Niña errante
Andrés Quintero7.5
LO MEJOR
  • La incursión masculina en lo femenino
  • Sus cuatro protagonistas
  • Los paisajes y el sabor del Valle del Cauca
LO MALO
  • En algunos tramos, su ritmo
  • El desbalance entre la historia y las historiadas
7.5Buena

TÍTULO ORIGINAL : Niña errante

AÑO: 2018

DURACIÓN: 1h22 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Colombia

DIRECTOR: Rubén Mendoza

ESTRELLAS: Lina Sanchez Calderon, Loren Paz Jara, Maria Camila Mejia,Carolina Ramirez Quintero

Errar es equivocarse y errar es también, vagar, ir de un lugar a otro, sin motivo, sin destino. Angela (Loren Sofía Paz), con sus inciertos trece o catorce, hace lo segundo y sabe que el costo de hacerlo es también hacer lo primero. Aún para acertar, quien yerra tendrá también que errar. Angela se asoma al mundo pero ya no con la curiosidad del niño inquieto sino con la incertidumbre pesarosa del adulto que ya le aflora. La vida caprichosa la ha juntado con sus tres medio hermanas (Lina Sánchez Calderón, María Camila Mejía y Carolina Ramirez) y es la muerte del padre común la que las congregado para celebrar la significativa nada de estar juntas y de ser, a través de las distintas ventanas por las que se asoman, las indescifrables y maravillosas mujeres que son. Un derroche, tan amorfo como exquisito, de feminidad.

Niña errante, la última película del director y documentalista Rubén Mendoza es un ejercicio de observación que bordea la contemplación.   Cuatro hermanas, distintas y en muy distintos momentos de sus vidas, hacen un paréntesis, se meten dentro de una camioneta y recorren distintos caminos de nuestra geografía para llegar, meta formal, a la casa de una tía que no conocen, provisional y concertado destino para Angela, la menor de ellas. Como el propósito narrativo no es la travesía y sus azares sino los estados de ánimo de sus protagonistas, en alguno tramos la película tiene un ritmo cansino que puede embelesar o desencantar al espectador. Por momentos esta niña parece más un estudio fotográfico de rostros, miradas y cuerpos que una historia discurriendo en la pantalla. Un mejor balance entre el detenimiento contemplativo y la tensión de la historia de los seres contemplados, le hubiera dado a la película un mejor cuerpo a su alma exquisita.

La historia de Niña errante es un pretexto poderoso del que se sirve Mendoza para arrimarse al universo femenino, un universo poblado de claves y sensibilidades que revienta por falsario el estereotipo de la delicadeza, la sensualidad y la belleza. Desde fuera el director retrata un mundo cuyo arco tensa en sus puntas la tersura de la piel desnuda y la amargura que provoca el trato soez de una cultura discriminatoria y machista. La cámara de Mendoza se extasía masculinamente en todas y cada una de las hermanas, mirándolas con fruición pero sin morbo para al final darse cuenta que toda mirada, por profunda y delicada que sea, será siempre tan cosmética como periférica.

Pese a la idea de un desplazamiento constante, Niña errante es sobre todo quietud, detenimiento estático de unas mujeres que se abrazan, que duermen entrelazadas, que comparten latidos y humores teniendo como marco una naturaleza agreste y delicada que es, como ellas, esencialmente mujer.

 

 

Mendoza aprecia sin tocar, se asoma y deja entrever que quisiera entender pero no lo logra, Mendoza, extasiado, se limita a mirar; es su manera de homenajear a esa mujer transversal y pluridimensional que está en todas las hermanas y que está también, no importa cual sea su sexo, en quien las mira.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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