Posibilidad de escape
Andrés Quintero8
LO MEJOR
  • Dafoe y Sarandon, contundentes
  • Para seguir abusando del término, su ¨tono¨
  • La música
LO MALO
  • Las escenas con la sicóloga. Sobran
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Light Sleeper

AÑO: 1992

DURACIÓN: 1 hora 43 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Paul Schrader

ESTRELLAS: Willem Dafoe, Susan Sarandon, Dana Delany, David Clennon, Mary Beth Hurt

En materia cinematográfica tengo una enfermiza predilección por las historia amargas, desesperanzadas y sombrías. Lo mío no son los héroes rutilantes que el público admira y  que la historia atesora y consiente. Prefiero esos seres humanos, mediocres y anónimos, a los que las ciudades y sus pobladores vuelven invisibles realzando su insignificancia, amplificando su irredimible marginalidad.

Por eso me gustan tanto las historias de taxistas obsesivos, de boxeadores derrotados, de contadores aplastados por la rutina, de jugadores agobiados, de viciosos sumidos en su condena. Seguramente algo o mucho tengo de de ellos y mi gusto es más una compenetración solidaria que un afecto estético o una consideración compasiva.

En Posibilidad de escape, película del año 1992 dirigida y escrita por  Paul Schrader, John Le Tour (Willem Dafoe) es un camello de lujo o, en términos más nuestros, un jíbaro sofisticado, una mula para estratos altos. Su trabajo es distribuir droga entre clientes adinerados que reciben su mercancía en bares de moda o en lujosos apartamentos ubicados en algún lugar privilegiado del agitado e insomne Manhattan.  Le Tour trabaja para Ann (Susan Sarandon), una mujer tan enpoderada  como hastiada de un oficio oscuro y  rentable que está pensando en dejar, cambiándolo por el comercio de cosméticos y maquillajes.  Como buena empresaria, Ann le apunta  siempre a los negocios alimentados por las flaquezas humanas, la vanidad una de sus más insignes representantes.

La pelícua de Schrader es, sencillamente, extraordinaria. El adjetivo es  pomposo e inadecuado pero no encuentro otro. Por extraordinaria no quiero dar a entender que Posibilidad de escape sea una película estremecedora a un relato de esos que exigen poner punto y aparte. No, no es eso.  El logro de Schrader es precisamente el contrario.  Lo que mi adjetivo quiere destacar es  la forma, el tono y el lenguaje con los que la película  se mete en  el episodio amargo de una vida sumida en un remolino que va y viene sin necesidad de legitimarse en una causa o en un destino. El espectador va siguiendo – y de paso queriendo –  a un personaje que rehúye todo encasillamiento, un personaje que transita por la vida y que como todos nosotros es un inacabado compendio de frustraciones, necesidades y uno que otro anhelo. Un ser, tan dolorosa como virtuosamente, imperfecto.

Recostado en un guión simple y sólido, Schrader logra su propósito narrativo a punto de una muy buena cámara,  una ambientación tan desolada como implacable y, sin lugar a dudas,  un par de actorazos.

La cámara, incisiva y a la vez discreta, brinca de la parte delantera del carro en el que se moviliza Le Tour a sus encuentros con los compradores. Luego lo mira, de frente o a sus espaldas, cuando garrapatea sus ideas en una especie de diario. Una cámara/compañía que no lo abandona nunca y que transmite con maestría su falta total de apego con alguien o con algo, su soledad absoluta.

La ambientación por su lado refuerza lo anterior. La Nueva York de Posibilidad de escape no es el imperio de los rascacielos, ni el frenesí alocado de la vida urbana; es , muy por el contrario, una ciudad atiborrada de bolsas de basura que intenta negar su amargura en bares exclusivos o en apartamentos – siempre estrechos, siempre oscuros –  a los que llegan domicilios de todo tipo.

 

En lo actoral la pareja Dafoe/Sarandon escribe, yo diría que sin proponérselo, una página magistral. En una de sus mejores actuaciones, sino la  mejor (anotan los conocedores), Dafoe logra un personaje enigmático pero no misterioso, próximo pero a la vez distante.  Un extranjero que personifica ese deseo permanente de partir, de regresar y de cambiar pero que en la práctica solo se concreta en un nunca estar, en una presencia que siempre será ausencia.  Por su lado el personaje de la Sarandon irradia, de principio a fin, poder, ambición, ironía y control. Por la evidente asimetría de la pareja, es el contraste de sus personalidades el que realza las características de ambos.  Salvo por las conveniencias y ventajas del negocio turbio que los junta, nada distinto parecería poder realmente contactarlos. O quizás sí.  Posibilidad de escape se arriesga con una hipótesis.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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