Solo el fin del mundo
Diego Solorzano6.5
LO MEJOR
  • El montaje de la cinta, la película alcanza una sensación represiva fantástica e "in crescendo"
  • Algunas actuaciones, Vincent Cassel especialmente inspirado.
LO PEOR
  • EL tramo final es demasiado confuso en intenciones y no termina de cerrar la película, frustrante y anticlimático.
  • El guion se podría haber refinado mejor, a veces cae en repeticiones innecesarias
6.5Interesante

TÍTULO ORIGINAL: Juste la fin du monde

OTROS TÍTULOS: It’s Only the End of the World / Es solo el fin del mundo / No es más que el fin del mundo

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 37min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Xavier Dolan

ESTRELLAS: Nathalie Baye, Vincent Cassel, Marion Cotillard, Léa Seydoux

 

El cine de Xavier Dolan se sale de cualquier género cuando se trata de desmenuzar de manera individual, con un montaje muy característico y cierto dejo arrogante para contar sus historias. El nuevo ‘enfant terrible’ encadenó un éxito sin precedentes con Mommy que cambiaría su carrera, le ampliaría fronteras y, para esta película, le permitiría contar con un reparto de primer nivel, todas estrellas conocidas tanto en Europa como en Estados Unidos y con un rango interpretativo colosal, una oportunidad dorada para cualquier director extranjero. Dolan, con tan solo 28 años, ha logrado encandilar el prestigioso festival de Cannes con ‘Solo el Fin del mundo’, pero aunque es un logro fantástico, me costaba encontrar alicientes para dirigirme a esta obra, no solo por cierto resquemor hacia su filmografía (salvo Mommy, que es una película excelente), sino por el tema tan trillado sobre el que pivota su nueva cinta.

El resultado no ha sido del todo estimulante, pero durante una hora logra ganar al espectador con el sin número de herramientas que tiene a mano; sin embargo el resultado final es endeble, y este director que nunca me ha agradado pero al que respeto por su libertad y osadía, esta vez se nota encorsetado, obligado por la adaptación a no terminar de encajar la estocada final, distanciándose peligrosamente de un drama familiar interesante y bien hilado.

Solo el fin del mundo nos narra el periplo de Louis, un joven que regresa a su hogar y familia tras años de estar desaparecido de estos en el mundo del glamour norteamericano. Sin embargo su visita no hace más que revivir fantasmas de un pasado tan real como el de cualquier espectador, pero matizado con la pronta noticia de su muerte por causas desconocidas y, en últimas, poco importantes para el visitante a la sala de cine. Desde el inicio Dolan muestra sus intenciones con planos cerrados al rostro del personaje protagonista y una fotografía de ensueño, propia de su estilo cinematográfico y que ayuda a dar un aura de pesadez, melancolía y emociones cruzadas por el regreso a casa.

Este universo miniatura de Louis sirve para contrastar totalmente con el de su familia, un grupo disfuncional de personas que alguna vez conocieron a Louis y ahora responden a él como desconocidos (y viceversa); el espectador no tiene un punto de partida de donde atar cabos sueltos sino que Dolan, con sumo cuidado realista e inteligencia, construye las relaciones en movimiento: la relación complicada y distante con su madre, una mujer que no parece entender a sus hijos; una hermana prácticamente desconocida pero ansiosa por amor y atención, en plena ebullición de juventud; su hermano Antoine con una actitud feroz, ruda y demasiadas grietas internas y, finalmente, su cuñada Catherine, la única persona del grupo tan ajena como él a la familia, que contrasta totalmente con las emociones y actitudes de los demás personajes.

Una vez Dolan reúne a todos los personajes bajo un mismo techo crea un drama familiar pesado y terriblemente incómodo, pero efectivo al hacer sentir al espectador cierta familiaridad con todo lo que sucede, pues el Canadiense comprende perfectamente que el tiempo erosiona relaciones y todos en algún momento nos hemos reunido con familia lejana o cercana con terribles consecuencias. Dolan deja atrás manierismos visuales y se concentra en dotar de histeria al drama, todos los personajes tienen tantos conflictos que resulta agobiante notar las conversaciones, pero hábilmente el director usa el personaje de Marion Cotillard como eje para dispersar la tensión, pues ella junto a Louis parece ser la única con un carácter sereno, tan alejado del drama como el espectador, y un ancla a tierra para este último. Es una composición hábil y un manejo de personajes excepcional que permite lucirse a Vincent Cassel, el cual primero genera perspicacia por estar sobreactuando y luego empatía y cercanía, según conocemos más al personaje.

Sin embargo mientras más avanza la cinta, Dolan sigue hundiendo a los personajes y subiendo los decibeles de tensión hasta límites insospechados, tan exagerados que darle un cierre a la cinta se convierte en una apoteosis casi apocalíptica. Dolan renuncia a la fotografía de ambiente antes creada y satura la imagen con resplandores sobrenaturales, como si el verdadero fin del mundo se viera ejemplificado en el final de la película. Lamentablemente cuanto más nos acercamos a ese final, más se desinfla el guion. El joven director peca de inexperiencia adaptando, y descarrila completamente la cinta al darle un final sumamente anticlimático y casi tramposo, virando 180° en la personalidad de Louis y borrando casi por completo la curiosidad que venía generando la fatídica noticia de su muerte.

Me atrevo a decir que el tramo final de Solo el fin del mundo es tan atroz para el ritmo de la película, que finalmente es lo que la sentencia. No hay manera de dividir la cinta y muchos de sus triunfos se ahogan hacia el final. El director pierde el control de la película y se sale de sus manos el tempo dramático que había creado. El espectador siente que ha perdido tiempo, y la última hora con el corazón aterrado por la crisis familiar, se hace eterna por un tramo final redundante. Cualquier ovación a los actores se puede hundir a medida que pasan los minutos y ni siquiera una inspirada Léa Seydoux puede salvar del desastre a la cinta.

Es una pena, Dolan me agobió por una hora y estuvo muy cerca de convertir su nueva película en una obra maestra de su filmografía, pero quizá el hecho de ser una adaptación (y el respeto a la obra original que eso conlleva) acaba cortando las alas a su director. Nunca había visto al canadiense tan nervioso y dubitativo en una película y sucede justo en la obra que debería consagrarlo tras su última y superlativa Mommy. Tendremos que esperar a su próxima cinta para dilucidar la clase de director en la que se puede convertir Dolan, aunque me temo que la atención del público promedio naufragó con el final de su nueva y premiada cinta.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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