Sin nada que perder
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • Las actuaciones
  • Que logra ser un western moderno en tono clásico
  • El uso de la música
LO MALO
  • Es probablemente una película que solo disfrutaría quien también disfrute una buena película del oeste
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Hell or High Water

OTROS TÍTULOS: Comanchería / Enemigo de todos / Nada que perder

AÑO: 2016

DURACIÓN: 1h 42min

GÉNERO: Suspenso, Drama, Western

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  David Mackenzie

ESTRELLAS: Jeff Bridges, Chris Pine, Ben Foster, Gil Birmingham

 

Como se ha mencionado algunas veces en Distinta Mirada, el western, después de que parecía condenado a ser solamente un recuerdo en la historia cinematográfica, comenzó un resurgimiento “extraoficial”, lento pero progresivo, desde hace ya algunos años. Algunos de los ejemplos que sobresalen son Unforgiven (1992), The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford (2007) y True Grit (2010). Muchos de los buenos westerns modernos parecen haber logrado ser exitosos comprometiéndose con una condición: no alejarse demasiado del tono clásico de los westerns de los 50s, 60s y 70s. Inclusive el radical Tarantino -una de las grandes fuerzas en este desordenado resurgimiento del western– parece respetar en buena medida esta regla tácita en películas como Django Unchained (2012) y The Hateful Eight (2015).

Es así como muchas de las películas del oeste que han intentado tomar otros rumbos han fracasado. Parecería que su intento por ser actuales pero al mismo tiempo seguir siendo claramente westerns resulta forzado, artificial; quizás tratan con demasiado esmero de ser ese gran “nuevo western” que hará historia. Así que aunque para el ojo desprevenido Hell or High Water sea tan solo una película contemporánea sobre robos en Texas, sorprende la naturalidad con que logra aquello en lo que muchas otras han fracasado. Aunque se aleje de la franja histórica tradicional (diferencia monumental con los clásicos), a pesar de que en lugar de caballos haya F-150 y aparezcan algunos teléfonos celulares, Sin nada que perder es el perfecto western moderno. Los cambios extremos de ritmo pasando de la inmovilidad pasmosa a la acción explosiva, los colores, los paisajes, el polvo, el calor, los robos, los tiroteos, los héroes anti-héroes -forajidos carismáticos con una causa-, el shérif implacable que a pesar de ser su némesis, lejos de querer ser el villano o ser el héroe, encarna sencillamente la representación absoluta del hacer cumplir la ley, sin juzgarla, sin cuestionarla, con una firmeza de principios que en nuestros días reconforta idealizar.

El director, el escocés David Mackenzie, cuya anterior película fue la potente (y muy recomendable) Starred Up (2013), acierta con aplomo principalmente en dos factores: el tono que le imprime a la película, y el espacio que les deja a los personajes, el aire que le suministra a las excelentes actuaciones de Jeff Bridges, Chris Pine y Ben Foster para que le den vida a los personajes, que son el motor de la película. Ben Foster (interpretando a Tanner Howard) hace un excelente papel como el delincuente desquiciado que genera sin embargo gran empatía, pues en el fondo parece ser tan solo uno víctima del sistema, de la sociedad. Chris Pine (Toby Howard) demuestra que no se va a dejar encasillar como actor y entrega el papel con más matices y profundidad de su carrera; en otra época bien hubiera podido ser un digno aspirante a heredar el legado western de Clint Eastwood,  carismático y con gran fuerza en sus personajes. Y Jeff Bridges en el papel del shérif, si bien parece no tener que hacer mayor esfuerzo en una derivación de su personaje en True Grit, tiene merecida su nominación al Oscar como actor de reparto.

Sin nada que perder quiere entretener -y lo logra-, pero el hecho de que no pretenda generar grandes reflexiones no significa que no tenga sustancia, que no tenga propósito; de no ser así no habría logrado construir el marco que permite a los hermanos Howard y al shérif Marcus Hamilton tomar vida con la fuerza que lo hacen, mostrando de paso que en estos pueblos desérticos y aislados de Texas, la idiosincracia difícilmente puede escapar a sus orígenes. Como dice en una escena fundamental el abogado de los Howard: “Ver que ustedes le paguen a esos bastardos [el banco abusivo que se apropia mañosamente de los terrenos de los pobres] con el dinero de ellos mismos… si eso no es lo más tejano,  yo no sé qué lo es”. Quizás para algunos la vida en el oeste norteamericano no ha cambiado tanto como parece desde la época de los vaqueros.

 

 

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