Monos
Andrés Quintero8
LO MEJOR
  • Su atrevimiento de grandeza
  • Su puesta en escena
  • Julianne Nicholson
LO MALO
  • Desde la ortodoxia, la debilidad de su historia
8Muy buena

TÍTULO ORIGINAL: Monos

AÑO: 2019

DURACIÓN: 1h 42min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Colombia

DIRECTOR:  Alejandro Landes

ESTRELLAS: Julianne Nicholson, Moisés Arias, Jorge Román, Sofía Buenaventura, Laura Castrillón, Sneider Castro

                                                                                                                                        «Monos es una locura de película, salvaje»

Moisés Arias. Actor

El proceso de maduración y refinación del cine nacional es reconfortante y esperanzador. Dejando de lado la comedia vernácula que tanto nos gusta, en los últimos años han desfilado por nuestra cartelera películas de un altísimo nivel. Con el inevitable riesgo de las omisiones, pienso en trabajos como Matar a Jesús, Siete cabezas, Fórum, El abrazo de la serpiente, Niña errante y, mi dilecta en la producción reciente del cine colombiano, Pájaros de verano. Todos ellos con propuestas muy interesantes, con un esmero en la producción y, especialmente, con una visión heterogénea y distinta que ha ido demoliendo, no sin esfuerzo, los estereotipos de la violencia traqueta o de la progresiva degradaci;on del realismo mágico.

Monos del director Alejandro Landes se suma a esta lista y lo hace con una soberbia producción que marcará sin duda un hito en la historia de nuestra cinematografía. En alguna cumbre de la geografía colombiana, ocho jóvenes guerrilleros custodian a una gringa secuestrada. En su aislamiento de la civilización, los captores parecen unos primates explorando y descubriendo instintos y sensaciones. Afloran, burdos y vírgenes, los deseos de dominación, diversión, temor y evasión. No se vislumbran ni se insinúan móviles políticos o credos ideológicos. Lo que atraviesa toda la narración es la fuerza desmesurada de la naturaleza y como una desmembración de ella, el ímpetu humano por sobreponérsele.

Todo late aceleradamente en Monos y así lo siente de principio a fin el espectador. La producción es, sin exageración, majestuosa. La naturaleza se desborda furiosa por todas las esquinas y así lo capta la cámara con la ayuda contundente de una sonorización perfecta. Los jóvenes, tan secuestradores como secuestrados, descienden del parámo a la selva y esos monos que parecían una unidad amorfa, rudimentaria y primaria empiezan a diferenciarse y a enfrentarse. La humanidad empieza a domesticar la animalidad y empiezan a presentirse, aún imperfectos y borrosos, la ruptura y el desenlace.

Landes y su equipo hacen un trabajo soberbio. Contrastan con la majestuosidad e inmensidad del paisaje ,los rostros agrestes y bruñidos de los captores. Son del color de la tierra y parecen saber a tierra porque su convivencia con ella no es de contemplación o de simple contacto sino de compenetración existencial.

En Monos la historia está puesta al servicio trepidante del ritmo narrativo y no, como es lo usual, al contrario. No importa tanto lo que llegue a pasar, como el palpitar incesante de lo que está pasando. Las personalidades de los protagonistas  van moldeándose en medio de la convulsión incesante y más que los hechos la protagonista es  la fuerza incontenible que los empuja. En este sentido ni hay que buscarle, en su acepción tradicional, historia a Monos, ni hay tampoco que reprocharle que no la tenga. Hay que entender, en medio de su ritmo trepidante, que puede haber historias construidas a partir de sensaciones, de hechos inconexos que no conducen más que a sí mismos y de seres diversos en búsqueda de afirmaciones y libertades cargadas también de muy distintos contenidos.

En el plano actoral hay que destacar el papel de Julianne Nicholson, la norteamericana secuestrada. Es increíble como va creciendo a medida que la película avanza al punto de superar en expresividad a ese puñado de jóvenes que emanan ingenuidad, temor,  agresividad , solidaridad y soledad.

Monos es la demostración fehaciente de lo que puede hacer el cine nacional. No es solo un tema de presupuesto o de producciones impecables y poderosas. Es sobre todo un tema de marca, de personalidad y estilo. Un romper, necesariamente agresivo, con esa minusvalía de nuestro cine apostándole, con la impronta y el aprovechamiento de lo local, a lo universal.

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