Actividad Paranormal
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TÍTULO ORIGINAL: Paranormal Activity

 

Es más fácil y sobre todo más grato escribir sobre aquello que nos gusta que sobre aquello que, por considerarlo distante de los modelos de calidad y belleza que nos hemos creado, nos disgusta o decepciona. Al repasar estas notas sobre las películas que he visto  encuentro que sino todas ellas al menos sí una gran mayoría de las mismas se refieren a películas que, en distintos grados y por distintos ángulos, me han gustado. Actividad paranormal se sale entonces del modelo porque es, a mi juicio, una pobrísima película.

Pobre argumentalmente porque no hay una historia; se trata, apenas, de una joven pareja en la que ella parece asediada – o finalmente poseída –  por un espectro maligno. Su compañero, algo incrédulo, se dedica fastidiosamente a filmarla día y noche dándose cuenta de que, en efecto, algo anormal sucede porque así lo testimonia la cámara persistente. Nada más sucede. La presunta posesión es solo la excusa para, con mayor o menor contundencia, asustar a la audiencia. Mucho más se hubiera logrado cinematográficamente si a partir de la posesión o con ocasión de ella se hubiera tejido alguna historia estremecedora capaz de perturbar el ánimo, en estas películas siempre predispuesto al miedo, de los espectadores.

Pobre técnicamente porque el modelo del documental falso exige, en medio de su austeridad, claros rasgos de credibilidad.  En el caso de Actividad paranormal está claro, de principio a fin, que hay otra cámara, tosca y simplona,  “ponchando” a los protagonistas y, por supuesto, a la cámara aficionada que debió trasmitir de manera convincente su aterrador testimonio y que, definitivamente, no lo logró.

Pobre actoralmente porque cuando no hay historia el actor no tiene de donde asirse para desplegar, si lo tiene, su talento interpretativo.  En este caso la simpleza de la narración y, mal apoyada en ella, la reiteración del viejo esquema de la bella posesa, conducen a un resultado  que ni siquiera merece el comentario, así sea demoledor,  del café de después.

Y si de pobreza se trata hay que referirse al dudoso mérito con el siempre se presenta esta película. Se dice, siempre con el acomodo mediático de una marketing bien dirigido, que Actividad paranormal costó apenas 11000 dólares y que al poco tiempo de exhibida superó, en recaudo de taquilla, los cien millones de dólares. Gastar tan poco y recaudar tanto es, sin duda, un éxito financiero pero en modo alguno es un logro cinematográfico. El cine es, por supuesto, un negocio – a veces esplendoroso y a veces calamitoso –  pero el resultado de sus números nada tiene que ver con la altura narrativa de sus ejemplares. Hay buenas películas que han costado mucho o poco y que han recaudado o muy poco o mucho. Y las hay, por  supuesto, muy malas con iguales e intercambiables referentes de costo y recaudo.  Actividad paranormal  es, en este estéril análisis, una muy mala película que costo muy poco y que, en proporción a lo que costó,  recaudó sus buenos millones de dólares,

No es que Actividad paranormal sea una mala película. Es que no es, tan siquiera, una película. Es un ejercicio de cámara asociado a un concepto trillado de terror que contó, para efectos de su rotunda comercialización,  con la alianza de la Internet y con los comentarios, vaya uno a saber si ciertos o no, de algunas figurillas del jet set cinematográfico.

Para finalizar una reflexión escatológica (al término, como enseguida se verá, puede tomársele en una cualquiera de sus dos acepciones ) : porqué seguimos anclados en la idea anticuada de que el mal o el maligno o cualquiera que sea el nombre de sus sombríos heraldos, es un ente horripilante, atroz y asustador que se arrastra en la oscuridad y deforma el rostro de sus pobres víctimas?  No es acaso posible que en la sempiterna confrontación entre el bien y el mal este último opte, o haya  optado ya, por la sensual tersura, la finura y la belleza?   No asustará más un mal seductor que para engrosar las filas de sus adeptos se sirva de los encantos que nos atraen y no de las deformaciones y penumbras que nos aterran y espantan?  Como no recordar a Pacino en el Abogado del diablo y recordar  que al salir  esa noche del cine lo hicimos con la sensación de que el mal, cualquiera que sea su nombre o configuración, prefiere, en lugar de torcernos el cuello y blanquearnos los ojos,  humedecernos  la boca y el deseo todo con unos bellos y lascivos labios?

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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