Samba
Andrés Quintero6.5
LO MEJOR
  • Omar Sy porque cree en lo que hace y porque se lo disfruta
  • Charlotte Gainsbourg por su glamour
LO MALO
  • Su historia, sin perder su halo de diversión y levedad, daba para mucho más
6.5Interesante

samba aficheTÍTULO ORIGINAL: Samba

AÑO: 2014

DURACIÓN: 115 min

GÉNERO: Comedia,  Drama

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Olivier Nakache, Eric Toledano

ESTRELLAS: Omar Sy, Charlotte Gainsbourg, Tahar Rahim, Izia Higelin, Issaka Sawadogo

 

Aunque ya Amigos la aclamada película del dueto Olivier Nakache/Eric Toledano  nos había comenzado a cambiar ese chip, sigue habiendo alguna dificultad en asociar el cine francés con ese drama cutáneo y sentimental que echa mano del enganche fácil y de la historia almibarada con final feliz.  En esos imaginarios colectivos que siempre tienen algo de mentira aceptada, el cine francés está ligado  a un modo de contar descarnado, profundo, iconoclasta y, no pocas veces, emocionalmente perturbador. En este entendido o, mejor, en este malentendido, ir a ver una película francesa es exponerse a una  turbulencia anímica, a una conmoción de los sentidos.

Parece que las cosas han ido cambiando o, cuando menos,  parece que hemos ido teniendo acceso a otro cine, tan francés como el arquetípico que teníamos en nuestras cabezas, pero menos inquietante y desestabilizador y, quizás, más ligero y entretenido. Para la muestra un botón llamado Samba, la más reciente realización de los mismos directores de Amigos. De entrada rehúyo deliberadamente la comparación entre ambas películas, y  lo hago no solo por lo trillada que ya está, sino porque el cotejo  me parece, especialmente en este caso,  desbalanceado y por lo mismo injusto.

Samba tiene como eje narrativo las tribulaciones de Samba  (Omar Sy)  un inmigrante senegalés que de pronto ve amenazada su permanencia en Francia, país en el que lleva ya más de diez años viviendo o, para decirlo desde las condiciones precarias de su cotidianidad, sobreviviendo. Aún sabiendo, como lo saben todos los inmigrantes, que ya ningún suelo es ni será nunca suyo , Samba se empecina en quedarse en París y es en medio de ese empeño que conoce a Alice (Charlotte Gainsbourg) una atractiva ejecutiva, tan enfundada en su largo abrigo como en su hastío parisino.  La atracción, muy contenida al principio, es mutua. Lo que pasa es que él es negro, pobre, trabajador transeúnte de oficios varios e, irremediablemente,  extranjero. Ella, en cambio, es urbana, sofisticada, distante, culta o, para resumiralas todas en una,  parisiense .

Para construir la fantasía que de entrada se adivina, a tanta diferencia había que matizarla al menos con una coincidencia: la belleza. Cada uno es, a su manera, un bonito .  Lo es, desde su actitud y desde su actitud expresiva y clara, Samba y lo es también Alice desde su tosca inseguridad y, especialmente, desde esa feminidad que la película va haciendo emerger en espiral. Es a partir de la aparente  imposibilidad de ese idilio que Nakache y Toledano arman una historia que rueda con facilidad pero sin marcar camino. El problema de los indocumentados,  el anquilosamiento de una cultura y el propio imán de un romance entre personas culturalmente tan distanciadas, eran ingredientes suculentos para no quedarse en el plato del fugaz y muy frugal divertimiento. Sin embargo la exitosa dupla de Amigos no arriesgó esta vez  y  se conformó con la frágil garantía de un par de actores que de seguro  les cumplirían y con el también consabido y volátil aplauso de un público siempre deseoso de emociones tan dulces como fugaces.

SAMBA SEC

En Samba no hay sorpresas. El guión es totalmente predecible  y la invitación , ligerísima sin duda, es a presenciar una vez más la historia inacabable de las cenicientas y los príncipes redentores o de los cenicientos y las princesas encantadas.  Curiosamente Sy y Gainsbourg hacen bien lo suyo cada uno pero juntos no alcanzan  las cotas mínimas de credibilidad como pareja. No es culpa de ellos. La culpa es de un guión que cogió las fichas que quiso para armar un rompecabezas con poquísimos gramos de impacto y, menos aún, de innovación o sorpresa.

El problema no está ni en el color rosa de la historia ni, tampoco, en el descaro con el que se ofenda la odiosa y mundana regla de la veracidad.  El problema está en la convicción íntima que nos genere el cuento que en toda película nos están contando.  No se trata pues de veracidad sino de credibilidad. Si él es alfarero y ella cantante operática o ella mucama y él  banquero, eso no importa, como tampoco importa la escasísima probabilidad de que personas tan dispares entrecrucen sus vidas.  Lo que sí importa, al menos en este género de películas,  es que la ficción se apropie, así sea momentáneamente, de la verdad y la haga suya; que se le sobreponga para hacerle creer y sentir a quien está viendo la película que los que no suelen juntarse se han juntado y que la fantasía , inasible pero palpable, está a su lado.

En Samba uno no se cree realmente que estos dos anden o puedan llegar a andar juntos. Cuando esta descreencia se apodera del espectador, acaba desluciéndolo todo y hace que  los elementos que debían contribuir a hacer creíble la historia . terminen falseándola o, cuando menos, despojándola de la fascinación y el encanto que tienen , por su creíble y deliciosa mentira, los cuentos de hadas.

Samba no choca; Samba entretiene. Su metraje , más largo de lo que  la historia demandaba, no cansa y sirve como muestra de que sus directores ya conocen bien esta fórmula y no les cuesta  prepararla y servirla a la mesa con impecables manteles. Habrá como siempre quien la disfrute  y habrá también quien la desprecie. Yo simplemente me atrinchero en aquel lado , en el de los que siguen creyendo que las historias, en la literatura y en el cine,  ya están contadas pero no por eso están agotadas. Siempre habrá un espacio , grande e insondable , para volverlas a contar y para seguir creyendo que desde su mentira son capaces de resignificar nuestras verdades. El cuento de Samba ya nos lo habían contado y esta versión, pasable y divertida, nada le aporta a esas historias de amores imposibles que todos atesoramos.

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