Mommy
Autor8.5
H. Santana (Dirección Distinta Mirada)8.5
8.5Notable
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TÍTULO ORIGINAL: Mommy

AÑO: 2014

DURACIÓN: 139 min

GÉNERO: Drama

PAÍS: Canadá

DIRECTOR: Xavier Dolan

ESTRELLAS: Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément

Escribe Javier Marías, en algún aparte de su última novela Así empieza lo malo, que en la juventud el alma está, por decirlo de alguna manera, aplazada. Yo no sé que tan aplazada la pueda tener Xavier Dolan, el geniecillo iconoclasta del cine canadiense, quien a sus veinticinco años ya ha escrito y dirigido cinco películas. Si no es el alma, las que Dolan sí tiene aplazadas, en beneficio de su trabajo creativo, son la moderación, la contención y la discreción. En su cine todo es, en el buen sentido de estos términos, pasión, desmesura y desborde. Para Dolan los límites, si los hubiera, apenas se justifican por la posibilidad de quebrantarlos.

Mommy-323667551-largeEn Mommy su última película – y hasta ahora única exhibida en las salas colombianas -, el director y guionista canadiense ubica a sus protagonistas en una Canadá muy próxima, año 2015, en la que legalmente a los padres de hijos con problemas conductuales les está permitido su reclusión en centros especializados. Diane Depres (Anne Dorval) es una mamá joven, viuda y poco ortodoxa que, en lugar de refugiarse en la posibilidad de internarlo bajo cuidados médicos, decide afrontar el reto de vivir con Steve (Antoine-Oliver Pilon), su hijo adolescente. La convivencia es, por decir lo menos, tempestuosa. Insultos de alto calibre, comportamientos burdos y agresiones físicas se mezclan con escenas de ternura y con una complicidad amorosa que pareciera capaz, tras su propio sueño de libertad, de violentar los estereotipos y las convenciones sociales. Al atípico dúo se suma luego Kyla (Suzanne Clément) una enigmática y atractiva vecina cuyo temperamento aparentemente frágil y tímido contrasta con la fogosidad temperamental de sus nuevos amigos. De lo que puede resultar de este encuentro intenso y algo demencial es de donde Dolan toma la materia prima para construir una historia que más que avanzar en ella, explota en la pantalla.

El gran atractivo de Mommy no es su trama, ni sus actuaciones, ni sus innovaciones visuales. Lo que la hace remarcable es la forma como plantea su contenido. La revolución de Dolan está en su asombrosa capacidad de salirse del molde tradicional y asomarse a una realidad, en este caso la convivencia entre una madre y su hijo disfuncional, no para contarla desde el ángulo analítico ni, tampoco, para explotarla moral, sicológica o emocionalmente. A lo que con un muy buen resultado se arriesga Dolan es a transmitir sin tapujos esa desgarradora sensación que oscila entre la ira y la ternura, entre la exasperación y la más genuina compasión. Madre, hijo y vecina transitan caminos que no conducen a ninguna parte y en los que van dejando, no trazos sino desgarros de unas vidas a las que solo las salva el instante fugaz y alcoholizado de una carcajada entre amigas o el viento que choca contra las mejillas de Steve cuando este se desliza en su patineta.

El gran riesgo de quien quiere salirse de un modelo preestablecido es caer, precipitada y fallidamente, en él. En el caso de Dolan su propuesta transgresora sale airosa porque su irreverencia es, por decirlo de alguna forma, respetuosa con los cánones tradicionales. A partir de estos el director canadiense hace lo suyo con un compendio visual y narrativo que alterna clasicismo y vanguardia. Es en el como contar y no en lo contado que siempre se esconde la opción de innovar. Para quienes estamos acostumbrados a un cierto tipo de cine, la experiencia de ver una película como Mommy es alentadora y refrescante porque reivindica la posibilidad de contar las cosas desde otro ángulo, de abordarlas sin maquillajes y sin endulzantes pero también sin innecesarias excentricidades o extravagancias. Para cambiar no es necesario rasgar o contrariar. La innovación no está tanto en la mera oposición como en la proposición con estilo y contenido.

Ejemplo de lo anterior es el recurso visual que emplea Dolan en su película. Durante casi toda la proyección la imagen se estrecha generándole al espectador una incomodidad inicial que se olvida al instante al darse cuenta que esta estrechez está al servicio de la historia, que se la emplea para focalizar la atención, para concentrarla en unos personajes que solo se requieren a sí mismos para transmitir sus miedos, sus rabias y sus sueños. Solo por un momento la imagen vuelve, si es que de allí realmente viene, al gran formato y lo hace a título de contraste recordándonos que el lente de la vida no es tan panorámico como a veces se quisiera.

A la imagen estrecha se le suma ocasionalmente una cámara lenta y una combinación ecléctica de música que logra, en conjunto, un resultado en el conviven bien atracción y agresión. Uno termina no solo simpatizando sino también y de una inesperada manera, congeniando con estos seres que como el salmón van nadando a contracorriente, conscientes de su soledad y de lo inalterable y absorbente que es el orden al que ciegamente se oponen.

Las actuaciones de Dorvan, Pilon y Clément son contundentes. Los primeros a la vez que fastidian y agreden también encantan; la última logra, a partir de su mezcla de fragilidad y fortaleza, un inusual efecto de magnetismo y solidaridad. A la postre el trabajo de Dolan se integra en una pieza amorfa que, siguiendo este mismo contrapunteo, oscila entre lo repelente y lo atrayente, entre lo tierno y lo ruin, entre lo salvífico y lo condenatorio. El alma, la supuestamente aplazada en la juventud, no siempre es serena y contemplativa. Puede ser – y quizás deba serlo – efervescente y contestataria cuando así se le exija. Dolan definitivamente no tiene aplazada la suya. La invoca y expresa a tirones en cada una de las escenas de Mommy.

Más allá de las alabanzas apresuradas o de las descalificaciones basadas más en las arrogancias de Dolan que en su obra, lo cierto es que estamos ante un trabajo innovador que denota el estilo propio de los buenos creadores y que merece ser seguido. La genialidad puede servir tanto para catapultar como sepultar. Esperemos, como hasta ahora parece, que con Dolan pase lo primero

Sobre El Autor

Andrés Quintero M.
Dirección Distinta Mirada

Dirección Distinta Mirada

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