“Todavía es Consuelo en las desgracias hallar quien se duela de ellas”.

Esto le dijo Don Quijote a Cardenio, aprovechando un breve momento de lucidez por parte de ambos caballeros, cuando caminando por Sierra Morena, el de la triste figura encontró desconsoladísimo al ermitaño, quien se ofreció a contar su desdichada historia con la única condición de que no se le interrumpiera, cláusula que Don Quijote aceptó y cumplió hasta que la simple mención de su queridísimo Amadís de Gaula puso abrupto e hilarante término a su apenada narración.

Y qué razón tenía este brillante majadero, si bien es cierto que pocos serán los que sinceramente se aflijan por nuestras desgracias y muchos los que se holguen al comparar las desdichas ajenas, para consolarse con las propias.

Smoking Room es una compleja cinta de cine independiente español. Compleja en tanto que, pese a ser una de las clásicas comedias costumbristas en las que se ahonda en la idiosincrasia de ciertos estratos sociales buscando situaciones cotidianas, abandona todos los clichés que caracterizan al cine de esta nacionalidad, centrando todos los esfuerzos en la construcción de un guion muy bien elaborado en lugar de buscar la comicidad por medio de situaciones disparatadas.

Julio Daniel Wallovits codirige, junto a Roger Gual, la que fuera su ópera prima basándose en sus propias vivencias en Ámsterdam. El resultado fue un sorprendente filme con aires de mockumentary, o falso documental con el que ganó el Goya al mejor director novel en 2012.

Smoking Room (Poster) Distinta MiradaLa escena seleccionada, muestra perfectamente los rasgos característicos de la clase obrera española A.C. (Antes de la Crisis). Un trabajador con un problema que requiere la colaboración de sus compañeros, los cuales están todos a favor de su propuesta pero ninguno de ellos la secunda, algunos por miedo al despido, otros por vagancia o, como ocurre en el presente caso, porque se tienen otras preocupaciones mucho mayores. ¿A quién no le ha pasado alguna vez que al contar algún asunto personal a alguien, éste nos ha interrumpido, sin hacernos ningún caso, con un problema que consideraba de mayor importancia?

Esto es precisamente lo que critica la escena, una escena que no destaca por un alarde técnico espectacular, como serían los magistrales planos secuencia de Tarkovsky, ni por la llamativa combinación de imagen y sonido que han hecho de Tarantino uno de los directores modernos más influyentes de nuestros tiempos, de hecho, la escena no tiene música, está rodada con una sola cámara al hombro que, como ocurre durante el resto de la película, sigue a los personajes y se desespera moviéndose de un lado para otro mientras escucha los problemas ajenos con impaciencia. La secuencia se caracteriza por una sátira caricaturesca de la época en la que los inconvenientes laborales no tenían que ver con el desempleo, un diálogo hilarante, y sobre todo, un enorme Antonio Dechent que nos lleva al borde de la asfixia de tanto reír con su exagerada y brillante interpretación.

El suceso comienza con la llegada de dos hombres a la azotea del edificio en el que trabajan. Tras unos breves comentarios sobre el frío que hace en el exterior, y unas rápidas imágenes del escenario en cuestión, lleno de chimeneas, paneles y respiraderos, nos hacemos una idea de lo incómodo que resulta fumar en esas circunstancias, y de ahí la proposición que uno de los personajes le realiza al otro, algo tan simple como recaudar firmas para que se habilite una sala de fumadores dentro de la oficina, por eso el título del largometraje. La propuesta es cruelmente desacreditada por el compañero, que reiteradamente se jacta de lo inútil de la idea, por lo que propone algo mucho más drástico. En ese momento comienza el monólogo sin desperdicio de Dechent, en el que cuenta cómo ha sido abandonado y echado de casa por una mujer celosa que creía que estaba siendo engañada, circunstancia que se produjo dadas las horas intempestivas que su marido tenía para llegar a casa, cuando en realidad, lo que éste estaba haciendo era trabajar hasta la madrugada en un proyecto de la compañía que, para su desesperación, fue en principio desestimado y posteriormente modificado, aparentemente, por completo.

La escena finaliza con el completo abatimiento anímico del personaje y con una conclusión ridículamente extrema, que será desechada por causas de fuerza mayor. Uno de los momentos más desternillantemente dramáticos que el cine español nos ha regalado.

Sobre El Autor

Alberto Sáez V.
Colaborador (Irlanda)

Colaborador para Distinta Mirada desde Dublín, Irlanda

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