Nace una estrella
Andrés Quintero7
LO MEJOR
  • Como remake que es, su innovadora fidelidad
  • Lady Gaga. Ya había nacido, pero vuelve a nacer una estrella
  • Bradley Cooper. Honesto, sensible. Madera fina
LO MALO
  • Que la presenten como la película que no es
7Buena

TÍTULO ORIGINAL: A Star is Born

AÑO: 2018

DURACIÓN: 2h 15min

GÉNERO: Drama, Romance

PAÍS: Estados Unidos

DIRECTOR:  Bradley Cooper

ESTRELLAS: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Rafi Gavron, Andrew Dice Clay,Anthony Ramos

Fui a ver Nace una estrella con una enorme expectativa. En el BIFF 2018 figura, en la sugestiva sección Espíritu Joven, como una de las perlas de la programación. La crítica especializada se ha derramado en elogios y, por si fuera poco, cuando vi su versión 1976 con los entonces aun jóvenes y bellos Barbra Straisand y Kris Kristofferson, quedé embelesado. Por aquellos años yo era aún más joven que aquellos mechudos y carismáticos protagonistas y me bastaba una historia conmovedora y unas canciones pegajosas para izar bandera. Felices y pretéritas épocas que ya nunca volverán.

En una sala atiborrada de esos jóvenes que hoy, mucho más que ayer, llegan al cine con ínfulas de sabérselo casi todo, yo me preguntaba con qué magia iría a sorprendernos el buenazo del Cooper, en esta oportunidad tras y frente a la cámara. Otra hubiera sido la expectativa si ese glamuroso remake de Nace una estrella hubiera llegado a la cartelera comercial sin tanto bombo y tanto platillo.

Para completar el escenario tengo que decir que Nace una estrella modelo 76, mi Nace una estrella , es una película agradable, con una historia seductora y con unas canciones que aún escucho en un deteriorado vinilo. Pero de allí a que sea una buena película, hay un buen trecho. Quererla como la quiero no la hace buena, lo bueno es quererla como la quiero. Porque los anuncios así lo presagiaban – una de las mejores películas del año titilaban los neones – , pensé que esta nueva versión desplazaría de su rincón mi reminiscencia setentera. Y no fue así. El trabajo de Cooper es un homenaje, un muy buen homenaje, al trabajo que Frank Pierson hizo en el 76. A diferencia de lo que yo esperaba, la nueva película le es sorprendentemente fiel a su predecesora. Cada escena tuvo el efecto de devolverme en el tiempo a su par y aunque obviamente cuarenta años de progreso técnico hacen lo suyo, el resultado final fue, quien iba a creerlo, una revalorización del recuerdo. La historia está bien contada y las escenas musicales son, sin estruendos, emotivamente poderosas. Todo está bien pero no más allá de estar bien. Esa fue la apuesta de Cooper con una película a la que no podía meterle la mano con giros inesperados porque hacerlo hubiera tenido tintes de traición. Tenía que moverse con apego, fidelidad y medida creatividad. Y así lo hizo. Demostró la vigencia de una vieja historia al punto de que el público joven, en una era de ligerezas y desapegos, se sentirá  identificado.

Hay otras cosas por destacar y entre ellas está Lady Gaga. No soy ni mucho menos un fan de la cantante pero para hacer el papel de Ally la diva tuvo que despojarse de sus extravagancias doradas y mostrarse con la carita lavada. El personaje que logra es recio, contundente y absolutamente convincente. Si a eso se le suma su poderío musical el resultado no podía ser otro que aquel que hace lagrimear a los primerizos: felizmente demoledor.  Cooper por su lado, muy bien compenetrado con su personaje, se va replegando para que la estrella naciente esparza todo su brillo. En su estreno como director Cooper deja refrendada su carta de talento y ratifica ese don, esquivo, de una sensibilidad que no necesita sofisticaciones ni vericuetos.  Todo y todos los demás orbitan al rededor de esta insólita pareja que por encarnar los ideales de generosidad, esperanza y tenacidad, deja de lado el asuntillo, trivial en este caso, de la química entre sus integrantes.

Si se la mira – y así seguramente hay que mirarla – como ese producto encantador del cine de consumo que tanto nos gusta, Nace una estrella es una película redonda y muy bien lograda. Llenará salas y la gente después de verla saldrá, como lo hiciera yo hace ya cuarenta años, embelesada. Sin embargo un efecto como este por sí solo no la convierte en una buena película. Mérito indiscutible el de conmover, emocionar y agradar pero el buen cine siempre necesita, impreciso e indefinible, algo más.

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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