Pasión por las letras
Andrés Quintero6
LO MEJOR
  • Una cuidada y bien lograda ambientación
  • Pese a todo, Firth y Law
LO MALO
  • El desaprovechamiento de una historia llena de posibilidades
  • Seguir creyendo en la efectividad de los lugares comunes
6Intersante

genius-aficheTÍTULO ORIGINAL: Genius

OTROS TÍTULOS: El editor de libros

AÑO: 2016

DURACIÓN: 104 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Reino Unido

DIRECTOR: Michael Grandage

ESTRELLAS: Colin Firth, Jude Law, Nicole Kidman, Laura Linney, Guy Pearce, Dominic West

Si, en una de esas encrucijadas fantasiosas con las que suelo entretenerme, me pusieran a escoger entre literatura y cine, elegiría, enamorado de la una y del otro, la primera. Son artes distintos, incomparables quizás, pero en aquel paraje remoto y solitario preferiría tener mi cajón de buenos libros y no aquel otro repleto de entrañables películas. De hecho siempre he creído que mi código cinematográfico de apreciación y degustación es esencialmente literario. Mi manera de ver las películas es leyéndolas, no a través de ese proceso alquímico que convierte letras en palabras y palabras en seres, situaciones e ideas, pero sí mediante aquel otro que transmuta las imágenes proyectadas en una nueva categoría de palabras susceptibles de ser leídas sin el apego – y también el inmenso desprendimiento – de la letra escrita.

Que sirva esta inoportuna confesión de preferencias para decir que la carta de presentación de Pasión por la letras (Genius) ofrecía, en el papel, un exquisito manjar. Llevar a la gran pantalla la historia de Mark Perkins, el famoso editor neoyorquino de libros que tuvo el olfato para descubrir y dar a conocer al mundo escritores de la talla de F Scott Fizgerald, Ernest Hemingway y Thomas Wolfe, parecía, en el papel, una oportunidad inigualable para expresar en imágenes, no lo que un libro es,   pero sí la forma como un libro llega a ser. Su director Michael Grandage echó mano de lo tan necesario como obvio: un reputado reparto, una escenografía impecable y una puesta en escena tan pulcra como elegante. Y en eso se quedó. Pasión por las letras se conformó con la excelencia de los ingredientes pero descuidó por completo la receta y, dicen los cánones culinarios, mejor hacerlo bien con lo no tan bueno que hacerlo regular con lo bueno. La película se deja ver pero es precisamente ese dejarse ver el que la degrada porque, en el papel, su diana estaba mucho arriba que aquella a la que la película terminó apuntándole, la tan común del facilismo estético de esa encantadora Nueva York de principios del siglo pasado y del aprovechamiento superficial y periférico de unos nombres cargados de significado y grandeza en el mundo literario.

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La falta de entraña y alma se la transmite Pasión por las letras a todo su reparto. En su rol de Perkin, Colin Firth está correcto pero lo suyo no es este tipo de correcciones. Aún en sus papeles más flemáticos, Firth es siempre un actor que logra una enorme compenetración con su personaje y de allí el poder convincente de sus representaciones. Personificando a Perkin se le siente como vistiendo traje prestado. Lo porta decorosamente pero sintiéndolo – y haciéndolo ver – como ajeno. El triángulo protagónico lo completan Nicole Kidman en su papel de Aline Berstein, la atormentada mujer de Thomas Wolfe y, en el rol de este ultimo, Jude Law. La primera no hace más que repetir su ya desgastada y hierática fórmula de actuación y el segundo, muy criticado por las que muchos consideran una actuación histriónica y desbordada, no hace más que cumplir con una caracterización algo caricaturesca de Wolfe con la que el director pretende, a mi juicio, remediar la evidente falta de interiorización en este y en los demás personajes de la película. A Law ojalá pronto podamos verlo en el papel, dicen que magistral, del Papa Pio XII (El joven Papa, serie italiana de television, recientemente llevada al cine) .

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Lo que el papel anunciaba como una interesante intromisión de la cámara en esa relación asimétrica, convulsa y simbiótica entre escritor y editor , terminó quedándose en un asomo  olvidable y sin peso a unos personajes cargados de posibilidades. Y así como el objetivo en la literatura es movilizar el mundo quedándose en el papel , en el cine lo que cuenta no es el potencial de la idea vertida en el papel, sino su expresión vital y fiel en la pantalla.

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Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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