Nido de ratas
Andrés Quintero9
LO MEJOR
  • La actuación de Marlon Brando. Más allá de soberbia, trazó toda una línea
  • Una historia que se hace potente a partir de la debilidad, magistralmente interpretada, de todos sus personajes
  • La múscia de Bernstein y la fotografía de Kaufman
LO MALO
  • Lo tendrá seguramente. Nunca se lo he visto y no estoy interesado en vérselo
9Notable

TÍTULO ORIGINAL: On the Waterfront

OTROS TÍTULOS: La ley del silencio

AÑO: 1954

DURACIÓN: 108 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR: Elia Kazan

ESTRELLAS: Marlon Brando, Eva Marie Saint, Karl Malden, Lee J. Cobb, Pat Henning, James Westerfield, Rod Steiger

 

La percusión de Bernstein al inicio de Nido de ratas es el presagio de una película que a punto de golpes bien dados en el cuero templado, logrará un efecto, visual y aníminco,  envolvente  y conmovedor .  Terry (Marlon Brando) , un hombre primario y elemental, ha estado siempre a órdenes de unos capataces que han direccionado los rudimentarios actos de su corta vida. Eso hicieron cuando se batía con otros en el cuadrilátero y eso hacen ahora cuando como estibador de puerto lo obligan a delatar a quienes de sus compañeros amenacen con menoscabar la seguridad de un sistema corrupto que aprovecha la sumisión de unos  trabajadores taciturnos y sombríos para abultar las billeteras de quienes, tratándoles como borregos,  los dominan.

Todo habrá de cambiar cuando uno de los acusados por Terry termine, no con la páliza que este esperaba que iban a darle, sino estrellado contra el pavimento por el empujón  vengativo que le dieran en la azotea donde la víctima domesticaba palomas. Es a partir de este desborde que Terry inicia un proceso, tan burdo y básico como él mismo, de conversión. Con presiones de distinto tipo y ejercidas desde flancos diversos, dos personajes le animan  en su dubitativo proceso de cambio. Edie (Eva Marie Saint) hermana de trabajador asesinado y el padre Barry (Karl Malden).  La primera, recatada y tímida, le hace ver que hay una opción diferente a pasarse la vida con el pacato confort que dan,  tras  unos cuantos dólares, las órdenes ciegamente obedecidas. Hay por supuesto enamoramiento mutuo pero puesto al servicio de una reivindicación de otro tipo.  El segundo – para un setentero como el que esas líneas escribe siempre asociado con las inolvidable Calles de San Francisco – , un aguerrido sacerdote que entre uno que otro cigarrillo y una que otra cerveza, lo incita a que la batalla la de, no en el bar con puños y cristales despedazados, sino en las cortes para que, ojalá, en lugar de  heridas y magulladuras, queden condenas de mayor calado.

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Toneladas de líneas se han escrito sobre la avasalladora actuación de Brando, para muchos, incluso, la mejor de su carrera ;  toneladas de líneas también se han escrito sobre la forma magistral en que la cámara blanquinegra captura el denso ambiente del puerto neoyorquino ;  merecidas toneladas de líneas se han escrito sobre la memorable escena de Terry y su hermano hablando en la parte trasera del coche ; toneladas también de líneas ha merecido el ángel que acompañó a Eva Marie Saint en su debut y toneladas de líneas, estas no tan merecidas, se han gastado en asociar la película a las críticas de delación  que en su momento se le hicieron a su director. No voy a sumarle unos pocos gramos a semejante tonelaje. Prefiero resaltar ese factor impreciso, tan tenue como poderoso,  que le da a esta historia un magnetismo inigualable. Hay amor sin romanticismos, hay intriga sin complejidades laberínticas, hay denuncia social sin tonos panfletarios y hay solidaridad y amistad sin discursos grandilocuentes. Hay un héroe que se resiste a serlo porque, sencillamente, nunca podrá llegar a serlo. Quizás sea en la anónima mediocridad de Terry y en ese paso al vacío  que da para superarla, la que explique esa incómoda pero placentera identificación que yo al menos siento con un personaje que ya forma parte, y lo hará por siempre,  de la galería del buen cine de todos los tiempos. Ver Nido de ratas o, título que me gusta más, La ley del silencio en pantalla grande, es una oportunidad que no se puede dejar pasar.  En todo el sentido de la palabra, una película  memorable.

 

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