Monsieur Chocolate
Andrés Quintero6.5
Humberto Santana6.5
LO MEJOR
  • Su ambientación; sugestiva y evocadora
  • La actuación de James Thierrée que brilla, por contraste, con la de Omar Sy
  • Las escenas del circo tradicional
LO MALO
  • Un guión correcto pero no arriesgado
  • Una historia que se desliza sin dejar huella
6.5Interesante

chocolat-aficheTÍTULO ORIGINAL :  Chocolat

OTROS TÍTULOS: Monsieur Chocolat / Chocolate

AÑO: 2016

DURACIÓN: 110 min

GÉNERO: Drama, Comedia

PAÍS: Francia

DIRECTOR: Roschdy Zem

ESTRELLAS: Omar Sy, James Thierrée, Clotilde Hesme, Olivier Gourmet, Frédéric Pierrot

 

Hay películas a las que resulta difícil despacharlas con un comentario despectivo o negativo porque pese a no considerarlas sobresalientes tienen elementos  que las hacen, más que tolerables, francamente agradables.  Son películas que gustan, que aciertan en varios de sus frentes pero que no logran esa suerte de envolvimiento o sobrecogimiento propios de las buenas cintas. Se sale de ellas con ese ambiguo sentimiento que empuja a destacar sus cosas buenas no obstante sentir que como películas, en la acepción más redonda del término, se quedaron en algún lugar del camino.

Lo que vengo de describir fue lo que me pasó con Chocolat, el cuarto largometraje del actor y director francés, de origen marroquí, Roschdy Zem.  La película está poblada de cosas buenas pero ella, como poblado, no alcanza la misma calidad  de sus pobladores.  Para empezar, su ambiente es el circo y pocos temas como este tienen tal capacidad  de movilizar emociones, reminiscencias e imaginarios fantasiosos. Gústenos o no, el circo es un medio esencialmente evocador, capaz de reducir a la emoción  infantil  los públicos más disimiles.  Ya con eso Chocolat arranca con puntos a su favor. Complementan el ambiente circense, un vestuario esmerado  y una impecable ambientación de esa belle époque  francesa tan íntimamente ligada con el esplendor, el lujo y la belleza.

Es con el  clásico marco de la vida de circo que Zem , a partir del libro de Gérard Noiriel , narra la vida de Rafael Padilla (Omar Sy) un negro cubano que deja su país para probar suerte como  sirviente,  limpiabotas y minero en España, y de allí pasar a Francia donde empezará, rescatado  por el  también y muy  reconocido payaso Foottit (James Thierrée) ,  una carrera como el primer payaso negro de la escena de la entretención francesa. Chocolat es la historia del ascenso  rutilante pero también apabullante  de esta pareja de clowns en la que se dan cita el esfuerzo, la ilusión, el racismo, la envidia, el olvido, el compañerismo y la ambición.  Blanquinegra dupla de payasos que marcó un hito en la historia del entretenimiento burgués de la época.

chocolat-sec-3

Pese a contar con tantos y tan atractivos elementos, algo le queda faltando a Chocolat. El que las películas biográficas le deban fidelidad a la vida que cuentan, no significa privarlas de aquellos factores narrativos que le imprimen a lo contado un tono distinto al simple curso cronológico de unos hechos; el apego a lo sucedido no tiene porque ir en contravía de esas claves  que sirven para enlazar al público. No basta con contar, siempre hay que capturar.  Ni leí el libro de Noiriel, ni conozco la vida de Padilla, pero estoy seguro que  el objetivo de Zem no fue la reproducción exacta de la vida de este singular artista, sino hacer una versión delineada con sus aspectos más sensibles y sobresalientes.  Y es con ese propósito que Zem reúne un buen número de  insumos (historia, ambientes, vestuario, actuaciones y música) , los ensambla con armonía y destreza pero no logra inyectarle al conjunto ese factor de conmoción que sella toda buena película.  Como  producto estético e incluso como vehículo emotivo,  Chocolat funciona bien pero como historia  que se pretende viva,  sencillamente no palpita y eso hay reprochárselo a un guión que por tanto confiar en ciertos ganchos naturales (el circo, el glamour de la época, los personajes etc), descuidó la fuerza inmanente de su propia historia, la de un hombre que luego de alcanzar la gloria efímera de la fama, soñó con cambiar las patadas que le daban en el culo por los parlamentos  del gran Otelo.  Por eso, por ese desaprovechamiento,  es que luego de verla uno no va más allá de ese elogio tibio que ni arriesga, ni compromete.  En el voltímetro de la emoción la aguja apenas si alcanza la mitad. Algo está pasando en el cine francés que después de haber sido por años la plataforma de grandes e innovadoras propuestas, ahora pareciera conformarse con historias correctas para agradar al gran público

chocolat-sec-4

Ninguna revelación es decir que Omar Sy es químicamente carismático. Su estatura, su porte, su ángel y, sí, su negrura lo hacen distinto y atractivo.  Es precisamente sobre  esa diferenciación  racial que  a partir de cierto momento empieza a gravitar  la película y es también este mismo contraste de color el que intenta darle peso específico a la historia para que no se pierda en una moraleja de pacotilla sobre el triunfo del espíritu y lugares comunes por el  estilo.  Y es en este cruce de líneas – superación, discriminación,  glamour y olvido –  donde Chocolat por apostarle a todo, no gana en nada. Sy lo hace bien  y uno siente que le fluye espontáneamente el hacerlo así. Cosa distinta sucede con James Thierrée, nieto del mismísimo Chaplin,  cuya actuación  se siente mucho más trabajada, más discreta y, también,  mejor tallada.  Sin demeritar el buen trabajo de Sy, me quedo con el resultado del laborioso trabajo de Thierréé.

En su inicio la película me transportó a esa ensoñación infantil de viajar durante la noche a bordo del carromato tirado por percherones para arribar al siguiente pueblo y allí montar el  transeúnte espectáculo de malabaristas,  hombres traga sables y payasos.  Pese a su correcta factura y a su bien lograda ambientación,  Chocolat me fue bajando de a pocos del carromato y me quedé sin la ilusión de esa próxima función.

 

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.