Naomi, Una Joven Y Bella Esposa
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TÍTULO ORIGINAL: Hitpartzut XOTROS TÍTULOS: Naomi / La Infiel

Por momentos la bella Melanie Peres me recordó a Gwyneth Paltrow.  La figura espigada, la piel tan blanca y un aire entre misterioso e inalcanzable, me hicieron crear entre las dos ese puente frágil de la comparación.  En Naomi, una joven y bella esposa, la Peres es Naomi, una mujer que sin llegar a los treinta años comparte su vida con un hombre que ya bordea los sesenta.  La relación confunde y entremezcla admiración,  ternura y hastío; dos soledades distintas que se entregan al espejismo del acompañamiento, al bálsamo vespertino de las cabezas recostadas en los hombros.
Para Ilan Ben Natan (Yossi Pollak),un connotado profesor de astrofísica, el amor por Naomi no puede ser más que un acto pasivo e impotente de contemplación intelectual.  Naomi  le cuida y le consiente pero de tarde en tarde huye tras su amante dejando tras de sí ese rastro inevitable que Ilan seguirá hasta toparse de frente con una infidelidad que ya se presentía en las citas impostadas y, sobre todo, en el impertinente celular. El nudo de la historia está en la reacción que provocará en Ilan el saberse, más que engañado, inevitablemente decepcionado. La ruptura de una esperanza otoñal puede ser tan o  más devastadora que la más adolescente de las traiciones.
A medida que la película avanza uno siente que está ante una historia conocida. El hombre mayor,  la mujer menor y la incomprensión resultante. No es la primera vez, ni será tampoco la última, que el cine se acerca a este tipo de relación dispar donde , según cual sea la perspectiva del guión y la conducción del director, siempre se arriesga un pronóstico sobre la posibilidad del amor, sobre la viabilidad misma de la convivencia entre dos seres separados, más que por un montón de años, por las visiones tan diversas de la vida que consigo trae el inexorable paso del tiempo.
Pese a la veteranía de varios de sus actores principales (junto a Yossi Pollak , Orna Porat y Suheil Haddad) y al cuidadoso manejo de la cámara que ofrece unos soberbios paisajes de la bella Haifa, en Naomi se siente cierta superficialidad en el manejo del tema. Es como si Eitan Tzur, su director,  se hubiera contentado con un sobrevuelo temático sin mayores compromisos. A veces  – y esta es una de esas veces – no basta con los encuadres taciturnos ni con las melancólicas escenas; a veces es necesario llegarle más a fondo a las almas implicadas sobre todo si, como en este caso, estas han merodeado o incluso se han extraviado en los recovecos más ruines del comportamiento humano. Naomi deja pasar la oportunidad de una inmersión sicológica más profunda  y se conforma con un guión pando que pudo ir más allá de las conmociones que puede llegar a causar una infidelidad y exigirle mucho más a los actores y que pudo, también,  moderar la diferencia actoral tan marcada entre la Peres y sus compañeros de rodaje. Ella es bella, los demás son grandes.
Naomi es una de esas películas que se deja ver con agrado pero frente a la cual uno termina preguntándose si trasladada a otros escenarios, cinematográfica o existencialmente más próximos como Nueva York o Bogotá,  mantendría su encanto y uno se contesta que quizás no, que su historia es algo plana y que, sin duda, su valor y su atracción están, más que en la historia misma, en ese tono atenuado que se le siente de principio a fin y que procede de su protagonista, un hombre que en el ocaso de su vida creyó poder apresar entre sus manos uno de esos cuerpos fugaces cuyo comportamiento celestial sólo es posible explicar en la tarima profesoral.
Eitan Tzur deja apenas sugerido que quizás sí sea posible la convivencia de dos seres separados por tantos años, pero que lo será, no por virtud de un tardío enamoramiento, sino por uno o varios de esos lazos que sin nadie preverlo se entrelazan y nos atan a los demás más allá de nuestros deseos y especialmente más allá, mucho más allá, de lo que alguna vez pensamos fueron los dictados de nuestros sueños. A lo mejor esa sea la clave no sólo de la posible convivencia entre Ilan y Naomi, sino la de cualquiera otra pareja sin importar ni los años, ni los colores, ni las culturas de quienes la conforman.
El título origina de Naomi,  Hitpartzut X alude al fenómeno cósmico que se presenta cuando dos cuerpos celestiales se aproximan. Antes que acoples lo que entonces se produce son unas erupciones energéticas que ponen en evidencia una de dos cosas: o que dichos cuerpos están diseñados para vagar por el universo sin que los unos se encuentren con los otros, o que las fuerzas de ese universo se recomponen, así sea brusca y explosivamente, cuando dichos cuerpos se encuentran.  Si el símil de título original es con nosotros y con nuestras relaciones de convivencia con el otro,  yo quiero pensar, junto con Eitan Tzur, que estamos hechos para juntarnos, así nuestros acercamientos sean siempre la implosión de unas energías cuya atracción inevitable reside, precisamente, en su diversidad.    

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

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