Siete Cabezas
Adriana Bernal Mor8
LO MEJOR
  • La capacidad que tiene el director de enganchar con apuestas cinematográficas en las que se explota desde una perspectiva muy psicológica la realidad del campo y de los demonios del mismo.
LO MALO
  • Puede resultar un poco lenta en su ritmo, pero hace parte de la apuesta más contemplativa e íntima de la película.
8MUY BUENA

 

AÑO: 2017

DURACIÓN: 98 min

GÉNERO: Drama, Thriller psicológico

PAÍS: Colombia

DIRECTOR: Jaime Osorio Márquez

ESTRELLAS: Andrés Castañeda, Valentina Gómez, Alex Betancour, Philippe Legler,Carlos Mariño

 

Una de las películas colombianas que más me ha gustado en los últimos años es El Páramo.  En esa ocasión el director Jaime Osorio hizo un excelente trabajo al develarnos la cultura campesina de nuestro país, el misticismo y la guerra de forma sutil, pero escalofriante y diferente.  Desde ese momento esperé la oportunidad de poder ver de nuevo otra de las apuestas de este director, pues me causaba mucha curiosidad su relación con el campo y con los misterios y atmósferas que lo configuran. Por fortuna ahora tengo la oportunidad de escribir sobre Siete Cabezas, su más reciente película.

El panorama de los primeros planos platea de inmediato una situación en la que la naturaleza y la cotidianidad del ser humano están chocando fuertemente, al punto que hay una epidemia de muerte de aves en una región del país. Desde el primer momento entendemos que de nuevo el director empieza a establecer esas relaciones con la naturaleza, de manera que se siente intrínsecamente la intención de proponer metáforas visuales e ideológicas que harán posible el desarrollo de la película.  La sencillez de la técnica, pero la riqueza de sus argumentos hacen que esta producción sea bastante llamativa y entretenida.

Después de que se ha detectado en la región la muerte de gran cantidad de aves y la extinción de otras especies, llega una pareja de biólogos con el fin de investigar el curioso fenómeno. Sin embargo, y como parte de una delicada, trabajada, y armonizada estructura narrativa, los personajes nuevos se van involucrando con su entorno y sus realidades, dándonos la sensación de que aunque no aparenta ser un lugar del todo tranquilo, sólo ellos son quienes pueden ocupar ese recóndito espacio.  De esta manera se establece entonces la curiosidad de entender qué falencias hay, pues sin duda la vida prácticamente está por enseñarles y abrirles los ojos a realidades que ocultan y no han sido capaces de afrontar. La mente se abre para dejar salir los miedos más profundos… esos que se convierten finalmente en el enemigo natural de la realidad de cada uno de los protagonistas.

Lo más interesante de esta apuesta cinematográfica, al igual que la anterior, es la capacidad del director de establecer todo el mundo metafórico de los miedos, las angustias, los deseos, las preocupaciones e insatisfacciones de los seres humanos, conjugados y relacionados con las extraños fenómenos de la naturaleza. Con detalles que se aumentan progresivamente se logra divisar perfectamente el arco de transformación de los personajes, al punto en que entendemos que situaciones que nos parecen comúnmente aterradoras, puedan verse esta vez como algo digerible e inevitable dentro del desenlace general de la trama y de lo establecido al espectador.

 

El punto relevante y que me atrae tanto de estas películas es su capacidad para enganchar a los personajes con sus mentes. El guionista y el director no tienen que ir más allá de las vivencias más comunes y cotidianas de los protagonistas, de sus propios cuerpos y escenarios para demostrar que el verdadero karma,  el verdadero suplicio humano se vive dentro de la cabeza misma de cada uno. Es suficiente con explorar a profundidad el comportamiento y la mente para entender que las transformaciones, en este caso negativas, están justamente atadas y determinadas por los ideales, sueños y creencias guardadas en el cerebro y en los mitos e inseguridades de nuestra sociedad.

Dentro de este perspectiva,  y como parte de un sello que ya empieza a caracterizar el trabajo de este director, esta película me pareció completamente envolvente, en el sentido que no sólo es el reflejo de una población angustiada, insatisfecha y culpable, sino que también con detalles simples demuestra la magnitud de lo que significa pelear y tratar de entenderse a uno mismo y a la sociedad en la que se desenvuelve. En complemento, hay un acompañamiento silencioso, estremecedor y a la vez protagonista de los fenómenos más simples y normales de la naturaleza, convirtiéndose estos en verdaderos motores de cambios drásticos y recurrentes de los personajes.

Una película que recomiendo no sólo por lo llamativo del tema, sino también por la apuesta psicológica que determina y caracteriza el hilo conductor de la historia. Es una producción que se aparta de lo obvio y que por el contrario encuentra en el río, en la comida, en el bar del pueblo y en los espacios más oscuros y cargados de historias la relación de los vecinos y sobre todo de la soledad de los espacios y de la cabeza. Los demonios son simples, pero drásticos. En esta medida la tensión se crea a partir del límite o no que se le dé a la mente y sobre todo que se le dé a la naturaleza y al pensamiento campesino.

Sobre El Autor

Adriana Bernal Mor
Equipo Distinta mirada

Colaboradora

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