Robocop
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En la década de los 80, el holandés Paul Verhoeven dirigió una película que se convirtió instantáneamente en un film de culto: “Robocop”. Durante meses rechazó el proyecto porque no le convencía el guión, pero su mujer le animó a rodarla.

El resultado fue una entretenidísima e interesante película de ciencia ficción futurista. Lo interesante de aquella historia era comprobar como un ser humano era desprovisto de su cuerpo para convertirlo en un ser robo-cibernético, mitad hombre, mitad máquina, todo policía.

No obstante, el cerebro del hombre se vuelve caprichoso y, contra todo pronóstico, comienza a tener recuerdos de su vida anterior y a tener conciencia de quién es en realidad. Esta es, sin duda, la parte más interesante de la película, ya que se plantea temas “Philipkadickianos”: la verdadera identidad, los conflictos de la memoria, ¿qué es lo que nos hace ser humanos? La película funcionaba por su mezcla de violencia cruda y emotividad.

Bien, olvidad todo lo leído hasta ahora. Robocop versión 2.0 es un clon de Iron Man. Simplemente se trata de una armadura que le permite ser más fuerte, más rápido y pegar unos saltos como Spiderman. Además, Robocop ya no mata a nadie, puesto que lleva un arma que solo dispara descargas eléctricas (para que los padres puedan ir con los hijos al cine sin ver una gota de sangre). En la versión ochentera, el director eligió a Peter Weller para interpretar a Robocop por su mandíbula tan característica, ya que iba a interpretar casi todo su personaje embutido en un casco que solo permitía ver su boca. Solo en los 80, amigos. Hoy en día, cuando se rueda una película con alguien enmascarado, el actor debe salir mucho tiempo mostrando su cara (Spiderman, Robocop…). Cosas del marketing.

El brasileiro José Padilha, autor de las brutales “Tropa de élite” y su secuela, hace de Robocop una película de encargo que resalta los aspectos menos interesantes del original (la robótica, los tiroteos) y obvia lo más interesante (la reafirmación de la propia identidad, la soledad, la pérdida). El despropósito llega a niveles casi descabellados cuando vemos que el máximo afán de Robocop es volver con su familia para ver los partidos de Hockey junto a su hijo. (No sabemos si antes o después de hacer los deberes con él). Además, a su esposa poco parece importarle que no tenga atributos masculinos (erótico detalle mantenerle una mano humana al robot) y su único deseo es que su marido comience a vivir con ellos. Lo siento pero no encaja. Donde en la original todo era soledad e ira, aquí se encamina a una familia bien estructurada y unida donde da igual los medios con tal de seguir el american way of live.

¿Qué se salva? Algún efecto, un montaje bastante ágil y la parte previa a la aparición del robot policía. ¿Aspectos imperdonables? Robocop con traje negro, los saltos imposibles pesando una tonelada, la pistola eléctrica y, sobre todo, que el personaje sea consciente de su situación en todo momento.

Lo mejor: Irse a casa y poner el DVD de la original.

Lo peor: Hay películas tan míticas, que no se merecen remakes peores que la original (“Predators”, “Robocop”…)

Sobre El Autor

Roberto Galar E.
Colaborador (España)

[Colaborador para Distinta Mirada desde Logroño, España] Productor director y guionista de la productora RQR media (www.rqrmedia.com)

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