Noches mágicas
Andrés Quintero6
LO MEJOR
  • El final
  • Irene Vetere, como Eugenia
LO MALO
  • Sus muchos altibajos
  • El estereotipo de la cultura italiana que muestra
6Aceptable

TÍTULO ORIGINAL: Notti magiche

AÑO: 2018

DURACIÓN: 1h 50min

GÉNERO: Comedia, Drama

PAÍS: Italia

DIRECTOR:  Paolo Virzi

ESTRELLAS: Mauro Lamantia, Giovanni Toscano, Irene Vetere, Giancarlo Giannini, Roberto Herlitzka, Paolo Bonacelli, Ornella Muti

Cartas de amor las hay de muy distinto tipo. Las hay estremecedoras y vibrantes y las hay también lánguidas e inexpresivas. Las hay optimistas y divertidas y las hay, más numerosas que todas las anteriores, sombrías y taciturnas. De Noches Mágicas, la más reciente película del director italiano Paolo Virzi, se ha dicho, en ese tono con aspiraciones poéticas que tanto le gusta a la crítica cinematográfica, que es toda una carta de amor al cine italiano. Personalmente no estoy tan seguro que lo sea pero, y de ello sí estoy completamente seguro, de serlo no es una misiva vibrante y emotiva; es, cuando más, una carta deshilvanada dirigida a algo que se pensaba digno de amor pero que termina revelándose como una farsa. La película de Virsi no es un tributo sentimental a un cine eximio que ya se ha ido. Es, por el contrario, la reconstrucción de un momento, los noventas en Italia, donde lo que alguna vez se alabó ahora se tiene por decrépito y donde apenas empieza a cuajarse un proyecto cinematográfico de incierto destino.

La trama sobre la que se construye Noches Mágicas es atractiva. Tres jóvenes guionistas que han viajado a Roma para asistir al evento en el que uno de ellos resultará premiado, se ven implicados en la muerte de un veterano director. Una foto en la que están con él la misma noche de su deceso le da pie a la policía local para sospechar de los noveles cineastas. Para condimentar el plato, esa misma noche, en el marco del mundial de fútbol, Argentina vence a Italia en una definición por penas máximas. A partir de este planteamiento Virzi monta un entramado que ,ni es una oda al gran cine de una época, ni es, tampoco, un thriller policial o una comedia con el inconfundible estilo italiano. Nada de eso es pero lo es todo a la vez y eso en lugar de ser una meritoria tarea de integración, lo que termina siendo es un pastiche donde cada cosa termina restándole valor a la otra.

La sensación del espectador, la mía al menos, fue la de una enorme confusión. No porque la trama no se entendiera, aunque algún esfuerzo hay que hacer para no perderse entre tanto personaje y tanta historia entrecruzada, sino porque es difícil entender cuál era el foco central de la película. A ratos todo parece una mofa sobre esa aparente intelectualidad que rodeó, en la Italia de los noventas, el negocio cinematográfico que en el fondo era jalonado – y jalonado sigue siendo – por las fuerzas centrífugas de la venalidad, la vanidad y la banalidad. A ratos ese deja de ser el centro de atención y se desplaza hacia esos tres jóvenes y sus contrapuestas visiones de vida para finalmente terminar merodeando en torno a esa cultura italiana que parece resolverlo todo en la algarabía incontrolada de una mesa ruidosa, siempre muy concurrida y con un partido de fútbol como telón de fondo. En su accidentado recorrido Noches Mágicas no se detiene en ninguna estación y tampoco llega a ninguna. Deja en cambio esa sensación de haberse agotado en un viaje circular que termina en el mismo punto en el que arrancó.

Es probable que allí donde yo no encontré ni conexión, ni cohesión, ni complementariedad, otros las encuentren y las disfruten, incluso realzadas por el encanto de la fascinante Roma y por esa espontaneidad y esa calidez que tanto se le encomia a la cultura italiana. En medio de este posible y siempre inevitable debate de gustos y sensibilidades, lo que sí rescato de Noches mágicas es su trío protagónico y su final. Del trío actoral simplemente decir que, más allá del tan manido uso de estereotipos, los tres personajes están muy bien logrados. Especialmente, para mi gusto, el de Eugenia. La actriz Irene Vetere, lindísima por demás,  se desmarca de sus compañeros de fórmula y transmite, desde la timidez enigmática de su personaje, una personalidad contundente. En cuanto al final, un remate emotivo , brillante e inteligente. Lástima que no baste para rescatar el resto.

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