Profesor Lazhar
Autor8
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)9
8.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Votes)
6.4

TÍTULO ORIGINAL: Monsieur Lazhar

AÑO: 2011

DURACIÓN: 94 min.

GÉNERO: Drama

PAÍS: Canadá

DIRECTOR: Philippe Falardeau

ESTRELLAS: Mohamed Fellag, Sophie Nélisse, Émilien Néron

En la escuela (entrañable palabra que rebasa en significado y resonancia al colegio, al instituto o al liceo) se dan cita una serie de microuniversos que se intersecan dejándose recíprocas huellas. Está el microuniverso de cada muchacho: expectante, convulso, crítico, inexperto, auténtico y temeroso: está el microuniverso del maestro: generoso, desarraigado, irreal y vanidoso: está el microuniverso de todos y cada uno de los que orbitan alrededor del binomio sagrado que conforman profesor y alumno: los padres, el contador, las secretarias, el administrador, los cocineros, el sicólogo, la enfermera y el jardinero, microuniversos, estos últimos, discretos, un tanto anónimos, un tanto secretos.

La escuela está hecha para que estos microuniversos se entrecrucen y para que sea de ese constante roce que aprendan a girar sobre sus propios ejes. La formación de los muchachos es el eje central de toda institución educativa pero esta intención no opaca el proceso que viven todos aquellos cuyos días transcurren en esa irrealidad, tan hondamente real, que es la vida escolar.

Profesor Lazhar (Poster) Distinta MiradaEl profesor Lazhar es una tentativa lograda. Tentativa porque la cámara que mira siempre será – y no más que eso podrá ser – un acercamiento a la historia relatada. Lograda porque pese a ser una aproximación alcanza una muy bien medida dosis de transmisión y conmoción. En este caso se trata de una escuela en la que una maestra se suicida colgándose en su propio salón de clase. Dos de sus alumnos presencian la escalofriante escena y es ese hecho el que habrá de asomarlos o, mejor, empujarlos, a una realidad que en circunstancias normales les habría sido totalmente ajena y remota: la posibilidad siempre latente de la muerte. El señor Lazhar, un profesor argelino, se ofrece para llenar la vacante. No sin cierta vacilación la institución lo recibe y es así como comienza un viaje lleno de bifurcaciones que conducen, las unas, a las almitas de unos jóvenes que empiezan a experimentar el sufrimiento consustancial a la existencia humana, las otras a sus compañeros de oficio y las últimas, introspectivas, a su propio mundo plagado de incertidumbres e injusticias.

 

No estamos ante una nueva denuncia de lo que sucede en el aula de clase, ni estamos tampoco ante una de esas desgarradoras denuncias cinematográficas que nos muestran que las atrocidades no necesariamente tienen que darse en los campos de guerra, en las esquinas oscuras o en los cinturones de miseria de nuestras ciudades: que también pueden darse el curso de la escuela, ese espacio ingenuo donde un puñado de personas persigue, o debiera perseguir al menos, un ascenso en el conocimiento humano. Lo que nos propone El profesor Lazhar es otra cosa. Es, pienso y siento yo, la reivindicación de la ruta simple del enseñar y el aprender. La escuela, no importa cuales sean sus circunstancias y sus dificultades, siempre debiera ser un escenario lúdico que trajee de entretención el aprendizaje. Lo que hace el señor Lazhar, soberbiamente interpretado por Mohamed Fellag, es servirse de una situación extrema para enaltecer el valor olvidado que en el proceso de formación tienen la timidez, la simpleza y la sencillez.

Su director, Philippe Falardeau, logra un tejido narrativo cuasi perfecto. El suicidio de la maestra es, visualmente, apenas una toma. De los niños no hay manipulación alguna. En escala, ni héroes ni villanos: sin escalas, seres humanos que temprano se tropiezan con esa realidad de preguntas sin respuestas. El profesor ni es redentor, ni es ídolo: es apenas – y eso es lo es todo – alguien que les hace saber a sus alumnos que crecer es un proceso, tan gozoso como doloroso y que la mejor manera de quedarse es saber despedirse.

En las escuelas franco parlantes se le dice a los profesores monsieur, señor. El título original de la película es Monsieur Lazhar. No hay homenaje más discreto, sentido y profundo que llamar señor o señora a aquel que nos enseña. Por la forma como llega a la escuela, por el pasado que lo acompaña, por la manera como sin invadirlos rodea y abraza a sus alumnos y por la coherencia entre lo que es y lo que enseña, este profesor Lazhar merece que se le llame, con toda la significación del término, monsieur Lazhar.

 

Nota a deshoras: Termino con esta hermosa escena.


Una Respuesta

  1. Wílliam Venegas

    Gracias por su aporte cinéfilo.

    En Costa Rica no hay mucha tradición bloguera, por eso muchos abandonan los blogs que abren, pero yo sigo terco…
    Lo invito a que pase a mi blog y lea lo del apocalíptico 666. Gracias.

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