Silencio
Diego Solorzano9
Humberto Santana8
LO MEJOR
  • La dirección es excelente, una sensación de presión constante y uso de los silencios espectacular. El montaje acompaña el mensaje de divinidad.
  • La fotografía de Rodrigo Prieto es una obra de arte.
  • En todos los sentidos, es una película capital sobre las ideologías y la fe.
LO PEOR
  • Quizás se podría sintetizar un poco en algunas escenas, a pesar de ser una epopeya podría narrarse en menor tiempo.
8.5Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Silence

AÑO: 2016

DURACIÓN: 2 Horas 43 Minutos

GÉNERO: Drama, Historico

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTORES: Martin Scorsese

ESTRELLAS:  Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson

 

En la búsqueda incesante por la salvación, el hombre se refugia en el egoísmo con base en el miedo, como una fórmula para alcanzar la inmortalidad a toda costa y creer que hay una vida mejor que la que las circunstancias, los tiempos o los errores propios han construido para nosotros en esta tierra mortal. Muchos buscan imitar a Cristo su Dios como mártir del sacrificio, el mayor sacramento de la iglesia cristiana y el acto divino que sublima la naturaleza sobrenatural del alma sobre la carne y designios del hombre. Martin Scorsese profesa la muerte y resurrección de Cristio Dios como un acto de amor desmedido más allá del miedo y el egoísmo. Silencio es la condensación de sus creencias y el alma del director se ve reflejada en cada fotograma.

Y esto la convierte en una película sobrenatural, en una obra maestra que sintetiza el Silencio de Dios como herramienta introspectiva.

Scorsese se ha visto a sí mismo durante toda su vida como un cristiano fallido, una especie de hombre que no termina por consagrarse con su propia creencia en el cine, cada película religiosa confeccionada en su terreno acababa vapuleada o caía en el olvido al ser opacada por películas más directas en mensaje y con personajes más humanos y menos divinos. Silencio es su proyecto más antiguo (Más de una década en preparación) y a la vez el que más miedo traía a su director, quizá por la casi certeza del fracaso comercial (y no se equivocaba) o del escarmiento de sectores más acérrimos del cristianismo. También, Silencio no es una película fácil de explicar o de ver pues además de ser una epopeya religiosa, es una carta de su director acerca de la reflexión narrada a través del más bello de los lenguajes, el cinematográfico.

Martin sorprende a propios y extraños, incluso sus fanáticos se verán sorprendidos ante el contraste total del resto de cintas del maestro con Silencio, una película sosegada y calmada, criptica e histórica, llena de un alma aciago y extraño que no proviene de la rabia de las mafias o los ladrones de guante blanco, tampoco del nihilismo de Taxi Driver que ya se ve muy lejana en la memoria de Scorsese. No, Silencio relata las crisis de las creencias personales de su director y de la fe misma, de la duda ante la existencia casi remota de un Dios silencioso y como este se relaciona con las estructuras de fe y del hombre que él mismo ha puesto en su vida. Pido disculpas al lector  si llevo tres párrafos y aún no hablo de Silencio como película sino como ente simbiótico de Scorsese, es imposible hablar de una película tan personal sin poner en contexto el alto valor religioso que el realizador tiene en su vida y en la que cree con fervor y amor, porque amor es lo que existe en Silencio, tanto o más como el que existe en la vida de Martin.

Silencio narra la travesía de dos pastores jesuitas en búsqueda de su mentor en la peligrosa tierra de Japón, un país que ha expulsado y roto las raíces del cristianismo, acabando masivamente con sus creyentes en la tierra del sol naciente y convertido a los pocos que sobreviven en parias, ocultos de una sociedad que clama por sus propias creencias y por una independencia social y religiosa de las numerosas potencias occidentales. En este entorno centraremos la atención en el padre Rodrigues el cual se sumerge en una travesía acompañado por Kichijiro, su guía japonés y judas personal durante las dos horas cuarenta minutos que dura la película.

Todo lo anterior bajo la mirada atenta de un dios mudo. No es azar que el primer plano cenital de la película suceda cuando los dos pastores abandonan su fortaleza de la soledad en Portugal, un ojo desde el cielo los observa en silencio y cuando navegan a través del mar hacia Indochina nuevamente la mirada del todo poderoso se ocupa de escoltar y dar inicio a la más peligrosa prueba de fe que afrontaran toda su vida. No es azar que este mismo enfoque cenital se repita varias veces en toda la película, naturalmente con un trabajo de montaje y fotografía excepcional donde Rodrigo Prieto se lleva todos los aplausos como director de Foto, es sensacional su trabajo y manejo de iluminación de exteriores.

Pero esta mirada omnipresente de Dios no es suficiente para que Rodrigues logre afrontar las pruebas que un sistema de creencias y su propia humanidad han preparado para él. El descenso en Japón es horrido, donde se encuentran de frente con los parias de una sociedad brutal y salvaje, cristianos escondidos en las montañas con mirada aterrorizada pero a su vez, una esperanza ciega en lo que ellos representan como enviados de Dios. A partir de ahí Rodrigues y el padre Garupe (Andrew Garfield y Adam Driver respectivamente) guiados por Kichijiro se adentraran por terrenos que buscaran socavar la fe de los enviados de Dios mediante el miedo y la represión pero sobre todo a través de la deshumanización del hombre.

Porque Scorsese durante toda la película hace énfasis en la religión y la fe como ente de humanización del hombre, el alma y la creencia en un ente superior funciona como herramienta narrativa, enriquecen los personajes y la constante influencia del miedo ayuda a plasmar las ideas del sumo director. Esto se hace notable en la relación entre Kichijiro y Rodrigues. El primero es un japonés que negó a dios para salvar su vida a pesar de que toda su familia había sido ejecutada por hacer lo contrario, busca constantemente la liberación de sus culpas y la salvación eterna pidiendo la confesión pero esto no evita que siga traicionando los valores cristianos  y arrastrando a Rodrigues hacia el corazón del sistema de Japón. Esta simbiosis entre pecador y confesor, entre Judas y Dios, puede parecer repetitiva pero en mi opinión es un vehículo poderoso sobre la fe y el miedo como antítesis del amor en Cristo y en la religión propia. Aprovecho para hablar de Yosuke Kubozuka, Garfield y Driver están bien en sus papeles pero el joven japonés sorprende con una interpretación poderosa en emociones, una de las mejores del año.

Al otro lado de la balanza está el Inquisidor Inoue que representa al sistema, el caza cristianos que busca por cielo y tierra hundir las creencias no solo del pueblo japonés cristiano sino también de los protagonistas de la cinta. No costará empatizar con sus razones pues en el fondo, las palabras de Inoue son todas verídicas, desde la necesidad de crear dioses personales hasta el desprecio a los sistemas extranjeros. Sin embargo, Scorsese se detiene aquí para atacar a la estructura social como ente deshumanizante. Martin detesta al inquisidor no porque no tenga razón, sino porque busca por todos los medios ahogar las creencias individuales y el amor a la vida.

Porque Silencio es una película difícil, durísima y quizá con un metraje excedido, pero en su maestría total del lenguaje cinematográfico (Y donde todas las piezas se mueven a la perfección) Scorsese abraza el amor, no solo en la cristiandad sino el amor a la vida, la travesía destructiva de Rodrigues solo se puede comparar con el sacrificio de Cristo por amor a los demás y no solo por preservación de la iglesia como ente dador de esperanza y salvación. Scorsese aboga por la creencia personal del amor como mecanismo motor de la vida y no solo de la religión, hasta el punto de remover los cimientos espirituales del que escribe estas líneas. Silencio es una película maravillosa que requiere tiempo, reflexión y amor. No solo va a reforzar la fe del creyente sino que va a generar dudas en el agnóstico y el ateo, no desde la exposición constante de la fe (como haría Mel Gibson en Hasta el Último hombre) sino desde el perdón y entendimiento como ente fundamental de la creencia en un Dios, sea cual sea su nombre.

Scorsese lleva décadas tanteando todo lo que narra en Silencio, lleva décadas ahorrándonos juicios de valor sobre personajes detestables y que hacen daño a los demás. Desde Taxi Driver pasando por Toro Salvaje o Al límite, todas ellas representan personajes cansados de vivir, que hacen daño a los demás y acaban en una vorágine de autodestrucción pero en los que el director cree firmemente que hay perdón, hay humanidad porque somos imperfectos y dudamos, tenemos miedo pero merecemos perdón aunque no lo parezca, que debemos buscar la redención no solo ante un sistema de creencias impuesto o Dios, sino ante lo que nosotros creamos que es justo y necesario, desde el amor a la vida y a los demás.

Y eso, eso es lo que Silencio en sus largos silencios quiere decir, en cada uno de sus fotogramas perfectos u actuaciones notables. Una película sensacional a todos los niveles.

Sobre El Autor

Diego Solorzano
Colaborador (Colombia)

Colaborador

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