Poder y Traición
Autor7
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8
7.5Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
8.0

TÍTULO ORIGINAL: The Ides of March

OTROS TÍTULOS: Los idus de marzo / Secretos de estado

En el calendario romano los idus eran los décimo terceros días de cada mes. Fechas de buenos augurios en los meses de marzo, mayo, julio y octubre. Para los otros meses del año la fecha favorable se desplazaba al día quince.  Contradiciendo esta creencia o quizás corroborándola, fue un idus de marzo cuando,  no obstante haber sido advertido del infortunio que se le avecinaba, muere asesinado Julio Cesar. Así nos lo recordará más tarde Shakespeare en su injustamente olvidado Julio Cesar . Más tarde fue Thornton Wilder quien bautizó una de sus novelas con el sugestivo y a la vez equívoco título The ides of march (1948). Digo sugestivo y equívoco porque el idus  de marzo ha estado ligado – y lo estará ya por siempre – a la relatividad connatural  que acompaña a la buena suerte. Lo que pareciere en principio un infortunio deviene luego en fortuna y viceversa. La secuencia sigue y ahora es nuestro querido George Clooney el que, basándose en la obra de teatro Farragut north de Beau Willimon, se apropia de este título para adentrarse en los turbios vericuetos de la política norteamericana.
Ides of march dirigida y coprotagonizada por Clooney muestra hasta donde puede llegar la sofisticación de la perversión si el objetivo es el poder.  Ryan Gosling  (Half Nelson, Blue Valentine y Drive,entre otras)trabaja al servicio de Clooney un candidato demócrata que tiene muy buenas posibilidades de llegar al sillón presidencial de la Casa Blanca. Su suerte – la esquiva y bifronte suerte –  depende del resultado de las elecciones primarias que en el sistema americano preceden la elección presidencial. Como siempre, como en todas partes, las alianzas partidistas resultan indispensables para alcanzar el voto de los electores y es en su insaciable búsqueda  que se violentan, con los más variopintos disfraces,  fronteras legales, éticas y morales. Mal reencauchado, como siempre lo ha estado, resurge el maquiavélico slogan según el cual “el fin justifica los medios”.
Ides of march, entre nosotros Poder y traición, es un producto compacto y bien logrado que elude con inteligencia las simplezas habituales de los thrillers políticos pero que por unas fallas en la estructura de su guión termina valiéndose  de algunas de ellas. De otra parte es una regla de oro que cuando el peso de una película  gravita exclusivamente sobre  los kilates actorales  de su reparto , la que resulta lastimada es la trama del relato y en particular la forma como se pretenda contar una determinada historia. Algo de esto pasa en Ides of march. Su historia arranca con un ritmo envolvente pero muy pronto echa mano de un incidente que se siente forzado y que desluce su guión. Pese a eso su tono se mantiene pero es inevitable sentirse ya no frente a un diagnóstico descarnado y sobrio de hasta donde se puede llegar tras la consecución del poder, sino frente a un entramado algo artificioso que infla, más de la cuenta,  un affaire  del candidato con una pasante de su campaña.
Imposible no reconocer la contundencia de actores como el propio  Gosling y, realzándolo, de maestros como  Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti y de la ya consolidada  Marisa Tomei. Sin embargo es la estatura interpretativa de estos la que pone en evidencia las fragilidades del relato que se soporta en ellos.  Son ellos quienes lo sostienen cuando debiera ser al revés. Debiera ser el relato quien los justifique y no a la inversa.
Sería sin embargo injusto y totalmente desproporcionado decir  que Ides of march es un relato más de intrigas políticas y lo sería especialmente con un Clooney que vuelve a demostrarnos su compromiso con un cine serio y con una forma cuidada y elaborada de transmitir algo que va más allá, mucho más allá, de la entretención fugaz y vendedora. Es evidente y por lo mismo indiscutible que el nombre de Clooney ya está ligado con una  estética y una técnica  que rebasan los cánones ordinarios de la industria cinematográfica. Así lo demuestra en Poder y traición una película a la que no obstante faltarle el poder para ingresar al estante de las imprescindibles no traiciona la trayectoria de un hombre que con los años ha ido madurando una obra merecedora desde ya del reconocimiento que siempre se le debe al trabajo marcado por una línea definida, quizás no de genialidad, pero sí de coherencia y consistencia. Cada vez estoy más convencido que, incluso en el cine,  valen más estas que aquella.

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