Piratas Del Caribe : En Mareas Misteriosas
Autor4
4Nota Final
Puntuación de los lectores: (0 Votes)
0.0
La atracción es una fuerza.  Es por ella que un cuerpo se desplaza hacia otro; es debido a ella que dos cuerpos, distantes antes, ahora se encuentran. Decimos que algo nos atrae cuando nuestra atención se desplaza hacia el objeto del que emana, sutil o vigoroso, ese poder de imantación.
Suele atraernos, con la relatividad cultural del concepto, lo bello pero puede igualmente atraernos su opuesto, lo feo. A la atracción como fenómeno sensorial le resulta indiferente el objeto que la propicia. Lo cierto es que el atraído siente que algo externo lo contacta y desencadena de inmediato una exigencia de atención que puede llegar a comprometer la razón y, en el mejor – o en el peor – de los casos, el propio corazón.
Para despacharla con la nota mediocre que dan las taquillas comerciales, de Piratas del Caribe: en mareas misteriosas o, simplemente,  de Piratas del Caribe 4 se dice que es una atracción apenas  pasable, que si se sabe a qué se va y qué puede esperarse,  la entretención está más que asegurada.
Personalmente ni me parece que esta última aventura Jack Sparrow (Johnny Depp) sea una atracción pasable, ni creo que uno se entretenga mejor si, por habernos sido anunciada,  nos hayamos predispuesto  a deleitarnos con la entretención esperada.
No es, en primer lugar, una atracción apenas pasable porque es precisamente este tono menor de lo “apenas pasable” lo que contradice la esencia misma de la atracción. Piratas del Caribe 4 es un relato disparatado que quiso ser una aventura y se quedó a mitad de camino cubriendo sus deficiencias, argumentales y narrativas, con unos paisajes exóticos y con unos encuadres cuyos logros impecables no contrarrestan la pobreza de la historia.  Depp le da a su actuación tan poca importancia como la que a la película le da el espectador.  Para que una actuación sea realmente buena no basta la destreza histriónica del actor; se necesita una dosis muy alta de entrega y pasión. Jack Sparrow es un personaje, sin duda bien actuado por Depp, pero olvidable y enteramente prescindible para la mente aventurera que busca en este tipo de películas, infantil y felizmente, héroes y villanos.  Y que decir de la trajinada Penélope Cruz y su deplorable misión de aportarle un toque de sensualidad a la historia.  Su personaje es un completo emplaste que se debate – y a la vez se deshace –  entre lo bello y lo gracioso sin siquiera rozar ni lo uno ni lo otro. Resultado obvio de tanta impostura es una pareja sin un ápice de encanto, sin un gramo de empatía.
Decir, de otra parte, que se la pasa mejor si al ir al cine y, especialmente, si al ir a una película del tipo de Piratas del Caribe, uno se despoja de todo tipo de expectativas y se rinde, conscientemente, al placer primario de la mera entretención, es un argumento tan manido como inaceptable. Al cine siempre se va, al cine siempre ha de irse, con un montón de expectativas y la entretención que nos provoque lo visto en la pantalla no es el resultado de una predisposición anímica sino la consecuencia mágica de un relato bien logrado, sea este el de un niño de palo al que le crecía nariz cuando mentía o el de un asesino que, antes de matarlas, despellejaba a sus víctimas adolescentes. Piratas del Caribe y con ellas muchas de su género quiere venderse, disculparse y también auto elogiarse pregonándose como una buena entretención sin mayores pretensiones. Error. Las buenas entretenciones siempre están cargadas de grandes pretensiones; es por estarlo que logran esas conmociones del ánimo. La entretención no tiene porque estar  indisolublemente ligada a la ligereza, a la burda superficialidad. Una buena película siempre es entretenida; el cine mismo es inconcebible sin el concepto de la entretención.  Lo que entretiene distrae, deleita, divierte y detiene; lo que entretiene hace más llevadera la vida y de eso, en su esencia más íntima, está hecho el cine. A Piratas del Caribe 4 no la salva el que uno la demerite antes de verla; lo poco que alcanza su trama es el resultado de su pobre aunque costosa concepción y ese defecto no se corrige con una buena disposición de entretención. Todo lo contrario: es esa disposición de entretención, connatural del ir al cine, la que sale enteramente defraudada después de los devaneos, poco aventureros, del pirata Sparrow y su combo.
Dos notas para terminar.  La una sobre la dirección de Rob Marshall (Chicago y Nine) para decir que vuelve, inconfundible, con sus acentos grandilocuentes y sus montajes fastuosos, los mismos que después de sus destellos dejan en sombras los escenarios donde antes resplandecieron. La otra sobre la escena de las sirenas que nos reconcilia, acaso por un momento, con la estética de la fantasía.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.