Una divagación cinematográfica

mi pelicula olvidada 2Entre 1969 y 1973, en blanco y negro, vi por televisión una película que me marcó. ¡Gran cosa! En ese tiempo debí ver decenas. Por ejemplo La Mosca original. Oh, el terror que me produjeron los chillidos humanoides del engendro-mosca atrapado al final en la red de la araña, a los pies del policía protagonista! El punto es que esa película que digo haber visto, me marcó; tanto que hoy sufro aún por ella. Recuerdo un par de escenas, me quedó claro el tema y tengo una sensación general. Eso es todo.

Veamos: Unos “valientes caballeros” de diferentes personalidades y nacionalidades, “descomprimidos” mágicamente por un hechicero de unas estatuillas a las que habían sido reducidos por una bruja, acompañan a un pre-adolescente protagonista en una misión que olvidé totalmente. En el curso de la saga del héroe, los caballeros van muriendo víctimas de sus propias pasiones y defectos.

Una escena que recuerdo es la muerte-castigo del “caballero francés”, cuyo pecado –obvio!– es la sensualidad. Al entrar con el héroe a una aldea, son recibidos por un par de bellas doncellas. A pesar de las advertencias de otro caballero (creo que eran los últimos) lo seduce una de ellas en una choza. El caballero muy entusiasta, la besa en el cuello… Contraplano de la cara de la doncella, sus manos sobre los hombros del hombre… Súbitamente ella se transfigura, sus manos son garras, sólo hay colmillos en su boca y lo muerde… Él grita de dolor y agonía. Cuando entran los otros, la bruja se convierte en una araña que huye por la pared. Creo que el caballero sobrevive unos minutos, creo que el otro caballero es el que no prometía ser importante… Y esa es la primera escena.

Lo que de veras me preocupa, -y hasta ahora caigo en cuenta-, es por qué sólo recuerdo la muerte del francés. ¿O es la sensualidad tan obsesiva en mí que sólo eso registró mi inconsciente? Gravísimo, me parece.

Hay otra escena en mi memoria. Al final, cuando se supone que el muchachito ha terminado su misión con éxito, y mientras se lamenta por el sacrificio de los caballeros muertos, el hechicero se los muestra vivitos y coleando. Hay una explicación que tiene que ver con las estatuillas originales, -Deus Ex Machina muy oportuno- y hay final feliz. Ah! Y hay una espada especial y creo que un escudo también, que se le otorgan al inicio.

Y eso es todo con respecto a la película. Pero tengo la absoluta seguridad de que me encantó.

Aparte de lo anecdótico de todo esto, -y después de solicitar a los lectores muy encarecidamente me avisen si saben de qué película se trata pues muero por volverla a ver-, hay varias cosas que me han puesto a pensar desde que intenté agarrarme de estos recuerdos y reescribir la historia por el simple placer de darme contentillo. He meditado largamente en por qué me afectó tanto esta película, que a todas luces parece ser una clase B, un clásico viaje-del-héroe con equipo de súper amigos y talismanes y demás; ¿Sería tal vez la primera del género que vi en mi lejana infancia/pre-adolescencia? O sería tal vez una extraordinaria película? Lo dudo. Las doncellas eran preciosas, eso sí.

Lo otro es cómo funciona la memoria fílmica según el espectador. Aún hoy en día, mi archivo cinematográfico reúne de manera caótica la información de lo que veo. Poco esfuerzo hago por registrar metódica y sistemáticamente los datos que deberían considerarse “indispensables”. A veces solo recuerdo que es de Warner y con Charlize Theron y Will Smith. Otras veces sé, desde siempre, que es producida por Spielberg y ya. O que la dirigió J.J. Abrams, aunque no recuerde ni siquiera la trama. O que hay un tipo que se la pasa acostado en un sofá, completamente trabado (ah, sí… es Brad Pitt), y que el elenco más espectacular es el primero en morir y la pareja de protagonistas -que huye con un maletín lleno de algo valioso- me era totalmente desconocida y nada más. O que se trata de un Doctor que descubre cómo grabar eventos con todos los sentidos, y que al final queman el laboratorio. El Doctor era Christopher Walken. A ese no lo olvido jamás. De hecho, también está en la película del trabado Brad en el sofá, lo que me hace preguntarme, también, por qué vine a asociarlos justamente en esta divagación. Lo que nunca se borra de mi cabeza es si me divertí o no. Si lloré o me senté en el borde de la silla y cuánto grité, reí o advertí al personaje sobre los invisibles peligros que lo acechaban. Y estoy hablando de lo que me pasa tanto en The Avengers o Mama, o viendo Avatar en 3D, o Seven Pounds tres veces seguidas en DVD, con caja de pañuelos al lado. En eso no he cambiado desde cuando vi en estreno La Espada en la Piedra de Disney, por allá en los tempranos sesentas, o 2001 Odisea del Espacio con mi padre, en 1970. Tampoco olvido que la única película de la que me he salido fue una estafa que fui a ver ilusionado al viejo Aladino, -antes de hacerse XXX-, que anunciaban con Robert de Niro. El engendro fílmico resultó ser una hechiza edición de desarticulados roches de alguna película non finita con el Maestro, a la que añadieron de manera criminal una serie de escenas con desconocidos, en un fallido intento por montar una historia creíble de hora y media. ¡Miserables! Treinta y tantos años después me sigue sacando la piedra…

Todos estos ejemplos sueltos para decir que me siento un perfecto idiota cuando me plantean una seria discusión sobre el color en Kurosawa, la cuchara de Wells en Kane, los planos de la Cavanni o la cámara de la Wertmuller que, dicho sea de paso (excluyendo a Kurosawa y al Ciudadano, claro), intento olvidar por lo doloroso, sórdido y torturante de los recuerdos de adolescencia que me produjo ver Camorra, Pascalino Siete bellezas, y el frasco de sangre/mermelada del Portero de Noche. Soy cineasta de “veamos qué vemos, que hay descuento”, difícilmente recuerdo dónde queda Cinemanía, y creo que no he ido a un Cineclub desde el colegio. Eso no quiere decir que si me encuentro con películas extraordinarias en Avenida Chile (o en los DVD’s de descuento del ÉXITO), no las disfrute ni valore. Como la del tipo éste que hace a Hannibal ahora en TV, el danés, sueco… ¿cómo se llama? Esta película en la que es un profe re bacán y lo acusan de abuso de menores por una chiquita celosa, malvadísima ella… ¿Cómo es que es? Premiadísima, claro… Bueno, ni idea… Así es mi memoria.

Ahora bien: No. No soy discapacitado en paladar cinematográfico. No soy selecto, tal vez, o mejor aún, no discrimino porque sigo creyendo que uno va a cine a disfrutar el masaje emocional y/o estético, y no propiamente a recibir cátedra. Por supuesto, no soporto las malas películas, aunque nunca me salgo (me pateé Saló completica, de la que todo el mundo se salía), y les busco siempre algo que me justifique el gasto. Es posible que mi umbral de resistencia sea un poco menos cruel que el de los connoisseurs, que no me indigne ante una mala iluminación o con otras sutilezas de las que ni me doy cuenta por mirar a la actriz. Sin duda me salta a la vista si la historia es mala, si los actores están fuera de personaje, (de hecho, siendo esa mi profesión, adivino incluso si hicieron la película sólo para pagar la última demanda de alimentos), si el director es un novato pretensioso, hasta puedo deducir el plan de rodaje por las embarradas en continuidad.

Pero no sufro, no pontifico y, salvo que sirva para una conversación en transmilenio o en un café, al rato he olvidado la “ofensa”. Además he adquirido otra pasión que considero legalmente voyerista: Los Extra Features de los DVD’s. No me pierdo entrevista, documental, detrás de cámaras, escena eliminada, chiste o galería que vengan añadidos a la película. ¡Cómo he aprendido! Tanto, que ya me siento capaz de dirigir con la dulzura de Eastwood, de contratar a WETA, y de decir un discurso cortico cuando me gane el Oscar por mi tríptico de Vampiros, o por el remake de ese clásico del cine de los 60’s (o será de los 50’s?) sobre un muchachito y unas estatuillas de los unos caballeros como los del Rey Arturo.

 

Sobre El Autor

Alvaro García Trujillo

Colombiano, actor, percusionista y escritor por afición.

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