de improvisación de Sombras, sí que continuó con sus filmes de bajo presupuesto, rodados cámara en mano y financiados por él mismo gracias a los ingresos que obtenía actuando en películas como, Doce del patíbulo o La semilla del diablo. Sin un estudio muy detallado de los encuadres y recurriendo con asiduidad al uso del plano-contraplano, el director deja que sus actores se diviertan, no pone orden en la distribución, sino que sigue a los protagonistas con la cámara, y consigue una conexión que raya lo espiritual con los melancólicos lamentos del saxo, un instrumento que llega a cobrar vida, marcando el ritmo de la cinta y aportando una carga emocional que acentúa el cariz de las palabras del fantástico elenco. Poco más se puede decir del apartado técnico, ya que un breve rótulo al final de la cinta aclara el concepto que se quería dar a transmitir: “Lo que acaban de ver es el resultado de una libre improvisación”

Cerrando la reseña, y en palabras del introvertido, pero siempre elocuente Benny,

-No más Jazz para mí esta noche, chicos.

Película Completa:

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