Mis hermanos y yo
Andrés Quintero7
LO MEJOR
  • Su destreza emocional
  • Todo el elenco con nota sobresaliente para Sofian Khammes, el hermano díscolo y gigoló de Nour
  • El bien logrado contraste cultural
LO MALO
  • Las flaquezas y ligerezas de su guion
7Buena

TÍTULO ORIGINAL: Mes frères, et moi

AÑO: 2021

DURACIÓN: 1 hora2 48 minutos

GÉNERO:  Drama

PAÍS:  Francia

DIRECTOR: Yohan Manca

ESTRELLAS: Maël Rouin Berrandou, Judith Chemla, Dali Benssalah, Sofian Khammes, Moncef Farfar

Seguramente si a Nour, el protagonista de Mis hermanos y yo, se lo hubiera mostrado como un chico de clase baja, uno más,  que vive en una ciudad al sur de Francia y que, en tal condición, comparte los gustos y el estilo de sus amigos de barrio, la historia de la película no habría sorprendido a nadie. Sorprende en cambio porque Nour, antes que dejarse  llevar, de cuerpo entero,  por los pegajosos gustos musicales de sus contemporáneos, prefiere oír a Pavarotti cantando el Brindisi de la Traviata. Ese gusto, tan anacrónico como llamativo, es el eje central de Mis hermanos y yo, la película de Yohan Manca premiada el año pasado en el Festival de Cannes.

Nour nos cuenta, desde la voz que oímos de su conciencia, que tan pronto pueda saldrá de ese entorno en el que de la  vida, flácida y hueca,  solo se espera, como si fuera el sentido mismo de la existencia, la llegada del próximo verano. Así ve él que viven sus tres hermanos que se ganan, cada día y  como pueden, los centavos para la cerveza y los cigarrillos de la juerga. Los une la mamá postrada en su cama de enferma, animada apenas por los pasajes operáticos que su hijo menor, el distinto, le comparte. Romper con esa vida mediocre es el sueño de Nour, cambiándola por el esplendor y la sofisticación que rodea, al menos en apariencia, el mundo del bel canto.

 Lo curioso, por no decir contradictorio,  es que esta marca de la historia, el inusual gusto de un chico de barriada por la ópera y su anhelo de interpretarla, termina siendo, no un giro creativo del guion, sino más bien un elemento, algo forzado, que persigue, más que la credibilidad y la sostenibilidad  de la historia, imprimirle a la misma ese factor emotivo que tanto conmueve al público.

No sobresale entonces Mis hermanos y yo por la solidez o el ingenio de su guion; sobresale, entre otras virtudes que tiene,  por la destreza con la que maneja el componente de la emoción. Y no se trata, hay que resaltarlo, de un logro menor. Emocionar, como lo hace la película de Manca, tiene más, mucho más, que su gracia. En el cine el arte de emocionar está injustamente devaluado. Las razones son muchas pero sobresale entre estas, el impacto facilista de muchas películas que en lugar de verdaderamente emocionar – un emocionar entendido como el efecto anímico perdurable y profundo – se conforman con el mero y superficial estímulo del sentimiento.

Mis hermanos y yo logra emocionar pese a las fragilidades evidentes de su guion. La pregunta de si basta este logro emotivo para que la película que lo alcance pueda ser considerada una buena película, es harina de otro costal que me atrevo a cernir de la siguiente manera: si el emocionar con base en el cual se pretende rotular de buena una película es el resultado de bien amalgamar una serie de elementos como la caracterización de los personajes, la puesta en escena, la música y otros,  la película que lo consiga es una buena película así su historia no sea la mejor muestra de creatividad e ingenio. El cine termina siendo una cuestión de huellas y trazas y la emoción, el emocionar,  es el vehículo del que el cine se sirve para provocar esos efectos.

Sí, es cierto, quizás sea algo forzado, por no decir impostado, lo del chico de clase baja que sueña, desde su flacura casi famélica, con ser Pavarotti. Eso, en Mis hermanos y yo,  termina siendo adjetivo, insustancial. Lo importante y a lo que Manca le apuesta todas las fichas es a la posibilidad de desmarcarse del rebaño, de no ser uno más, de jugar en un campo distinto al que parecería ser el seguro, el asignado. Nour  vislumbra en su gusto por la ópera  una puerta de salida que bien pudo ser otra pero no cabe duda que la elegida es, al margen de toda discusión sobre gustos musicales, perfecta si de emocionar se trata. Cierro esta nota con   este video que así lo demuestra. https://youtu.be/pu7zWrIMV_g

 

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Dirección Distinta Mirada

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