No se metan con mi vaca
Andrés Quintero8
LO MEJOR
  • Fatsah Bouyahmed, su protagonista
  • Lo creíble que resulta tan increíble personaje
  • Lo bien, lo muy bien que se la pasa viéndola
LO MALO
  • No se lo vi
8Muy buena

LA VACHE AFICHETÍTULO ORIGINAL: La vache

OTROS TÍTULOS: La vaca / One Man and His Cow

AÑO: 2015

DURACIÓN: 91 min

GÉNERO: Comedia

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Mohamed Hamidi

ESTRELLAS: Fatsah Bouyahmed, Lambert Wilson, Jamel Debbouze, Christian Ameri, Fehd Benchemsi

 

Reconforta que de cuando en vez una película simplemente nos encante. Que no tengamos que detenernos en análisis críticos que desalman lo analizado y que simplemente nos podamos abandonar al placer, desprevenido y sincero, de pasar un muy buen rato frente a la pantalla. Eso fue, sin más, lo que me pasó cuando vi La Vache. Confieso que su solo título, La Vaca, me causó algún recelo y eso sin siquiera mencionar el atisbo de pavor que me provocó la lastimosa traducción que por acá se inventaron: No se metan con mi vaca. Sería bueno, en este mundillo del cine que mucho tiene de carrusel de feria, saber quién – ha de ser una criatura de carne y hueso o un colectivo de ellas – traduce al español los títulos de las películas. Por lo que uno puede ver el nombre con el que conocemos una película en Colombia no necesariamente es el mismo que se emplea, por citar algunos, en Chile, México, España o Argentina. Lo cierto es que más que una traducción del título lo que hacen estos fantasmas idiomáticos es renombrar la película buscando con el nuevo rótulo cautivar una mayor audiencia. Los resultados son variopintos pero, las más de las veces y como en el caso de La vache, torpes y ligeros. Vuelvo al punto en el que estaba. La Vaca es un triunfo contundente de la simpleza y la demostración de que basta una idea sencilla, casi pueril pero muy bien contada, para capturar a la audiencia. Mérito enorme que dentro del público cautivado quepan por igual el intelectual, el palomitero de domingo, las amigas de la vespertina y el jubilado solitario.

Fatah (como dicen algunos colegas, un Fatsah Bouyahmed en estado de gracia) es un campesino argelino que vive orgulloso de su vaca Jacqueline a la que no para de mimar y consentir. Sus vecinos se le burlan cuando lo ven pasar, tirando de una cuerda al hermoso animal. Es tal la adoración de Fatah por su vaca que pareciera quererla más que a su mujer y a sus dos hijas. Esta exótica e inusual relación de admiración y afecto alcanza su encumbrado punto cuando Fatah se entera de que ha sido invitado o, mejor, de que Jacqueline ha sido invitada, al Salón de la Agricultura en la idílica y romántica París. La Vaca es la crónica de viaje de estos dos antihéroes. Fatah es ingenuo y torpe y, por torpe e ingenuo, sugestivo y querible. Por su lado Jacqueline es, como buena vaca, lenta e inexpresiva pero a la vez llamativa e enigmática en su encriptada sabiduría. Singular pareja que no parecería llamada a mayor cosa pero cuyo encanto está, he ahí la clave, en no pretender nada distinto a concursar, campesina y humildemente, en el Salón de la Agricultura en París. A partir de esta idea el director Mohamed Hamidi construye una historia que tras su envoltorio de humor y sencillez deja entrever la reivindicación discreta del valor de la familia, de los amigos y de esas causas mínimas por la cuales se justifica y convalida la anónima batalla del cada día.

LA VACHE SEC 1

El incuestionable acierto de La Vaca es haberle sacado brillo a una historia plana, la de un campesino que lleva su vaca a una feria agrícola. Nada, pensaría uno, que ofrezca menos potencial narrativo que una travesía de este tipo. Sin embargo es a partir de este apenas aparente vacío argumental que Hamidi arma todo un periplo de humor, emoción y sentido. El primer acierto tanto del guionista como del director fue la caracterización, caricatural pero creíble, de Fatah. Lejos del prototipo campechano, el protagonista es un convencido de lo suyo y un hombre que tiene intactas la honestidad de su causa y su capacidad de asombro. Un antihéroe heroico al que la masa alienada por las redes sociales sigue fanáticamente por ser, admiración inconsciente por contraste, alguien motivado y movido solo por sus propios y auténticos impulsos. Imposible no quererle y muy grato como mensaje que su fortaleza sea su manifiesta debilidad. El segundo acierto es el haber hecho de ese recorrido, el que junta un humilde pueblo cualquiera de Algeria con la mítica París, un encuentro de culturas y gentes diversas que convergen en la valoración de lo auténtico representado por ese hombre que lo único que quiere, sin halagos ni premios, es volver con su vaca al lado de su mujer y sus hijas. Mientras que Francia le enseña al argelino como reconquistar a su mujer, una Argelia rural y agrícola, encarnada por Fatah, le recuerda a esa comunidad nómada de seguidores virtuales el incalculable valor de apreciar y degustar lo que se tiene.

No se vaya a creer, por lo que vengo de decir, que la película levanta, siquiera por un momento, su dedo índice para dictar alguna moraleja. Nada de eso. Lo suyo es cautivar con el goce de una aventura tan improbable como creíble y seducir con el encanto de un personaje que tiene el magnetismo de la autenticidad y la sencillez. Con la última película de Hamidi el buen rato está asegurado pero a diferencia de tantas otras y fugaces comedias, La Vaca deja en el espectador una sensación que rebasa las fronteras volátiles de la mera entretención.

 

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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